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LA ANSIEDAD DURANTE EL EMBARAZO Y EL PARTO
Publicado por Jorgeleal el 29/5/2009 (2404 lecturas)
LA ANSIEDAD DURANTE EL EMBARAZO Y EL PARTO



MARÍA ISABEL RESTREPO VÉLEZ
Trabajo de grado para optar al título de Psicóloga



UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
MEDELLÍN
2006

LA ANSIEDAD DURANTE EL EMBARAZO Y EL PARTO






Directora
GLORIA PATRICIA GARCÍA DE KAUSEL
Psicóloga




UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA
ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
MEDELLÍN
2006



AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer especialmente a Patricia García de Kausel, mi asesora, por toda su colaboración y apoyo; y a todas aquellas personas que también han estado a mi lado apoyándome.

CONTENIDO

INTRODUCIÓN
1. JUSTIFICACIÓN
2. SITUACIÓN TEÓRICA PROBLEMÁTICA
2.1 PREGUNTAS ORIENTADORAS
3. OBJETIVOS
3.1 OBJETIVO GENERAL
3.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS
4. MARCO DE REFERENCIA
4.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS
4.1.1 La condición femenina y la maternidad a través de la historia
4.2 ANTECEDENTES TEÓRICOS
4.2.1 La ansiedad
4.2.2 Aspectos generales del embarazo
4.2.3 Aspectos generales del parto
4.3 INVESTIGACIONES RECIENTES
4.3.1 Las mujeres con trastornos de ansiedad durante el embarazo
tienen un incremento del riesgo de síntomas depresivos postnatales
Intensos.
4.3.2 Cambios del estado de ánimo durante el embarazo y el
periodo postparto: Desarrollo de un modelo biopsicosocial.
4.3.3. La vinculación afectiva prenatal y la ansiedad durante los últimos
tres meses del embarazo en las madres y padres tempranos. Un estudio
preliminar.
4.3.4 La ansiedad materna esta relacionada con los partos prematuros
5. METODOLOGÍA
5.1 DESARROLLO PSICOSEXUAL Y MATERNIDAD
5.2 ANSIEDAD EN LOS TRES TRIMESTRES DE LA GESTACIÓN
5.2.1 Ansiedades del primer trimestre de gestación
5.2.2 Ansiedades del segundo trimestre de gestación
5.2.3 Ansiedades del tercer trimestre
5.3 ANSIEDADES DEL PARTO
5.4 FACTORES EXTERNOS QUE INCIDEN EN LA ANSIEDAD
EXPERIMENTADA POR LA GESTANTE
5.4.1 Situación familiar
5.4.2 Relación de pareja
5.4.3 Situación social
5.4.4 Cuerpo asistencial
5.5 TRASTORNOS
5.5.1 Abortos
5.5.2 Bajo peso al nacer
5.5.3 Parto prematuro
5.5.4 Hipertensión inducida por el embarazo
5.5.5 Preeclampsia
5.5.6 Eclampsia
5.5.7 Diabetes inducida por el embarazo
5.5.8 Hiperémesis gravídica
5.6 PSICOPROFILÁXIS OBSTÉTRICA
6.CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA

RESUMEN

Mediante la revisión bibliográfica del material elaborado acerca de la incidencia que tiene la ansiedad en el desarrollo de la gestación y el parto, se ha dado cuenta de los factores implicados en su acontecer durante esta etapa de la vida femenina, y la forma como se manifiesta, según la fuerza con que irrumpa, y las estrategias y elementos de afrontamiento que la persona posea, llegando a trastornar el desenvolvimiento de estas dos vivencias, o simplemente haciendo parte del proceso natural de reajuste que debe elaborarse a raíz del advenimiento de un hijo. Además, se ha hecho referencia a algunas propuestas en materia de prevención, fundamentadas en la posibilidad de que la gestante reciba apoyo social y cuente con espacios para elaborar su ansiedad, y darle forma a los contenidos inconscientes que afectan el sano desarrollo de la maternidad.

INTRODUCCIÓN

La ansiedad es un elemento que nos acompaña a través de nuestra vida, especialmente en aquellos momentos y etapas de mayor relevancia. Esta emoción incide de manera importante en el comportamiento humano y afecta el funcionamiento de nuestro organismo, dependiendo del grado de intensidad en que se manifiesta.
El presente trabajo tiene como finalidad indagar los factores que le ocasionan ansiedad a la mujer a través de la gestación y el parto, y su incidencia en el desarrollo de ambas experiencias, abordando no solo aquellos aspectos que pertenecen a su ambiente y sus vivencias cotidianas, sino también, y especialmente, aquellos de origen inconsciente relacionados con su historia y desarrollo personal, puesto que son los que de manera oculta pueden interferir en el adecuado desenvolvimiento de ambos procesos.
Con este propósito se realizó una revisión de los trabajos realizados por cinco psicoanalistas: Helene Deutsch; Marie Langer; Raquel Soifer; Maria Tereza Maldonado; y Mirta Videla, quienes han abordado la problemática del desarrollo femenino y su repercusión en la capacidad de la mujer para desplegar sus aspectos maternales y llevar a cabo la maternidad, otorgándole una gran relevancia a la ansiedad en dicho desarrollo. Estas autoras además, plantean propuestas a nivel psicoprofiláctico, con el fin de prevenir la emergencia de trastornos que deterioren la salud física y mental de la madre y su hijo.
La información recopilada acerca de la incidencia que la ansiedad tiene en el desenvolvimiento de la gestación y el parto, y la forma como ésta se manifiesta, aporta elementos fundamentales en planeación y ejecución de estrategias direccionadas a la promoción de la salud materno-infantil, y la prevención de trastornos en dicho grupo poblacional. Además puede servir como punto de partida para la realización de investigaciones al respecto, donde se tenga en cuenta el contexto social de la población colombiana y se indague el impacto de la ansiedad experimentada durante la gravidez y el parto en el desarrollo físico y mental del niño después de haber nacido.


1 JUSTIFICACIÓN


Es importante tener en cuenta que las personas adultas se forjan con la incidencia de sus condiciones de desarrollo físicas sociales y psicológicas. Por esto si se pretende que la sociedad esté constituida por personas saludables mental y físicamente con unas condiciones óptimas para alcanzar un nivel de vida social y productivo satisfactorio, debe dársele prioridad a la situación materno-infantil, implementando acciones en pro de su bienestar.

Videla1, comenta que las mujeres en edad fértil y los niños son una población especialmente vulnerable debido al requerimiento que presentan de una atención continua por los cambios que ocurren durante la gestación y los primeros años de vida del niño.

La mujer en proceso de gestación atraviesa un momento e suma importancia en su vida, considerado gracias a sus características como una etapa crítica. Maldonado2, comenta que la mujer experimenta un cambio de roles con su consecuente reestructuración de la identidad, se convierte de hija en madre cuando es primípara; se transforman las redes de comunicación y relación familiar con la espera y llegada del nuevo miembro, no es lo mismo ser madre de un hijo que de dos o más; hay un incremento en las responsabilidades que afecta el desenvolvimiento tanto de la relación de pareja como de los aspectos social y económico.
La gestación es una etapa de transición en la vida de la mujer, donde debe realizar un proceso de adaptación a la situación nueva que se le va presentando a
lo largo de la gravidez, y continúa modificándose incluso después de que el niño nace. Esto la hace vulnerable y necesitada de apoyo para poder atravesar su embarazo de manera enriquecedora y constructiva, y lograr establecer un buen vínculo con su hijo, del cual dependerá en gran medida el desarrollo físico y psicológico de la criatura.

Soifer3 plantea que mediante la psicoterapia se detectan “movimientos específicos de incremento de ansiedad durante el embarazo”, estos accesos de ansiedad como ella los llama tienen una duración de días a semanas y pueden ocasionar
desde las manifestaciones somáticas que comúnmente se asocian con la gestación hasta complicaciones graves de ésta.

Videla comenta al respecto:


La psicología de la mujer gestante es el resumen de la culminación de un proceso evolutivo que se inicia en el parto de su madre o sea su nacimiento.
Toda la problemática que la mujer ha vivido desde la infancia se reactiva durante los nueve meses de gestación, agregándose además, otros aspectos que son específicos del embarazo.
Por ser el embarazo un proceso fundamentalmente corporal y psicológico, nunca más que en este caso debemos llamarlo “una situación psicosomática de cambio” en la que el cuerpo y el psiquismo se imbrican dando origen a fenómenos que resultan muy difíciles de separar. (…). Los temores que pose la embrazada y también su marido, son de dos clases, uno los comunes que subyacen casi en la mayoría, y dos los personales y específicos de cada uno, según la situación personal vital que los justifica4.

Los sentimientos, expectativas y emociones que la gravidez moviliza generando ansiedad tienen incidencia tanto de material inconsciente como de aspectos relacionados con la situación histórica y actual de la grávida. Como Maldonado5 lo manifiesta debe tenerse presente la interacción de diferentes factores tales como la historia personal de la mujer; el contexto y condiciones en que la gravidez se ha presentado; las condiciones de desarrollo de la gestación, el contexto socio- económico en que se encuentra la gestante; y el contexto asistencial al que la mujer tiene acceso. Cada uno de estos aspectos al entrelazarse con los demás configura la vivencia de la gestante y los medios con los que la misma pueda afrontarla.

El estado psicológico de la mujer embarazada como se dijo anteriormente, incide en el desarrollo fisiológico de la gravidez, contribuyendo al buen funcionamiento del organismo o por el contrario alterando sus procesos y desencadenando complicaciones psicosomáticas en el desarrollo de la gestación y el parto, lo cual a su vez tendrá implicaciones en la configuración del vínculo materno-filial y afectará la crianza y el desarrollo del ser que nace.

De ahí que sea fundamental conocer los factores implicados en la vivencia de la gestante y la ansiedad que experimenta a lo largo de su embarazo y parto, los cuales pueden incidir en la aparición de trastornos que perturban la configuración de una maternidad sana, y son el punto de partida para desarrollar estrategias preventivas y promotoras en salud materno-infantil.
2 SITUACIÓN TEÓRICA PROBLEMÁTICA


2.1 PREGUNTAS ORIENTADORAS


¿Qué factores ocasionan ansiedad en la mujer gestante?
¿Cómo incide la ansiedad en el desarrollo de la gestación?
¿Qué implicaciones tiene la ansiedad en la salud de la gestante y el nonato?
¿Qué factores ocasionan ansiedad en la mujer durante el proceso de parto?
¿Cómo incide la ansiedad durante el proceso de parto?



3 OBJETIVOS


3.1 OBJETIVO GENERAL



Determinar cuáles factores inciden en la configuración de la ansiedad experimentada por la mujer durante la gestación y el parto.



3.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS



Conocer las implicaciones de la ansiedad e el desarrollo del proceso de gestación y parto.
Conocer la incidencia de la ansiedad en la salud de la mujer y el nonato durante el proceso de gestación.



4 MARCO DE REFERENCIA


4.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS



4.1.1 La condición femenina y la maternidad a través de la historia

La condición femenina y la maternidad no se encuentran definidas solamente por la historia de cada mujer y su desarrollo personal, ambos factores se imbrican y están atravesados por la biología; la cultura; la historia de cada grupo social; y sus condiciones socio–políticas; económicas; e ideológicas; por esto para poder tener una visión de lo que a través de la historia ha significado el hecho de ser mujer y madre, deben tomarse en cuenta todos los aspectos mencionados.

Del matriarcado al patriarcado

Pese a que durante mucho tiempo se consideró que el patriarcado siempre había existido, los estudios antropológicos descubrieron que en ciertas sociedades el desenvolvimiento social había girado en torno a la mujer. “Bachofen mantiene que el tipo original de la comunidad primitiva fue de un grupo de relaciones sanguíneas derivadas de la misma madre de la tribu”6.

Sin embargo el término matriarcado transmite una idea aún más compleja que la del grado de consanguinidad, “...la expresión griega empleada en muchos idiomas europeos, implica una idea mucho más vasta del principado o poder femenino, no sólo jurídico o incluso político, sino también de valoración general, prestigio, etc.”7

Sagrera 8comenta que el hombre primitivo al comienzo no asociaba el acto sexual con la gestación y la posterior llegada de los hijos, esto se explica porque en ese entonces no se tenía un conocimiento matemático y no se sabía contar, lo cual impedía que se hiciera dicha asociación de hechos. Por esta razón se le atribuían causas míticas a los fenómenos concernientes a la procreación y no se reconocía el papel masculino en ésta, su intervención era atribuida a divinidades, animales o antepasados.

De este modo el padre no existía, no era un elemento conocido, así que los vínculos familiares estaban distribuidos de forma muy diferente:


Al no existir el padre no existía el plano horizontal constituido por el matrimonio, sino sólo el vertical entre madre e hijos (y, subsidiariamente el horizontal constituido por los hermanos y hermanas de la misma madre (...).
La mujer, madre, era el único centro posible de la vida social; a ella pertenecían con derecho exclusivo los hijos que al parecer ella sola engendraba, ejerciendo sobre ellos la más completa “matria potestas” siendo la única fecunda, ya que el hombre es, según esta concepción, y “dicho sea con respeto, un animal infecundo” (Nietzche), a ella se referían todas las cosas valiosas.9


Este orden fue destituido con la llegada del sedentarismo y la agricultura, que promovieron el desarrollo de las matemáticas y la comprensión de los ciclos de la naturaleza, lo cual reveló el papel masculino en la reproducción humana. Teniendo en cuenta su participación en este hecho los hombres, mediante el desarrollo intelectual se tomaron el poder.


El dominio unilateral del hombre tuvo, pues, parcialmente como causa y plenamente como efecto un predominio de los valores intelectuales. (...) Lo mismo se diga del progreso más palpablemente tal, más acumulativo, es decir, el técnico-científico, que evidentemente se encontraba favorecido por esa capacidad de abstracción de la inteligencia que abría sin cesar nuevos caminos. Esa represión del sexo hasta el puritanismo, esa exaltación de la inteligencia hasta la idolatría de la diosa razón, esa identificación total y ciega con el progreso tuvo su clímax, con pequeñas variaciones según los distintos aspectos y países en la Europa del siglo XVIII10.


De la indiferencia al cuidado maternal

El desempeño de la mujer como tal y como madre atravesado por el patriarcado, ha recibido la influencia de la cultura y las condiciones socioeconómicas de cada época y capa social, y se ha ido transformando a través del devenir histórico. Maldonado11 comenta que en la Europa del siglo XVI, se acostumbraba delegar el cuidado de los hijos, especialmente los recién nacidos y niños pequeños a un ama de leche, la cual asumía las funciones maternales para el pequeño durante sus primeros años de vida. Esta costumbre se llevaba a cabo dependiendo de la clase social a la que se pertenecía. Las familias con mayor poder económico contrataban a la mujer que se encargaría del pequeño para que viviera con la familia de éste, mientras que en las clases sociales menos favorecidas se acostumbraba enviar el niño durante su primera infancia a vivir en la casa del ama de leche, la cual por lo general se encontraba bastante retirada de donde vivía la familia del pequeño.

La autora dice además que en aquella época había un gran índice de mortalidad infantil, esto se debía por una parte a las condiciones antihigiénicas e inadecuadas que se tenían para los cuidados de los bebes y niños, y además, a que por causa de la reforma protestante, y la contra reforma católica, las condiciones de las madres con hijos ilegítimos, que en la edad media eran un caso común ante el cual no se desencadenaba problema alguno, se convirtieron en graves e intolerantes hasta el punto de llevar a éstas a recurrir al aborto, el abandono y el infanticidio.

La autora también comenta que hasta el siglo XVIII había una maternidad indiferente, pero a partir de allí comenzó a delegarse una gran importancia en la función materna, puesto que la madre se convirtió en la primera educadora, y transmisora de fundamentos religiosos. El niño era considerado como tal hasta los siete años de edad durante los cuales debía permanecer junto a su madre, posteriormente, el individuo pasaba a pertenecer al mundo de los adultos.

Al finalizar este siglo la figura materna había ido adquiriendo cada vez mayor importancia, la cual se había afianzado a través de los discursos filosófico, médico y político, el amor materno se torna en un elemento fundamental para la familia y el descuido de la madre en el cuidado de sus hijos se considera un crimen.

Pese a que hasta finales del siglo XIX se continuó llevando a cabo la costumbre del ama de leche en las familias más adineradas, la función social de la madre se acrecentó debido a los cambios sociales y políticos de la época que llevaron al hombre a desempañarse cada vez más fuera del hogar.

La medicina incursiona cada vez más en los procesos fisiológicos concernientes a la anatomía femenina y la gestación, especialmente al surgir la obstetricia como especialidad en 1806, convirtiéndose las características de la fisionomía femenina, en la base del supuesto por el cual la mujer fue considerada durante años destinada a la procreación y las funciones maternales.

A través de la ciencia logra dilucidarse el proceso de la fecundación, descubriéndose que el placer sexual de la mujer no incidía en que esta pudiera o no ser fecundada. Los médicos llegan a considerar incluso que la mujer frígida tiene mayores posibilidades de embarazarse, pues su quietud posibilita que retenga mejor el esperma, es decir, el placer sexual femenino pasa de ser promovido y valorado a ser negado, acentuándose la represión sexual y la dicotomía entre mujer – madre, y mujer – femenina.

La dicotomía entre mujer y madre

Respecto a la división en la concepción entre mujer - madre y mujer – femenina, Maldonado12 comenta que la religión ha sido uno de los factores más influyentes. La tradición cristiana ha tenido un gran peso a través de la historia en el concepto de la mujer y la madre, separando la visión de ambas nociones que como se mencionó anteriormente se encuentran imbricadas. La autora resalta el hecho de que Eva, al representar a la mujer erótica, no es tomada en cuenta como símbolo de maternidad; y por el contrario es asociada con la idea del pecado y el castigo que por éste ha de recibirse, ella simboliza los aspectos negativos del ser femenino; mientras que por el contrario María, la madre de Jesús y representante de la maternidad, es despojada de su condición de ser sexual, y convertida en la representación de la pureza y la castidad, simbolizando así mismo cualidades que han sido catalogadas como femeninas, tales como la obediencia, la humildad y la caridad. La autora considera importante también tener en cuenta que en algunos siglos la fertilidad ha sido considerada como bendición divina, y la esterilidad como un castigo de la misma índole.

Pero no solo la religión ha marcado la pauta para que la mujer se encuentre restringida a ciertas funciones y se le haya negado la posibilidad de ser considerada y desenvolverse como un ser total, la misma ciencia y los preceptos ideológicos también han influido en esto.


Las religiones marcaron en la humanidad un derrotero que no haría más que aumentar los daños producidos en el erotismo de la mujer. El Génesis lo dice claramente: Dios expulsa a Eva del paraíso y la condena a dolores, partos innumerables, dolores de parto, deseo no satisfecho y sometimiento al hombre. Siglos más tarde y a pesar de toda la vida transcurrida, de todo el valor que para el ser humano tuvo el descubrimiento del inconsciente, Freud habría de crear una teoría respecto de la sexualidad de la mujer que seguiría casi al pie de la letra la condena bíblica. Leemos así en sus obras conceptos que describen “al ser humano como básicamente bisexual y a la mujer como un ser biológico, cultural y socialmente inferior ya que solo podrá sobresalir en la medida que desarrolle de sí sus capacidades masculinas, que son las superiores”. El masoquismo, la tendencia a buscar ser agredida sexualmente, su búsqueda de dolor, según estas teorías, forman parte de la esencia femenina13.


Sin embargo, la misma ciencia se ha encargado de liberar a la mujer de las cargas que le ha impuesto con anterioridad mediante nuevos estudios y descubrimientos, y la mujer a través de la lucha por sus derechos y por llevar a cabo sus deseos e intereses para desarrollarse como persona, a logrado poco a poco demostrar de lo que es capaz, y que muchas de las diferencias demarcadas culturalmente entre ella y el hombre, no pasan de ser preceptos culturales sujetos al cambio que conlleva el devenir de la historia.

Con esto no quiere decirse que el hombre y la mujer sean iguales, es importante tener en cuenta que ambos poseen diferencias, tanto anatómicas como psicológicas. “Existe una constitucionalidad diferente e inherente para cada sexo, una complementariedad de dos seres que no son opuestos sino precisamente complementarios, rasgo éste que no implica el modelo de “opresor oprimido” ni tampoco “superior e inferior”, ya que esto significa partes en oposición pero jamás en imbricación”14.


Durante siglos se supuso que las mujeres estaban más alienadas por la naturaleza que los hombres, aunque solo fuese por su función maternal. Las referencias a su fisiología presentaban una tal amplitud, con representaciones mitológicas e ideológicas de tal autoridad, que lograban disimular los aspectos económicos y socio – culturales y sus mecanismos de dominación.
Fueron precisamente las fuerzas de la naturaleza quienes sin pretenderlo, por sus descubrimientos, desarticularon poco a poco ese sistema de explicación y plantearon la problemática de la mujer en relación con el hombre, proporcionándole a ésta instrumentos eficaces que permitieran su desalineación respecto de la naturaleza. 15


Videla, menciona al respecto, el descubrimiento del óvulo en las hembras mamíferos que se efectuó a finales del siglo XVII, posibilitando, desmentir la afirmación de que la mujer era solamente una receptora pasiva del esperma masculino, otorgándole valor a su papel en el proceso de la concepción y equilibrando la intervención de ambos miembros de la pareja en el mismo.
La genética también hizo su aporte al comienzo del siglo XX con el descubrimiento de los cromosomas sexuales y su implicación en la determinación del sexo, permitiendo a la mujer librarse de la responsabilidad que se le adjudicaba acerca del sexo con el que nacieran sus hijos.

La autora también menciona la importancia del descubrimiento de los periodos de fecundidad e infecundidad femenina, al separar la concepción del placer sexual, lo cual sumado al descubrimiento de los métodos anticonceptivos, le brindó una mayor libertad para disfrutar de las relaciones sexuales.

Además, los avances en las prácticas obstétricas, ginecológicas y en la medicina general, han permitido la disminución de las muertes durante el embarazo y el parto, tanto de las madres como de sus hijos.

Transformación de las labores masculinas y femeninas

Langer16 comenta que durante siglos y mediante el patriarcado la mujer tuvo sus funciones como tal bien delimitadas en la sociedad y al lado del hombre. Pero la revolución industrial acabó con este equilibrio, trayendo consigo grandes cambios ideológicos y prácticos. Estos cambios fueron desenvolviéndose poco a poco y en diferentes grados de acuerdo con cada capa social y lugar en el mundo.

Según la autora el primer impacto lo recibieron las familias de los artesanos y campesinos, que constituían las clases menos favorecidas económicamente. Hasta el momento la mano de obra artesanal y el trabajo en la agricultura habían involucrado a la mujer, quien además de colaborar con dichas labores también tenía a su cargo los niños y los quehaceres domésticos, pero con la llegada de la industria y el empleo de maquinaria en los procesos la situación laboral de estas familias dio un giro.

En las familias de artesanos, para poder seguir obteniendo el sustento tanto el hombre como la mujer debieron emplearse en las fábricas. La mujer ahora no sólo tenía que atender sus obligaciones laborales sino que además debía encargarse del hogar y los hijos, estos, que anteriormente pronto se convertían en una mano de obra más y por lo tanto una ayuda para la familia, ahora pasaban a ser otra carga para la mujer, que cansada de trabajar, debía ocuparse también de ellos.


En el campo, los cambios ocurrieron mucho más tardíamente y de dos maneras: primero, la migración de la población campesina a los grandes centros urbanos, que sigue también en la actualidad. Esta trae consigo para el grupo familiar todo el problema del desarraigo, de las villas de miseria, de la prostitución, y de los hijos ilegítimos, etc. Y, segundo, principalmente en los países de, mayor industrialización, también el trabajo rural se industrializa siempre más y más, asemejando la situación de la familia del campesino a la del obrero.17


Como se había mencionado las clases media y alta no se vieron inmediatamente afectadas por la industrialización del trabajo, su situación comenzó a cambiar a partir de la primera guerra mundial, puesto que los hombres se vieron obligados a partir del hogar, y las mujeres se vieron impulsadas a realizar labores anteriormente impensables para ellas, quienes habían estado supeditadas a desempeñarse en sus hogares y a la dependencia socioeconómica masculina.


La mujer de la clase media de 1914 respondió con tanto entusiasmo al llamado de las autoridades a abandonar su hogar y empezar a trabajar, no únicamente por patriotismo, sino por estar disponible psicológica y materialmente. Su madre, en su época, ocupada por numerosos embarazos y la crianza difícil de muchos hijos, no habría sido así. Pero ella, la mujer de principios de siglo, tenía un número reducido de hijos y se sentía desperdiciada en su hogar vacío. Los progresos de la medicina habían reducido la mortalidad infantil y ponían a disposición de la pareja métodos anticoncepcionales eficaces, y hasta el aborto realizable ya sin mayores riesgos físicos y legales. La declinación de la influencia religiosa característica de las primeras décadas [del siglo XX], facilitaba este proceso, como también el auge del marxismo, heredero del lema de igualdad de la revolución francesa18.


La autora comenta que al regresar los hombres de la guerra encontraron una mujer transformada, no solo en cuanto a su aspecto físico, sino respecto a sus ideales y formas de pensar y proceder, que había logrado adquirir una gran independencia, y descubierto en sí misma un abanico de capacidades y posibilidades para desarrollarse como persona, había ocurrido un cambio irreversible.

Sin embargo desde el siglo XIX las mujeres habían comenzado a demostrar sus capacidades para desempeñarse en funciones que antes les estaban negadas. Habían luchado por incursionar en diferentes campos, comenzando poco a poco pero con perseverancia, aprovechando inicialmente los cambios que ocurrían en la estructura social y los intereses humanitarios de la época.


Debido, presumiblemente, al carácter sentimental de la obra filantrópica y la ausencia de un provecho pecuniario consecuente, no era “impropio” que las mujeres de posición se ocuparan de actividades caritativas, y muy pronto encontramos a las damas de alcurnia dirigiendo organizaciones de beneficencia, trabajando a favor de la reforma carcelaria, cobrando alquileres en los barrios bajos del East End de Londres, embarcándose en la propaganda a favor de la abolición de la esclavitud, contra la crueldad con los niños, el alcoholismo y la prostitución y en defensa de la emancipación femenina. La historia social del siglo XIX abunda en mujeres que abrieron caminos en todos los campos de la reforma social. (...) Toda esa obra ayudó a demostrar primordialmente la capacidad de la mujer para organizar, investigar y realizar toda suerte de tareas administrativas e intelectuales; y creó además un nuevo tipo femenino, distinto del ideal dominante en la época victoriana: la esposa sumisa y “respetable”, cuya esfera de actividades e intereses se hallaba circunscrita a la tríada iglesia, hijos, cocina.19


Klein20 comenta que otro factor a favor de la incursión de la mujer en diferentes actividades laborales durante el siglo XIX fue la necesidad de encontrar sus propios recursos para subsistir. La revolución industrial trajo consigo un gran cambio no solo en cuanto a las condiciones laborales, sino también respecto a los ideales de ser.

En la edad media las mujeres que no podían asegurar su futuro mediante el matrimonio encontraban mayores posibilidades para subsistir dignamente por sí mismas, además de la existencia de instituciones donde podían encontrar un techo y alimentación, había ciertos oficios remunerados a los que podían recurrir relacionados con actividades como la costura y el bordado; las ventas; la enfermería, la atención de partos, acompañando los ejércitos cruzados; en las tabernas; las cárceles; como criadas, entre otros.

Pero en el siglo XIX las condiciones de vida se habían transformado y para aquellas que no contraían matrimonio ya no era suficiente saber francés, música, baile, dibujo, costura, y desplegar sus encantos femeninos, aquellos elementos no alcanzaban ya para conseguir un trabajo remunerado. “La exigencia no sólo de una mejor educación general, sino también de la preparación especial capaz de habilitar a la mujer para seguir carreras independientes, tuvo su origen en la necesidad práctica de no tener que contar tan sólo con los encantos femeninos para labrarse un porvenir”21.


[Al finalizar el siglo XIX los derechos adquiridos por la mujer eran cada vez mayores]. Fue gradualmente admitida en la enseñanza secundaria y universitaria; las leyes de propiedad fueron reformadas en su favor; las de matrimonio y divorcio fueron alteradas con el propósito de mejorar su situación;(...) y se le otorgó el voto, primero sólo en las elecciones municipales y más tarde en forma absoluta, al término de la primera guerra mundial.
El desarrollo fue, si no simultáneo, más o menos igual en casi todos los países europeos y en América - excepto en los países católicos como Francia, Italia y España.22


Como se había mencionado, fue la primera guerra mundial el factor que mayores cambios trajo a favor de la independencia femenina y la apertura para la mujer en diferentes campos de acción. A partir de allí ésta continuó abriéndose camino en la lucha por una sociedad con mayor igualdad entre los sexos, y por adecuarse con el hombre a las consecuencias que tanto para él como para sí misma dicha situación conlleva, puesto que al transformarse los ideales de feminidad y masculinidad se desequilibraron los patrones a través de los que durante años se había configurado la relación hombre – mujer.

Langer plantea que el prejuicio de inferioridad mediante el que se mantuvo a la mujer subordinada al hombre por tanto tiempo,[y que continúa en la actualidad en algunas culturas] era lo que mantenía la estabilidad social. “Delimitaba los campos de acción de ambos sexos, y aunque perjudicaba a la mujer, también facilitaba a cada sexo sentirse seguro dentro de su papel estrictamente definido. (...)Tanto el hombre como la mujer empezaron a sentirse inseguros, a dudar de sus derechos y deberes en el status de nuestra sociedad cambiante”23.

La antropología a permitido descubrir que las características de lo que ha sido considerado como femenino o masculino dependen de la cultura. Así lo corroboran los estudios realizados por Margaret Mead, quien se aventuró a indagar sobre las cualidades realmente femeninas y masculinas, a través del estudio de tres sociedades primitivas ubicadas en Nueva Guinea. “Llegó a la conclusión, desconcertante para ella misma, de que nuestro concepto al respecto es la resultante de nuestra propia cultura, y que para citarla literalmente “muchos sino todos, de los rasgos de personalidad que llamamos femeninos y masculinos se hallan débilmente unidos al sexo”24”25.El motivo que llevó a Mead a realizar esa investigación fue precisamente la confusión en cuanto al papel de los sexos en los Estados Unidos.


La confusión en los Estados Unidos, [y podría decirse que en la cultura accidental en general], proviene de que la forma de vida real ha entrado en discrepancia con las normas que todavía rigen los conceptos e ideales sobre lo que tendría que ser la forma de vida de los sexos. Frente al hecho de la igualdad en todos los terrenos los hombres se sienten humillados, temiendo perder su virilidad si pierden su predominio social sobre la mujer. Ésta, a su vez, se siente virilizada y usurpadora en su nuevo papel de mujer independiente que se gana la vida, rivaliza en muchos terrenos con el hombre y a menudo sostiene su hogar26.


El problema de la mujer actual radica entonces en lograr integrar sus expectativas como persona y profesional, con su vida en el hogar. La mujer ya no tiene como antaño determinado su destino, ahora se le presentan un abanico de posibilidades, pero esto le implica grandes esfuerzos para poder coordinar su condición de mujer sexuada, con el desempeño laboral y la maternidad.



4.2 ANTECEDENTES TEÓRICOS



4.2.1 La ansiedad

La ansiedad es un fenómeno humano que no se supedita a la patología mental, “es una emoción humana fundamental que fue reconocida desde hace unos 5000 años. Todos la han experimentado y seguiremos experimentándola durante nuestras vidas. Muchos observadores consideran esta como una condición básica de la existencia moderna”.27

La ansiedad desde el punto de vista Freudiano

Coderch28, plantea que en un primer momento Freud consideró la ansiedad como una consecuencia del bloqueo de la descarga libidinal, pero posteriormente en “Inhibición Síntoma y Angustia”, sin abandonar totalmente su idea anterior, considera este fenómeno como un indicador de sufrimiento para el yo del individuo, sufrimiento que el sujeto ha de padecer debido al displacer que ocasiona la insatisfacción de los impulsos, cuando su yo no cumple efectivamente con la función de “gestionar los recursos y disponibilidades del organismo”. De esta manera la ansiedad es un fenómeno intrapsíquico, puesto que el peligro al que hace referencia es interno.

Menciona también que en los casos donde el displacer es físico ocasionado por un estímulo que el yo no se encuentra en capacidad de eliminar, tanto la situación como la ansiedad que esta genera son consideradas traumáticas. Estas situaciones se presentan desde la primera infancia cuando el bebe no tiene aún herramientas que le permitan evitarlas, (como la sensación de hambre, frío, o la necesidad de afecto entre otras), y el objeto madre o su sustituto no ejecuta una respuesta satisfactoria que evite el displacer.

En cuanto el yo del sujeto madura, este aprende a distinguirlas y siente ansiedad frente a la posibilidad de vivenciarlas, esta “ansiedad de alarma” lo incita a evitar o alejarse de la causa de displacer y ansiedad. La ansiedad de alarma puede presentarse en el infante no solo por la ausencia o el enojo del objeto del que el bebe depende para satisfacer sus necesidades, sino también por factores relacionados con la situación edípica. “Dada la estrecha vinculación de los impulsos eróticos y destructivos de la vinculación edípica con los órganos genitales - puesto que se desea la unión genital con uno y otro de los progenitores y la eliminación del progenitor sentido como rival frente a cada pulsión – se teme, en consecuencia, que el castigo se dirigirá hacia los órganos genitales”29, A dicho temor Freud lo nombró ansiedad de castración. Otro aspecto que puede activar la ansiedad de alarma es la condición punitiva del super yo, el cual se configura a partir de la introyección de los aspectos prohibitivos de los objetos a través de la educación.

Pese a que el individuo crece y madura convirtiéndose en un ser independiente y capaz de procurarse a sí mismo la satisfacción de sus necesidades, en el inconsciente se conservan los patrones de las primeras relaciones de objeto. Por esta razón el individuo adulto puede tener la sensación de ansiedad sin lograr determinar la causa de ésta, dado que la misma pertenece a sus contenidos inconscientes.

Freud entonces, según Carver y Sheler30, consideró tres tipos de ansiedad. La ansiedad de realidad, fundamentada en un peligro objetivamente real y que da lugar a la configuración de las demás ansiedades; la ansiedad neurótica, que se refiere al temor del individuo a ser castigado si se deja llevar por sus impulsos elloicos cometiendo actos socialmente desaprobados; y la ansiedad moral, relacionada con el control ejercido por el super yo, es la culpa o vergüenza experimentada por el sujeto frente a la tentación de transgredir sus propios preceptos morales.

La ansiedad y las relaciones de objeto

los planteamientos Freudianos acerca de la ansiedad, encuentran relación con lo desarrollado por autoras como Melanie Klein, Karen Horney, y Margaret Mahler, en sus planteamientos acerca de las relaciones de objeto. “...La ansiedad tanto por sus orígenes como por los caminos que puede ser anulada, se halla estrechamente vinculada con las vicisitudes de las relaciones de objeto. Consecuentemente, el estudio de la ansiedad se encuentra totalmente superpuesto con el estudio de las relaciones”31.

Según Coderch32, al hablar de relaciones de objeto no se hace referencia a las relaciones del individuo con otras personas en el medio externo, sino a estructuras intrapsíquicas cuyo fundamento se encuentra en la representación mental del self y del objeto, y que se expresan en la forma como la persona interactúa con el medio y los demás. Dicha estructura es lo que se manifiesta en todas las relaciones interpersonales. Como lo expresa el autor: “<> de las relaciones objetales modula, en forma decisiva el trato del sujeto con los otros en el <>.

Melanie Klein: es una de las exponentes más destacadas de esta teoría, quien partió de los conceptos freudianos,( donde Freud “nos muestra con límpida claridad que el núcleo básico cuyo desenvolvimiento señala aquello que ha de ser la personalidad, se forma a partir de las primeras relaciones del bebe con sus objetos”33), para elaborar sus propias consideraciones y posturas teóricas a través de la observación de sus pacientes.

Los aportes teóricos expuestos por Melanie Klein acerca del desarrollo temprano del yo del bebe, donde cobra protagonismo la relación de éste con su madre como primer objeto con el que se vincula, ilustra la importancia de la ansiedad en la configuración y organización de la estructura psíquica humana, y cómo dicho fenómeno se encuentra presente desde el nacimiento. Por otra parte también aquí puede evidenciarse el vínculo de la ansiedad con el temor al castigo y a la pérdida de la relación con el otro.


De acuerdo con los hallazgos de esta autora, corroborados por los continuadores de su escuela, sabemos que la primera situación de ansiedad se manifiesta en los comienzos de la vida a causa el peligro que para el organismo representa la pulsión de muerte. Es decir, el yo primitivo experimenta la presencia de la pulsión de muerte como un peligro de la aniquilación del organismo, y este peligro es el que da lugar a la ansiedad y el que fuerza al yo a proyectar tal pulsión hacia el exterior. Dado que la pulsión de muerte o destructiva, lo mismo que su antagonista, la pulsión de vida o erótica, persiste durante toda la vida, la ansiedad provocada por ella puede presentarse, de una u otra forma, en cualquier momento de la existencia.
La división fundamental de las pulsiones en pulsión de muerte o destructiva, y pulsión de vida o erótica fue descrita por vez primera por Freud en más allá del principio del placer (1920) y continuada en otros trabajos como el yo y el ello (1923), el problema económico del masoquismo (1924),etc.34


Coderch35 comenta entonces que para defenderse del sentimiento de aniquilación que la pulsión de muerte le genera, el bebe la proyecta en el exterior, y allí comienza todo un proceso al cual Klein denomino la teoría de las posiciones, constituida por la posición depresiva y la posición paranoide. Cada una de las posiciones atravesadas por el bebe presenta un tipo específico de ansiedad.

La ansiedad característica de la primera posición es la ansiedad de tipo paranoide ,o persecutoria, puesto que el bebe teme que los objetos externos de los que depende y con los que se relaciona, y sus objetos internos, producto de la interiorización que él ha hecho de los externos, lo dañen o destruyan.

Como se había mencionado, el niño proyecta en el exterior la pulsión de muerte al sentir que puede destruirlo, pero luego vuelve a internalizarla, porque al encontrarse ésta afuera a matizado el medio con su agresividad.


Con esto, la situación de peligro se acrecienta y con ella la ansiedad, con el consiguiente aumento de la necesidad de desviar de nuevo tal pulsión de muerte hacia los objetos externos, en un continuado flujo y reflujo, una constante interacción entre proyección e introyección. Por tanto, los peligros externos y los peligros internos se intercambian y alternan sin cesar. Los peligros externos son introyectados y se sienten como actuando en el interior, al tiempo que la agresividad es proyectada y se experimenta como proveniente de los objetos externos. (...)
El concepto de ansiedad persecutoria no se contradice con los expuesto anteriormente acerca de las situaciones productoras de ansiedad, ya que aquéllas [hacían referencia] a la ausencia del objeto, la falta de amor del objeto, y la amenaza de castigo por parte del objeto, y todo ello es lo que acaece, en la mente del bebe, a consecuencia de la proyección de la pulsión de muerte y de los ataques fantaseados contra el objeto. En estas condiciones este desaparece como objeto benéfico y suministrador de vida, para transformarse en un objeto hostil, peligroso, que ataca y agrede con la misma fuerza con la que ha sido maltratado.36


El niño teme porque al haber vertido su agresividad en el objeto externo y haberle hecho daño, este podrá vengarse y tratar de dañarlo a él. Además también teme por el bienestar del objeto bueno, el cual se encuentra disociado del malo, y al que trata de proteger tanto de éste como de su propia agresividad.

Según Segal37, para poder resolver la posición esquizo-paranoide, el niño emplea como mecanismos de defensa la disociación, la proyección, la identificación proyectiva, la introyección, la negación y la idealización, los cuales no solo le sirven para tolerar la ansiedad y elaborar las experiencias, sino que hacen parte del proceso de crecimiento y en una grado de utilización no excesivo promueven el desarrollo de las habilidades mentales.


Aún cuando la posición esquizo-paranoide predomina durante los cuatro o cinco primeros meses de vida, el concepto de posición no es superponible al de una fase del desarrollo, sino que, como acabo de decir, sirve para caracterizar un conjunto de sentimientos y actividades mentales que se presentan agrupados y que dan lugar a un determinado tipo de relaciones de objeto. Pese a que una posición haya sido superada para dar paso al predominio de otra pauta de relaciones de objeto, es decir a otra posición, determinadas circunstancias, externas o internas, pueden reactivar de nuevo la posición ya excedida Si las sucesivas experiencias son vividas de forma que se produzca una mejor conjunción de las ansiedades psíquicas, será posible acceder otra vez a un predominio de la posición correspondiente a un mayor grado de evolución y madurez mentales.38


En la medida que el bebe va logrando elaborar las ansiedades, puede comenzar a integrar tanto a los objetos externos, como a su yo, encontrándose en capacidad de reconocer que el objeto frustrante contra el que ha descargado su agresividad, y aquel que por el contrario lo ha gratificado y ha sido objeto de su amor, son uno solo que se comporta de forma diferente en ocasiones.


El yo se identifica repetidamente con el objeto ideal, adquiriendo así mayor fuerza y mayor capacidad para enfrentarse con ansiedades sin recurrir a violentos mecanismos de defensa. Disminuye el miedo a los perseguidores y disminuye también la escisión entre objetos persecutorios e ideales. Se permite a ambos que se aproximen más y esto los prepara para la integración. Simultáneamente a medida que el yo se siente más fuerte y con mayor afluencia de la libido, va disminuyendo la escisión dentro del yo. Su relación con el objeto ideal es más estrecha, le asusta menos su propia agresión y la ansiedad que esta le provoca, sus partes buenas y malas pueden entrar en mayor contacto. (...) De esta manera el yo se prepara para integrar sus objetos, para integrarse él mismo, y por la disminución de los mecanismos de proyectivos, distingue cada vez mejor entre los que es yo y los que es objeto.39


Coderch,40 comenta que al percatarse de que ha odiado y amado a un mismo objeto, surge la preocupación por el bienestar del mismo, pues al haber dirigido hacia él tanto las pulsiones libidinosas, como las agresivas, pudo habérsele ocasionado algún daño. Así el bebe pasa de la posición esquizo paranoide, a la posición depresiva, donde experimenta ansiedad de la misma índole. La ansiedad paranoide hacía referencia al temor del individuo por su propio ser, por la posibilidad de ser aniquilado, mientras que ahora, en la ansiedad depresiva, el temor se refiere a la pérdida del objeto, a la posibilidad de haberlo dañado.

La autora41 también manifiesta que al sentir amenazado por el daño el objeto bueno externo, el niño teme que las partes internalizadas de éste también se encuentren en peligro. Esto genera una ansiedad aún mayor, dado que a diferencia del objeto externo con el cual el pequeño puede interactuar y así comprobar indemne, no puede ver el objeto interno para saber cómo se encuentra. Sin embargo la ansiedad puede apaciguarse paulatinamente a medida que el pequeño interioriza las imágenes buenas de sus padres, que percibe de las experiencias amorosas y gratificantes con éstos. De este modo las percepciones hostiles que se tenían de los objetos externos van disminuyendo, por lo que también disminuye la proyección de pulsiones destructivas y por ende el temor a la venganza o castigo por el daño ocasionado, esto permite que el pequeño cada vez tenga unas imagos paternas más integradas y acordes con la realidad.
Además, durante este proceso las ansiedades del bebe fluctúan entre lo depresivo y lo paranoide, puesto que el niño atraviesa momentos de mayor y menor integración. En los momentos donde la amenaza experimentada es mayor, opera la disociación y la ansiedad vivida es de tipo paranoide. Pero cuando esta se apacigua el pequeño puede acercar o integrar más a sus objetos buenos y malos en uno, y sentir preocupación por ellos, experienciando ansiedad de tipo depresivo.


Progresivamente estos momentos irán aumentando en estabilidad y duración hasta que, si las ansiedades paranoides son, como antes he mencionado, sucesivamente suavizadas a través de la repetida introyección de las experiencias de amor y satisfacción, se instala, de manera predominante, la tristeza por el daño ocasionado al objeto y el cuidado y celo por éste. Estos últimos sentimientos, propios de la ansiedad depresiva, estimulan la tendencia a reparar al objeto, es decir a resarcirle del mal que se le puede haber ocasionado, devolviéndole el amor que de él se ha recibido así como a reconstruir el deterioro originado tanto en el objeto real externo como en el internalizado.42


La autora43 también afirma que este proceso ocurre durante la segunda mitad del primer año de vida de niño, y si él logra finalizar esta fase de su desarrollo pudiendo integrar sus objetos e integrarse así mismo, al disminuir el temor y la culpa por la destrucción, gracias a la relación satisfactoria con éstos, el objeto integrado en el self, lo proveerá de los elementos de identificación necesarios para la configuración del yo, y será un elemento de apoyo, que le permitirá sentirse seguro y respetarse a sí mismo y a las demás personas.


Karen Horney: también le adjudicó una gran importancia a la ansiedad durante el desarrollo del individuo en la configuración de la personalidad, pero a diferencia de Freud y Klein, le adjudicó una etiología extrínseca, para esta autora la ansiedad parte de la relación del individuo con las demás personas. “Horney (1937, 1945) afirmaba que desde la niñez la gente sufre un sentimiento de inseguridad al que denominó ansiedad básica -el sentimiento de ser abandonado por los padres, de quedarse solo y abandonado en un mundo hostil.”44 Este sentimiento surge cuando las relaciones con las demás personas, especialmente con las figuras parentales en la infancia, no son sólidas y seguras, y se acrecienta cuanto más inseguridad haya en las mismas.

Engler45 comenta al respecto que Horney a diferencia de Freud, consideraba que el niño no le teme únicamente a sus propios impulsos y al castigo que estos podrían ocasionarle, sino también a la hostilidad del ambiente, que es concebido como amenazante. Cuando los cuidados y las necesidades que el infante requiere por parte de los padres no son debidamente satisfechos, éste se siente inseguro y a merced de las inclemencias del medio. La autora menciona como condiciones ambientales negativas precursoras de la inseguridad y ansiedad básica, la dominación, el aislamiento, la sobreprotección, la hostilidad, la indiferencia, la conducta inconsistente, el menosprecio, la discordia paterna, la falta de respeto, y la carencia afectiva. Para que el individuo pueda desarrollar adecuadamente su autoestima y potencializar sus habilidades necesita el soporte de unas figuras parentales firmes que fomenten su conducta autoafirmativa y adaptativa, proporcionándole la sensación de estar a salvo. Esto no indica que los padres deban asegurarse de que el pequeño nunca experimente frustración alguna, pero sí quiere decir, que necesita seguridad por parte de ellos para poder afrontarla.
Engler también menciona basándose en los escritos de Horney que el niño utiliza estrategias para afrontar la ansiedad básica que el mundo en el que vive le ocasiona, relacionarse con los demás y poder sentir gratificación, las cuales continúan siendo empleadas durante la adultez y son útiles para desenvolverse de manera positiva, pero cuando el ambiente ha sido demasiado agresivo y ha ocasionado una ansiedad básica muy fuerte, las estrategias de afrontamiento pueden exagerarse y convertirse en actitudes inadecuadas nombradas necesidades o tendencias neuróticas, las cuales a su vez incitan al individuo a afrontarlas mediante tres estrategias que implican las relaciones interpersonales, moverse hacia, moverse contra y moverse lejos; y conllevan a tres orientaciones básicas hacia la vida: la solución modesta, la solución autoexpansiva, y la solución de renuncia:

Necesidades neuróticas
Necesidad exagerada de afecto y aprobación: moverse hacia; solución modesta.
Necesidad de una pareja dominante: moverse hacia; solución modesta
Necesidad exagerada de poder: moverse en contra; solución autoexpansiva.
Necesidad de explotar a los demás: moverse en contra; solución autoexpansiva.
Necesidad exagerada de reconocimiento y prestigio social: moverse en contra; solución autoexpansiva.
Necesidad exagerada de admiración personal: moverse en contra; solución autoexpansiva.
Ambición exagerada de logro personal: moverse en contra; solución autoexpansiva.
Necesidad de restringir la propia vida dentro de límites estrechos: moverse lejos; solución de renuncia
Necesidad exagerada de autosuficiencia e independencia: moverse lejos; solución de renuncia
Necesidad de perfección e insaciabilidad: moverse lejos; solución de renuncia

Modos primarios de relacionarse con los demás:
-Moverse hacia: aceptar el desamparo propio y volverse sumiso.
-Moverse contra: rebelarse contra los demás y resistirse a los demás para proteger el propio yo de un ambiente amenazador.
-Moverse lejos: aislar al yo para evitar involucrarse con los demás.

Orientaciones básicas hacia la vida
-Solución modesta: una súplica para ser amado
- autoexpansiva: una lucha por el dominio.
-Solución de renuncia: el deseo de estar libre de los demás.


Los individuos normales o maduros resuelven sus conflictos integrando y equilibrando las tres orientaciones, las cuales están presentes en todas las relaciones humanas. Son capaces de expresar cada modo en el momento apropiado. Los neuróticos expresan un modo a expensas de otros aspectos de su personalidad. Reprimen de manera activa, aunque inconsciente, las tendencias a reaccionar de acuerdo con las otras orientaciones. Esta represión, sin embrago, no es exitosa; las tendencias reprimidas continúan buscando expresión e incrementan la ansiedad neurótica. Conforme el neurótico continúa enfatizando una necesidad o modo y pasa por alto las demás, se desarrolla un “círculo vicioso” y la ansiedad nunca se resuelve en forma adecuada. Por tanto, los neuróticos transforman las luchas normales en patológicas46.


Margaret Mahler: es otra exponente de la teoría de las relaciones objetales que le adjudicó un importante papel a la ansiedad. Mahler dividió el desarrollo emocional del niño en varias etapas a través de las cuales éste debe lograr la constitución de su propia identidad.

Bleichmar y Lieberman47 comentan que, las primeras fases a la que la autora hizo referencia son, el autismo normal, que transcurre desde el nacimiento hasta el primer mes de vida, y la fase de simbiosis normal, que se desarrolla hasta el quinto mes aproximadamente. Cuando el infante comienza a comprender los límites entre su propio cuerpo y el medio que lo circunda, gracias a una predisposición innata y ciertas características que debe presentar el vínculo objetal, comienza la fase de separación individuación. Es precisamente en esta fase donde la ansiedad tiene un importante papel.

Esta fase, fue subdividida por Mahler en cuatro subfases. Según Bleichmar y Lieberman48, inicialmente, en la subfase de diferenciación, el pequeño comienza a reconocer los límites entre él mismo, su madre y el ambiente, mediante la exploración que hace de su propio cuerpo y de ella. Además, utiliza lo que Donald Winnicott llamó objetos transicionales, con el fin de sentirse seguro cuando ésta no se encuentra presente o cerca de él. La presencia de extraños comienza a generar en el infante estados de ansiedad.

Posteriormente en la subfase de ejercitación locomotriz cuando el niño adquiere la habilidad para desplazarse, se aleja de su madre pero regresa a ella constantemente para tenerla cerca y volver a irse, como si necesitara recargarse emocionalmente. Gradualmente el pequeño consigue encontrar un mayor goce en sus actividades motrices y alejarse de su madre por más tiempo. Es fundamental en este momento la actitud materna ante la mayor independencia de su hijo. Para que el niño pueda continuar normalmente con su proceso de desarrollo es necesario que la madre no posea una actitud ambivalente ante su alejamiento y sea una figura de apoyo y seguridad para el pequeño, de no ser así habrá un incremento de la ansiedad en él y el proceso podrá retrasarse ó acelerarse de manera patológica.

Durante la subfase siguiente, de acercamiento, gracias a las habilidades cognitivas que el niño ha desarrollado hasta el momento, puede percatarse de lo indefenso que se encuentra, y de lo falsa que es la omnipotencia que sentía durante la subfase de ejercitación locomotriz. “El infante alterna actitudes de seguimiento de su madre con otras que son verdaderas huidas de ella. Con esta conducta el deambulador expresa, según Mahler, la lucha que libra en su interior: si bien desea refundirse con su madre, teme ser absorbido por ésta al punto de perder la autonomía recién adquirida y que tanto placer le produce. Por lo tanto los sentimientos que caracterizan esta subfase son esencialmente ambivalentes.”49

Esta ansiedad que vivencian tanto la madre como su hijo frente a la inminente separación de ambos y los sentimientos ambivalentes que dicho fenómeno les genera es a lo que Mahler se refiere como ansiedad de separación.

El proceso de separación individuación del infante concluye con la subfase de logro de la constancia objetal y emocional, aproximadamente a los tres años de edad. Carver,50 comenta que ésta consiste en la internalización de la relación con el objeto, de manera que pese a la ausencia física del mismo, éste se encuentre presente simbólicamente a través de su representación mental internalizada.

La ansiedad como un aspecto fundamental de la personalidad y sus manifestaciones
Ya se ha mencionado que la ansiedad además de presentarse durante el proceso de desarrollo, es un fenómeno que acompaña al individuo durante toda su existencia, ésta cumple una función respecto a la conservación de la vida, al dar cuenta de la existencia de peligro, además cuando no es excesiva la ansiedad es positiva y esta a favor del crecimiento y desarrollo personal.

Grinker corrobora este punto de vista cuando afirma, “ si la ansiedad es moderada facilita una acción o pensamiento incrementados y eficaces”. (...) Freud y también Adler, han destacado el punto de vista del que los esfuerzos humanos para aliviar la ansiedad han conducido al desarrollo de la civilización. (...) Los existencialistas, incluyendo a uno de los psiquiatras destacados, entre ellos Binswanger, subrayan aún más los aspectos constructivos de la ansiedad. Consideran que es el equivalente de la tensión producida en una persona capaz de enfrentar el universo y la tarea propuesta a los hombres, conquistar mediante la acción ese universo51.

Sue,52 comenta al respecto la posición de Janis (1971), quien considera la ansiedad moderada referida a las amenazas objetivas, como un factor implícito necesario en el desarrollo de la conducta de afrontamiento. En sus estudios la autora encontró que los pacientes sometidos a intervenciones quirúrgicas, que previamente manifestaban estados de ansiedad moderados tuvieron una mejor respuesta pos –operatoria que quienes presentaron niveles de ansiedad altos o ninguno. La ansiedad moderada, contribuye a que el individuo adquiera estrategias de afrontamiento adecuadas, e incremente su estado de vigilia.
Respecto a las manifestaciones de la ansiedad, Sue53, también plantea que la ansiedad se manifiesta tanto de manera cognitiva como somática y conductual. De manera cognitiva, se expresa en los pensamientos que suscita en la persona la situación que ocasiona la emoción de ansiedad; las manifestaciones somáticas son las respuestas corporales del individuo respecto a éste fenómeno, y las respuestas conductuales son las acciones que la persona ejecuta para poder resolver la situación y dejar de sentirse ansiosa.

[A su vez esta emoción puede experimentarse de diferentes maneras y generar en cada sujeto reacciones diferentes.] Subjetivamente se la puede experimentar como una desagradabilísima interferencia en los procesos de pensamiento y de concentración, como un sentimiento difuso, vago, y con frecuencia sin objeto, de aprehensión, o como de una incómoda sensación de incertidumbre y desvalimiento. Cuando surge en sus formas más moderadas, puede manifestarse objetivamente por un cambio en el tono de voz y/o en el ritmo del habla, por un cambio de posición, gesto y movimiento, y también por la preocupación afectiva o intelectual o la inhibición de la comunicación en la persona ansiosa. En personas todavía más ansiosas, la ansiedad se manifiesta psicológicamente en grados más o menos marcados de parálisis del pensamiento y la acción.54

El estado de ansiedad suscita una respuesta por parte del individuo, el cual puede utilizar diferentes estrategias, adaptativas, o no, al intentar superarlo. “ Dentro de las adaptativas Valdés y Flores (1985), las clasifican en defensas psicológicas, que eluden o deforman la percepción del entorno; conductas sustitutivas, como comer, beber, hacer ejercicio, fumar, inventar o intensificar el trabajo, entregarse a la actividad sexual, etc., o estrategias objetivas, para modificar el entorno, bien directas, o mediante apoyo social”55.
Las estrategias psicológicas hacen referencia, dentro de la teoría psicoanalítica, a los mecanismos de defensa. Según Engler56 estos son estrategias adaptativas mediante las cuales la realidad es distorsionada con el fin de percibirla menos amenazante, la puesta en marcha de ellos es inconsciente por lo que la persona no puede percatarse de que lo está haciendo. Sin embargo cuando la distorsión de la realidad es excesiva, estos mecanismos dejan de contribuir al buen funcionamiento del yo y se convierten en un problema para el mismo. Algunos de los mecanismos de defensa más comunes son la represión, la negación, la proyección, la racionalización, la intelectualización, la formación reactiva, la regresión, el desplazamiento, la sublimación y la identificación.
La represión “implica bloquear la expresión de un deseo o anhelo que no puede ser experimentado de manera consciente, o expresado en forma directa como conducta. Es un acto involuntario, lo cual impide que nos percatemos de muchos de nuestros conflictos productores de ansiedad o que recordemos ciertos acontecimientos emocionales traumáticos de nuestro pasado”57. Los contenidos que se reprimen dependen en gran medida del superyó de cada persona, dado que este es quien dictamina lo que es inadecuado, o punitivo.
“La negación consiste en reconstruir el significado de un hecho de modo que la amenaza desaparezca”58. Es decir se niega la realidad o existencia de los acontecimientos que son amenazantes, o demasiado dolorosos.
La proyección “se refiere a la atribución inconsciente de un impulso, actitud o conducta a alguien o a algo más en el ambiente”59. De esta manera el individuo se oculta a sí mismo el hecho de tener impulsos y deseos inaceptables proyectándolos en el exterior, y otorgándoles una salida oculta para el yo y el super yo.
La racionalización “Implica tratar una emoción o impulso de manera analítica e intelectual para evitar sentirla. Como implica el término, se trata de un razonamiento defectuoso, en virtud de que el problema permanece sin resolverse en el nivel emocional.”60Se trata de darle una explicación racional a un acontecimiento o un impulso inaceptable, con el fin de justificarlo.
La intelectualización es el “proceso en virtud del cual el sujeto intenta dar una formulación discursiva a sus conflictos y a sus emociones, con el fin de controlarlos.”61 este mecanismo de defensa consiste en disociar la emoción de los pensamientos, teniendo un análisis frío y racional, de los sucesos e impulsos indeseados
La formación reactiva consiste en la expresión del impulso opuesto al que realmente se quiere manifestar. Generalmente dicha expresión es exagerada por los que da cuenta de su falta de veracidad. “Freud creía que a menudo es difícil saber si un acto resulta de la motivación aparente o del impulso opuesto. La formación reactiva por lo general se infiere en función de la intensidad y lo apropiado de la acción”62.
La regresión: “Anna Freud creía que el estrés físico y emocional a menudo ocasiona que los individuos abandonen sus estrategias maduras de afrontamiento y utilicen en lugar de ellas patrones que reflejan las etapas [del desarrollo psicosexual] en que quedaron fijadas”63. La regresión es entonces un mecanismo a través el cual el individuo reduce su estado ansioso mediante una estrategia de afrontamiento que empleaba en una etapa anterior de su desarrollo y le resultaba eficaz. Este mecanismo puede presentarse en cualquier momento de la vida, desde la niñez hasta la ancianidad.
El desplazamiento “Consiste en que el acento, el interés, la intensidad de una representación puede desprenderse de esta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa”64. Es decir que el impulso dirigido hacia un objeto, se desplaza hacia otro menos amenazante.
La sublimación es el mecanismo a través del cual el individuo “ recanaliza un impulso inaceptable hacia una salida más aceptable por la sociedad. Es una forma de desplazamiento que redirige al impulso mismo en lugar de al objeto. Por ejemplo, la curiosidad sexual puede ser redirigida hacia la investigación intelectual”65.
La identificación es el “proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de este. La personalidad se constituye y se diferencia mediante una serie de identificaciones.”66
Ansiedad patológica
Pese al importante papel desempeñado por la ansiedad durante el desarrollo y a que esta en un grado moderado, junto con estrategias y mecanismos adecuados para afrontar las circunstancias, tenga consecuencias positivas para el individuo brindándole el impulso para emprender diferentes proyectos y llevarlos hasta su fin, e incluso incitándolo a reaccionar ante el peligro, puede llegar a convertirse en un estado patológico, cuando tanto la ansiedad misma, como los mecanismos de defensa utilizados son excesivos y no permiten que el individuo se desenvuelva en el medio adecuadamente.

La ansiedad se define como <> o <>, según que la reacción del individuo sea, o no, apropiada a la situación que la causó. Sigmund Freud consideraba normal u objetiva la ansiedad que se produce como reacción ante una amenaza real del mundo exterior, y neurótica a la ansiedad resultante de impulsos internos inaceptables que el individuo procura controlar. (...)Los síntomas de ansiedad normal son señales de peligro que movilizan a un individuo para enfrentarse a situaciones dañinas. Así pues, la ansiedad normal es un mecanismo adaptativo que ayuda a preservar la raza humana. La ansiedad no se considera neurótica a menos que sea desproporcionada al peligro que la provoca, o continúe incluso después de que el peligro haya pasado67.

La ansiedad se considera patológica dependiendo entonces de la coherencia que tenga la reacción del individuo respecto al estímulo que le ocasiona dicha emoción. Otro parámetro tenido en cuenta para determinar si una respuesta de ansiedad es enfermiza, es el número de personas que reaccionan de ese modo ante un estímulo determinado. “Vemos que la ansiedad no esta considerada ordinariamente como conducta desviada: a no ser que se presente en situaciones en las cuales la mayor parte de las personas no responden de esta manera. (...) Es importante advertir que en tanto que la norma misma de respuesta este interesada, las ansiedades patológicas no son fundamentalmente diferentes de las que reconocemos como normales”68.
La perspectiva psicoanalítica denomina estas patologías como neurosis, definiéndolas desde el punto de vista psiquiátrico como “el desorden que restringe en algún grado el juicio total del individuo, su habilidad para lograr un buen contacto con la realidad y su capacidad para relacionarse con los demás que participan de su ambiente”69.

En general la conducta neurótica es impropia, inadecuada e insatisfactoria. Puede ser también bastante infantil. Produce discrepancias subjetivas y objetivas, entre el potencial de una persona y su conducta y logros sociales. (...). La conducta neurótica no se vuelve típicamente por completo incapacitante, aunque las incapacidades menores son notables tanto para el individuo mismo como para los demás. La percepción que el neurótico tiene del mundo esta distorsionada y experimenta sentimientos de miedo y de culpa (...). Puede sentirse persistentemente desesperado, frustrado y enojado, parecer que se esta autocastigando, o puede ser particularmente adepto a aislarse, a molestar y a disgustarse con los demás70.

Sarason71 comenta que la ansiedad es el factor principal y característico en la configuración de las neurosis, esta puede ser expresada, o controlada inconscientemente mediante mecanismos de defensa psicológicos, generando comúnmente la formación de síntomas.

4.2.2 Aspectos generales del embarazo

Desde el momento de la fecundación el organismo femenino comienza el proceso para que se desarrolle la vida. De inmediato se desencadenan cambios hormonales para asegurar el desenvolvimiento de la gestación. Como lo dice Deutsch, “cada célula participa más o menos en esta labor; gradualmente toda la personalidad física de la mujer se transforma en el protector del feto; tan solo el papel central ejecutivo se asigna a los órganos genitales72”

Según Maldonado73, algunas mujeres perciben estos cambios, y aunque no sepan exactamente que esta sucediendo con su organismo emerge en ellas el presentimiento de estar embarazadas. Incluso muchas veces esta percepción inconsciente del estado de gravidez se manifiesta a través de contenidos oníricos.
La percepción del embarazo depende en gran medida de la relación que la mujer tenga con su propio cuerpo, de lo compaginada que esté con él, conociendo su funcionamiento cotidiano y el desenvolvimiento de sus ciclos, pudiendo percatarse de las variaciones que ocurran. Pero también depende de los sentimientos y conflictos que este le genere, dado que si son muy fuertes puede tratar de disminuir la ansiedad no percibiendo conscientemente su estado, evitando así afrontar esa realidad.

La autora agrega que desde el primer momento en que la madre se percata de su embarazo, aunque sea en un nivel inconsciente, comienza a instaurarse la relación de ésta con su hijo. Esta relación tendrá incidencia en la vivencia que la gestante experimentará de su estado durante los tres trimestres, y a su vez estará intervenida tanto por las condiciones actuales de la embarazada, como por sus antecedentes históricos.

Deutsch74, coincide al decir que a pesar de ser el hijo aún una fantasía para la madre, la mujer dirige su interés hacia él consolidándose de este modo la fase previa de lo que más adelante será la tendencia maternal afectiva.

La autora también dice que en este momento el niño significa para la madre una parte de sí misma, dado que no tiene aún existencia biológica o psicológica independiente de ella. De aquí parte también el amor maternal, la mujer siente un amor narcisista por su hijo donde no hay una clara diferenciación entre él y ella, este amor desinteresado se continúa luego con el nacimiento, siendo transferido al exterior.


..., es evidente que desde el punto de vista biológico no existe diferenciación entre la madre y el feto. La madre y el niño son una unidad orgánica absoluta, y el mismo proceso biológico gobierna las necesidades de ambos. Esta unidad se expresa no solo con referencia a los procesos vitales positivos, sino también a los destructivos. Dentro de la trama del proceso biológico, las perturbaciones en las funciones orgánicas del uno son también perturbaciones en las del otro, el bienestar del uno representa el bienestar del otro, y la muerte del uno frecuentemente implica la muerte del otro.75


Y no solo en cuanto al aspecto orgánico hay una estrecha unión inicial entre la madre y el hijo, psíquicamente también son uno, y a través de la gestación y la posterior interacción con el bebe, la mujer deberá realizar un proceso de individuación entre ambos. Así lo expresa la autora al comentar que el niño debe ser cada vez más un objeto para la madre, de manera que la separación física que implica el parto no sea tan dolorosa y no signifique para la mujer la pérdida de una parte de su yo.

Respecto a los sueños durante la gestación, Deutsch76, manifiesta que estos se presentan a través de todo el embarazo cambiando de contenido según la etapa en que éste se encuentre. Ella explica que los procesos experimentados por la mujer gestante hacen que ésta reviva antiguos impulsos instintivos concernientes a las etapas del desarrollo psicosexual, los cuales se expresan a través de contenidos oníricos que representan al hijo, en un primer momento suelen ser de carácter oral, posteriormente pasan a manifestar contenidos anales, y finalmente cuando el feto se encuentra más formado, suelen presentarlo como un neonato con las características de un niño un poco mayor.


Desde el comienzo del proceso de gravidez el estado de ánimo de la mujer cambia, volviéndose fluctuante y tendiendo a presentar un aumento de sensibilidad durante toda la gestación, el cual se manifiesta tanto en un nivel emocional como físico.

Varela77, comenta al respecto que desde el punto de vista hormonal los cambios en el estado anímico son ocasionados debido al aumento de los estrógenos y la progesterona, los cuales inciden en el metabolismo de las catecolaminas, que se encuentran implicadas al igual que los corticoesteroides en la mediatización de las emociones de depresión y euforia. Sin embargo, continúa la autora, la intervención de estas sustancias se refiere más a la intensidad de los sentimientos, pero la causa de éstos se debe a otros factores como los antecedentes históricos de la mujer y el contexto en el que se encuentra.

Maldonado78, citando a Caplan (1960), comenta que los cambios de humor no se encuentran directamente relacionados con el grado de aceptación que la mujer tenga del estado de gravidez, dado que pueden presentarse periodos depresivos en aquellas que predominantemente aceptan su estado, como periodos de euforia en mujeres que de manera predominante no lo hacen. Además los cambios emocionales están generalmente relacionados con experiencias que aunque no tengan implicaciones de orden hormonal, sugieren en la vida de la persona cambios que requieren de un proceso de adaptación por parte de ésta.


Esto sugiere que las oscilaciones de humor se deben por lo menos en gran parte al propio esfuerzo de adaptación a una nueva realidad de vida, que envuelve nuevas tareas, responsabilidades, aprendizajes y descubrimientos.
El aumento de la sensibilidad está íntimamente ligado a estas oscilaciones del humor: mayor sensibilidad en el olfato, paladar y audición, esto, se expresa también en el área emocional a través del aumento de la irritabilidad: la mujer esta irritable u vulnerable a ciertos estímulos externos que anteriormente no la afectaban tanto, llora y ríe fácilmente. 79


Otra manifestación que suele presentarse durante la preñez es un estado de introversión que se expresa a través del ensimismamiento y la hipersomnia, la cual además de tener causas hormonales específicamente relacionadas con el aumento de progesterona, también se relaciona con aspectos psíquicos.

Deutsch explica este fenómeno como una desviación de las energías psíquicas que anteriormente se enfocaban en el mundo exterior, hacia el interior de la mujer: “con este paso la polaridad entre existencia individual y servicio a la especie modifica su equilibrio a favor de la última”80.

Según Soifer este estado de retracción es un mecanismo de defensa que la mujer emplea respecto a la ansiedad generada por los nuevos estímulos que la gestación le ocasiona, y los sentimientos ambivalentes que este nuevo cambio trae consigo. “El síntoma de la hipersomnia al favorecer la negación de los estímulos, resulta provechoso además de constituir una defensa biológica adecuada, la que proporciona al organismo una cuota mayor de reposo, necesaria para la labor que inicia”81.

A pesar de que en los primeros meses de gestación los cambios en el cuerpo no sean muy notorios, la mujer comienza a percibir su organismo diferente y a imaginarse su hijo. En ocasiones también empieza a sentirse fea y extraña, debiendo acomodarse a la transformación que ocurre en su cuerpo externa, e internamente.

Videla comenta que las características de los cambios corporales varían en cada mujer, y la forma como ocurran y esta los asuma dependen a su vez del número de hijos que haya tenido, y el contexto cultural en el que se ha desarrollado y vive.


La mujer embarazada vive una modificación en la distribución del tejido adiposo, o sea senos, caderas, mejillas, hombros, monte de Venus, nalga etcétera. Esto va unido a un aumento de brillo en sus ojos y en su cabello, la piel más suave y a veces salpicada de una coloración amarronada en la nariz y las mejillas, (cloasma). Su vagina está, como todas las mucosas, más lubricada y caliente, los movimientos se hacen lentos y cadenciosos, el vientre surcado por una línea de pigmento oscuro, que suele aparecer también en la areola del pezón.
Entre los signos probables de un embarazo aparecen también otras características que son también síntomas indicadores de situaciones internas de la embarazada.(...). Estos son la coloración lívida de la mucosa vaginal y prominencia uretral, como así también la del cuello del útero. Se produce además una secreción amarillenta de los pechos, el calostro, predecesor de la leche materna.82
El embarazo es una experiencia que genera en la mujer ansiedad y confusión debido como ya se había dicho, a las transformaciones que le suceden de manera vertiginosa en su organismo y su vida. Es un momento en que ella debe adaptarse a la nueva situación que comienza a experimentar, incluso no siendo primigestante, como lo menciona Videla83 Cada embarazo es una experiencia diferente que implica novedad y expectativa.

Dicha confusión ocasiona sentimientos de ambivalencia, donde la gestación es deseada y rechazada de manera fluctuante, tanto en un nivel consciente como inconsciente, incluso en embarazos que han sido planeados y muy deseados.

Algunos de los síntomas que se presentan durante la gestación, se han adjudicado a esta confusión de sentimientos, manifestando un rechazo hacia el hijo debido a los sentimientos confusos que se presentan. Videla objeta esta posición diciendo, que debe dársele a este fenómeno otra mirada:


..., los síntomas de la pareja frente al embarazo son índice de un conflicto con la maternidad, y no un rechazo al hijo. Mejor aún, otra manera de decir podría ser que los síntomas son indicadores de un conflicto en la pareja con respecto al hijo que se esta gestando y lo que éste significa, moviliza o representa para ambos. El síntoma aparece así no como un elemento de menosprecio hacia la personalidad de la mujer gestante (...), sino como una especie de señal mediante la cual la mujer y/o la pareja, nos indican su necesidad de comprensión, entendimiento y ayuda, en ese difícil momento por el cual atraviesan.84


Videla 85 comenta que los síntomas experimentados por la mujer pueden ser de carácter físico o psicológico. Los primeros generalmente se encuentran relacionados con las zonas erógenas del desarrollo psicosexual, como vómitos, antojos, diarrea, estreñimiento, retención del feto y parto prematuro, pérdida del conocimiento, desgano, pérdida del apetito, aumento de peso excesivo, e hiperactividad. Dentro de los síntomas psicológicos se encuentran, los miedos, ansiedades, fobias, obsesiones, trastornos psicosexuales, etc.

La autora también plantea que la ausencia de trastornos no es un indicador de que la mujer gestante se encuentra libre de conflictos. Es normal que la mujer experimente ansiedad debido a los cambios que progresivamente ocurren durante la gestación y que además la maternidad implicará para su propia vida y entorno.

Un momento importante en el desarrollo del embarazo, que suele presentarse durante el segundo trimestre, es la percepción de los movimientos fetales por parte de la madre, estos le rectifican que esta gestando una criatura, y promueven la configuración de la relación entre ambos. Videla86 dice al respecto que el momento y la intensidad con que se perciban depende de varios factores fisiológicos y psíquicos. El útero amortigua los golpes entre el feto y la pared abdominal de la madre, por lo que reduce la fuerza con que esta siente los movimientos de su hijo, además la posición de la placenta, el tejido adiposo de la mujer y el tamaño adquirido por el feto también inciden al respecto. La autora plantea también que los movimientos le brindan a la mujer elementos para imaginarse a su hijo y adjudicarle diferentes características rectificando al mismo tiempo que éste se encuentra bien a través de la exploración de su propio cuerpo.
Durante este trimestre la mujer requiere más compañía, protección y apoyo de sus seres allegados, en especial de su propia madre y su pareja. “En este periodo la mujer siente más necesidad de afecto, cuidados y protección; precisa recibir más de lo que da, y aparentemente las mujeres que reciben esta cuota extra de afecto son las que posteriormente más consiguen dar afecto y cariño al bebe. Al contrario, las que menos reciben, tienden a presentar dificultades en desempeñar el papel de persona fundamentalmente dadora, y comúnmente privan al bebe de sus necesidades de afecto”87.

En el tercer trimestre el organismo comienza a prepararse para que el ser que se ha estado gestando pueda nacer. El nonato debe ubicar su cabeza en la entrada del canal del parto para encontrarse en una posición adecuada que facilite su nacimiento, este fenómeno se denomina versión interna y según Soifer,88 al ser percibido por la madre le genera “ansiedad de vaciamiento” por rectificarle la proximidad de la inminente separación entre ella y su hijo.

La inminencia del parto y la maternidad, incrementan las expectativas de la grávida respecto a su hijo y el desempeño que tendrá como madre, apareciendo o acrecentándose el temor a situaciones relacionadas con estas experiencias.

La mujer frecuentemente se angustia por haber dejado de percibir los movimientos fetales durante un tiempo prolongado, temiendo que su hijo haya muerto. Soifer89 explica que desde el punto de vista orgánico, tal estado puede producirse porque la criatura se mueve menos en esta época del embarazo dado que el útero se ha distendido todo lo que le es posible y el feto por su crecimiento no cuenta con mucho espacio, además ya hay un cierto grado de encaje debido a la versión interna. Desde el punto de vista psíquico la intensidad de la ansiedad produce el embotamiento de la percepción, a lo cual se une muchas veces una contractura muscular del suelo pélvico que inmoviliza la criatura.

En cuanto a los cambios fisiológicos en el noveno mes, se experimentan bastantes en el ámbito hormonal entre los que Mercedes Varela menciona:

en esta última etapa del embarazo los estrógenos aumentan ya que son necesarios para la activación de las contracciones uterinas, cada vez más fuertes, y para el bienestar del feto. La secreción de pregnadiol ha estado aumentando desde el primer trimestre; sin embargo en el momento del nacimiento del niño la relación entre pregnadiol y estriol esta equilibrada. La testosterona plasmática – que ya había aumentado en el primer trimestre – también se incrementa en este último periodo, concretamente en el último mes. La polilaquiuria es común así como el dolor vesical, debido, probablemente al desplazamiento del útero que comprime la vejiga urinaria. Otros órganos como la vagina pueden producir dolor, y las mujeres se quejan de que el feto les da patadas en esa zona.90

4.2.3 Aspectos generales del parto

La experiencia del parto es crucial en la vida de cualquier mujer sin importar que ya la haya vivido. Esta tiene grandes implicaciones en el ámbito psicológico, pues constituye la separación física entre la madre y su bebe, es la culminación de una relación simbiótica con un ser imaginado, idealizado e incluso temido por ser desconocido; y el punto de partida para la conformación de una relación fundamentada en el encuentro real con el hijo, del proceso para que ambos se conozcan y reconozcan, se amen.

Como se había mencionado, desde antes de comenzar el proceso del parto la mujer se siente ansiosa, la proximidad de este evento no sólo le genera expectativa respecto a cómo será el desarrollo del mismo y lo que ha de sentir durante él, sino que la remite al cambio que se le avecina. Luego de dar a luz a su hijo su cuerpo comenzará nuevamente a cambiar retomando el aspecto y estado que solía tener cuando no estaba embarazada, lo que le genera temores e inquietudes en relación con la apariencia que finalmente tendrá; además su vida, todo su contexto cambiará también y la inquieta el hecho de afrontar una nueva experiencia como madre, porque aunque sea una mujer multípara, cada vivencia desde la concepción, hasta la configuración y desarrollo de la relación madre – hijo, es diferente.

Junto con la sensación de temor y ansiedad por la inminente separación del hijo, y el deseo de retenerlo, surge en la madre el anhelo apremiante de poder verlo y sentirlo entre sus brazos. Según Deutsch, en este momento la unión armoniosa que venía estableciéndose entre la madre y su hijo se ve perturbada por las molestias físicas que la mujer comienza a sentir generando en ella el deseo de que dicho estado culmine:


Diríase que la naturaleza quiere evitar que la inminente separación del niño sea dolorosa (psicológicamente) para la madre. (...).
En las últimas semanas de la preñez, la unión madre – hijo se perturba por factores fisiológicos, y los cambios orgánicos provocan sentimientos de incomodidad cada vez mayores. La sobre carga física da lugar a que los impulsos afectivos adquieran un carácter hostil respecto a la unión con el niño. La percepción interna de la madre de que en su cuerpo se producen desgarramientos transforma cada vez más al feto en un cuerpo extraño, lo mismo que ocurrió en la primera fase de la preñez. Al aumentar la incomodidad física, el yo de una mujer psíquicamente sana gradualmente se cansa de la limitación de las satisfacciones de su vida producida por el embarazo y de la excepcional situación física y psíquica. Aparentemente, la unión de los extremos –el yo y la especie- no puede ser tolerada más largo tiempo. La relación con el niño se desdobla: el ser que está en el útero ya tiene su doble en el objeto de todas las expectativas y de los cumplimientos de deseo, cuya real existencia como un individuo diferente se aproxima poco a poco. Con el fin del embarazo, la polaridad yo - tú se fortifica simultáneamente, y el gobierno psíquico de los impulsos de amor y de hostilidad utiliza esta dualidad: el enemigo debe salir para reaparecer como un amigo precioso en el mundo exterior91.


Como se había mencionado anteriormente la mujer comienza a sospechar que el parto se aproxima a raíz de la versión interna, que ocurre aproximadamente a mediados del séptimo mes de gestación. Cuando el pequeño acomoda su cabeza a la entrada del canal del parto.


La mujer tiene un sentimiento que se intensifica al final de su embarazo, de que pronto ocurrirá alguna cosa en su vida, que en su estimación subjetiva, cambiará el orden del mundo, que brotará de ella algo que existirá tan solo por su voluntad, y que de todos modos, esta cosa representará un poder sobre el cual carece de control. Lo desee o no, ella, que ha creado esta nueva vida, debe obedecer a su poder; su gobierno es absoluto, aunque invisible, implacable. Esta en su interior y sin embargo es desconocido e irresistible. Debido a esas cualidades produce necesariamente temor.
Este conocimiento de un suceso que tendrá lugar en determinada fecha, del cual la mujer depende, y sobre el cual de todos modos, no puede influir, esta mezcla de poder y sumisión, tiene algo de fatal e inexplicable, semejante a la muerte. 92


En el momento de parir se vivencia tanto el temor que se sintió al separarse de la propia madre, como el que se tiene por dejar de ser unidad con el hijo para dar paso a la realidad de ser dos, y que el otro ya no sea un ser imaginado sino visible, tangible, y con el que se interactúa. La llegada del bebe al mundo externo no sólo dará paso a una gran transformación en la relación con este, sino en la vida de la madre, la rutina y los entornos familiar, social y laboral se verán afectados.

La madre deberá comprender ahora que su hijo es una persona diferenciada de sí misma. Maldonado93 considera importante que esta diferenciación sea bien elaborada por la madre desde el proceso de la gestación, pues de lo contrario experimentará el parto como una terrible pérdida de su propio ser, afectándose la relación materno – filial, dado que en vez de concebir a su hijo como un ser independiente de ella, percibirá sus características como una proyección suya.


En la evolución del trabajo de parto influyen entre otros factores la personalidad de la parturienta, su estado anímico, las circunstancias que la circundan y la forma como haya transcurrido la gestación.


El observador psicológico pronto descubre que todos los procesos funcionales biológicamente predeterminados, desde el comienzo hasta el logro del objetivo final o sea la maternidad real, se aceleran o se inhiben por las influencias psíquicas. Cada uno de los síntomas fisiológicos, todos los dolores del parto atestiguan no solo la recíproca dependencia de los factores somáticos y psíquicos, sino también el hecho de que en todas las funciones biológicas de la reproducción, el desarrollo psíquico de la mujer y todo su pasado afectivo desempeñan un papel importantísimo94.


El parto normal consta de tres fases: dilatación, expulsión y alumbramiento. Deutsch95 comenta que la dilatación, puede comenzar varios días antes del parto, como una fase preparatoria para el proceso en sí. Durante estos días la mayoría de las mujeres suelen manifestarse más activas y prestan mayor atención a los preparativos finales para la llegada del bebe. Sin embargo cuando el temor es demasiado, la mujer puede paralizarse y “entregarse al destino” dejando en manos de los demás la situación.

Según Pernoud96, el comienzo del proceso de dilatación se manifiesta por contracciones uterinas que se sienten como punzadas o calambres pero no son dolorosas, las cuales comienzan con intervalos de 20 y 30 minutos y van haciéndose cada vez más repetitivas, prolongadas y regulares. Se recomienda que la madre tome el tiempo que duran sus contracciones y el intervalo que hay entre estas, así podrá percatarse de que no hay una falsa alarma y el momento del parto realmente ha llegado, además el médico le pedirá este dato para saber la evolución del proceso.

El autor97, explica que el cérvix va haciéndose plano debido al movimiento ejercido por las paredes uterinas que al contraerse lo tiran hacia arriba. A partir de este momento es que comienza el proceso de dilatación propiamente dicho, expulsándose el tapón mucoso que se encargó durante todo el estado de preñez de cerrar el cuello uterino. Este tapón se caracteriza por ser un líquido gelatinoso, amarillento, y sanguinolento porque la contractura muscular ha reventado algunos vasos sanguíneos. El cérvix se amplía cada vez más con cada contracción, permitiendo que al contraerse el músculo una porción de las membranas que rodeaban el feto se insinúe en la abertura y retroceda al relajarse el útero, siendo cada vez menor el retroceso. Este proceso tendrá lugar durante varias horas mientras la abertura del cuello uterino pasa de medir 2 mm., a 11 cm., posibilitando que la cabeza del niño la atraviese.

Como se había mencionado con cada contracción una porción de las membranas que rodean al niño se logra introducir en la abertura del cuello uterino hasta que la presión generada por la contractura muscular es tan fuerte que estas membranas se rompen dando lugar a la salida del líquido amniótico, el cual al igual que el tapón mucoso al salir lubrica la vagina preparándola para darle paso al bebe.

Cuando el cuello uterino tiene espacio suficiente para que el niño lo atraviese, y las membranas que lo rodeaban se han roto puede comenzar la segunda fase del parto, la expulsión.

Debe tenerse en cuenta que todas las personas son diferentes, y el desarrollo del parto al estar influenciado por las características físicas y psíquicas de cada mujer no se desenvolverá exactamente igual en todas las parturientas. Aunque se den unos parámetros generales sobre el parto y sus fases, no quiere decir que siempre los acontecimientos ocurran en un orden delimitado.

El autor comenta que la labor de la madre entonces es respirar y relajarse con el fin de proveerle a los músculos uterinos y al niño el oxígeno que necesitan, pues al contraerse, dichos músculos consumen más oxígeno de lo habitual requiriéndose una mayor cantidad del mismo. La importancia de la relajación radica en el ahorro de oxígeno que se hace cuando los músculos están relajados, y en que le ayuda a la mujer a evitar el dolor.


Una vez conseguida la dilatación completa, el útero permanece inmóvil durante algún tiempo, como para reposar tras el considerable esfuerzo realizado. Después empieza de nuevo a contraerse, sus paredes se cierran sobre el niño y lo impulsan hacia delante. Como ya nada le cierra el paso, el niño desciende a la vagina, continuación del útero y su cabeza pasa el cuello, superando así el primer obstáculo que se le presenta. Las contracciones continúan cada vez más fuertes. En este momento es cuando la madre interviene conscientemente, impulsada por el deseo de empujar que experimenta tras la dilatación completa98.


Pernoud99 dice que en este momento del parto se aúna el esfuerzo voluntario de la madre en la contracción, con el movimiento involuntario de los músculos uterinos para que el niño pueda salir y atravesar tanto la pelvis ósea como la blanda, adoptando la posición en que su cabeza coincida con el diámetro mayor del orificio de salida. Al atravesar la pelvis el coxis se separa y la cabeza se choca con los músculos del perineo, haciéndolo con cada contracción hasta que éste se distiende y el cráneo puede introducirse en el orificio de la vulva. Según el autor al momento de entrar el niño en la pelvis, la madre siente un enorme peso generado por la cabeza del pequeño, esta sensación la impulsa a empujar para que el bebe atraviese la vulva hasta que su cabeza se vea completa y el resto de cuerpo pueda salir con la ayuda del médico o partera.

Deutsch100 comenta que durante la etapa de expulsión la mujer se encuentra tan conmocionada por las contracciones y la necesidad de pujar que su concentración se enfoca totalmente en el proceso de parto y se reduce su capacidad para captar lo que ocurre en el exterior, se encuentra en un estado de conciencia reducido, donde los contenidos psíquicos inconscientes pueden llegar a influir el desarrollo del parto, alterando su curso, acelerándolo o por el contrario deteniéndolo.
La parturienta entra entonces en un estado de semisueño durante los intervalos de las contracciones en el cual emergen las tendencias psíquicas no resueltas relacionadas con el parto, manifestándose como sueños o alucinaciones. Generalmente la madre no recuerda claramente estos sueños después del proceso, olvidando con ellos casi toda la experiencia afectiva de dar a su hijo a luz. Según la autora con frecuencia se recuerdan claramente los acontecimientos ocurridos como si se los hubiera observado en una pantalla, despojados de las impresiones afectivas asociadas con ellos, por esto generalmente se tiene acceso a dichas vivencias y sensaciones durante el análisis, pero no siempre se logra establecer un orden temporal en los acontecimientos ni un esclarecimiento total de lo que es fantasioso o lo real.


Según Soifer101, así como durante el embarazo se movilizan contenidos inconscientes provenientes de experiencias infantiles, durante el parto sucede lo mismo. En la fase expulsiva, las tendencias de retención y expulsión posibilitan la asociación de los órganos reproductores y los excretores, movilizando aquellas fantasías infantiles que asociaban el parto con el proceso excretor.

Esta analogía también se establece a raíz de la presión que ejerce la cabeza del bebe en el perineo y el recto en este momento estimulando el reflejo anal de evacuación. La movilización de contenidos inconscientes que este estímulo genera puede afectar el curso normal del parto acelerándolo o deteniéndolo.

Cuando el periodo expulsivo finaliza y el bebe ha nacido la madre se encuentra tan exhausta que generalmente no se percata del alumbramiento, fase del parto donde se expulsa la placenta.


Las contracciones desaparecen, reanudándose después de un periodo de calma, que puede durar de 5 a 30 minutos. Las nuevas contracciones son mucho menos intensas y prácticamente indoloras; su misión es provocar el desprendimiento de la placenta. Este desprendimiento se traduce por pequeñas hemorragias, completamente normales que se producen al romperse algunos vasos sanguíneos que unían la placenta al útero. [...] Después de la expulsión el útero se contrae; sus fibras, al disminuir de longitud comprimen los vasos sanguíneos como autenticas ligaduras y la sangre deja de correr. El útero se transforma en una bolsa consistente, que puede sentirse al tacto situada justo debajo del ombligo102


De este modo ha transcurrido todo el proceso y la madre ahora puede tener al hijo entre sus brazos, para reconocerlo ya no como un ser idealizado sino real.

4.3 INVESTIGACIONES RECIENTES



El embarazo y sus diferentes dimensiones ha sido estudiado desde la perspectiva orgánica y los trastornos biológicos que afectan a la madre. En ocasiones las implicaciones psicológicas son relevadas a un segundo plano, sin embargo algunas investigaciones se centran en el estudio de factores que afectan la salud mental de la mujer, como la ansiedad y la depresión.

4.3.1 Las mujeres con trastornos de ansiedad durante el embarazo tienen un incremento del riesgo de síntomas depresivos postnatales intensos.
La investigación revelada por la Revista Europea de Psiquiatría103, realizada en el año 2004, propone una relación entre la ansiedad durante el embarazo y la depresión posparto. En el estudio se encuestaron 497 mujeres embarazadas, determinando previamente su estado psiquiátrico durante el primer trimestre con una entrevista diagnóstica estructurada. Los resultados demostraron que el 24.1% presentó un trastorno de ansiedad en el embarazo y el 5.8% presentó un puntaje mayor a 12 en la Escala de Depresión Postnatal de Edimburgo (EPDS). Por otra parte, las mujeres con ansiedad durante el embarazo tenían tres veces más probabilidades de manifestar síntomas depresivos postnatales intensos.
La pertinencia de la investigación se evidencia en promover la detección del trastorno de ansiedad en mujeres embarazadas, para prevenir la depresión postnatal.
4.3.2 Cambios del estado del ánimo durante el embarazo y el período postparto: Desarrollo de un modelo biopsicosocial104
El núcleo central de la investigación se enfocó en la influencia e interacción de variables biológicas y psicosociales, que despliegan una mayor vulnerabilidad durante el embarazo. La muestra fue de 150 mujeres que se encontraban al final del embarazo y luego de 6 semanas del parto; utilizando un modelo de integración con análisis previos de datos clínicos, psicosociales, de las hormonas y del estado de ánimo.
Los resultados demostraron que si bien no se comprueba un efecto directo sobre los síntomas depresivos en las variables biológicas, aparecen unas consecuencias indirectas sobre los estresares psicosociales y los síntomas de ansiedad. La ansiedad de origen orgánico y considerada fundamentalmente psicológica, aparece entonces como un elemento que se fusiona con aspectos biológicos influyendo en la mujer durante su periodo de embarazo. En cuanto a la fase postparto, no se probaron resultados concretos debido a que diversas variables causales pueden influir en el estado de ánimo en esta etapa.
4.3.3. La vinculación afectiva prenatal y la ansiedad durante los últimos tres meses del embarazo en las madres y padres tempranos. Un estudio preliminar.105
A nivel cultural se tiene claridad sobre los cambios que implica el nacimiento de un hijo y los ajustes propios de su llegada a la vida adulta. Sin embargo, hay un cierto desconocimiento sobre los acontecimientos que encierran la espera del hijo durante el embarazo, que se constituye como la primera parte del proceso para la llegada del bebé. En la presente investigación, se analizó el grado de satisfacción en la relación de pareja, los niveles de ansiedad y el grado de vinculación afectiva prenatal. Para tal efecto se estudiaron 9 parejas con edades entre los 26 a 42 años (mujeres y hombres), utilizando el Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad (ISRA), el Cuestionario de Áreas de Compatibilidad-Incompatibilidad en la Pareja (GSP); y el Cuestionario para la Evaluación de la Vinculación Afectiva Prenatal (EVAP).
Los resultados indicaron que no hay una relación significativa entre el grado de satisfacción de la pareja (GSP) y los niveles de vinculación prenatal. En las mujeres se apreciaron niveles de ansiedad importantes ligados a la vinculación prenatal.

4.3.4 La ansiedad materna está relacionada con los partos prematuros106.
La revista”American Journal of Epidemiology” de Estados Unidos, publicó un estudio sobre los factores psicosociales y su influencia sobre los partos prematuros (menos de 37 semanas). La muestra examinada fue de 1962 embarazadas, de las cuales el 12% tuvo partos prematuros durante los años 1996 a 2000. Los factores psicosociales incluían acontecimientos vitales, apoyos sociales, depresión, ansiedad relacionada con el embarazo, percepción de discriminación y seguridad del barrio que habitaban.
Los resultados arrojaron un gran riesgo de parto prematuro en mujeres con altos niveles de ansiedad relacionada con su embarazo, así como aquellas que vivenciaban acontecimientos inesperados y percibían ser discriminadas. Por el contrario, no se asociaron al parto prematuro el soporte social ni la depresión, sin importar su grado. Finalmente la investigación concluye que existen varios factores psicosociales que afectan a la mujer embarazada y que tienen como consecuencia la posibilidad de un parto prematuro.
5 METODOLOGÍA


El trabajo realizado es un estudio monográfico, el cual tiene como tema la ansiedad durante la gestación, analizado desde una perspectiva psicoanalítica.

La monografía se realizará partiendo de una revisión bibliográfica de textos psicoanalíticos, para analizar el fenómeno de estudio (la ansiedad durante la gestación y el parto), y tener conocimientos sobre investigaciones recientes que nos permitan ampliar el tema. Los ejes temáticos son:
1. Desarrollo psicosexual de la mujer.
2. Factores que ocasionan ansiedad durante la gestación y el parto
3. Incidencia de la ansiedad en el desarrollo de la gestación y el parto

Para llevar a cabo esta investigación nos basaremos principalmente en los textos de Helene Deutsch, Raquel Soifer, María Tereza P. Maldonado, Marie Langer y Mirta Videla, con el fin de analizar a partir de la teoría psicoanalítica el fenómeno de la ansiedad durante la gestación.




5.1 DESARROLLO PSICOSEXUAL FEMENINO Y MATERNIDAD



Deutsch107Comenta que “las grandes experiencias de nuestra vida no están aisladas sino ligadas entre si formando una larga cadena”108. Esto se aplica entre otras cosas a todos los sucesos relacionados con la sexualidad femenina, no existe una línea divisoria entre cada etapa del desarrollo psicosexual, y cada una de éstas incide en la otra. Si alguna etapa no es resuelta de manera positiva y quedan conflictos, éstos se reflejarán en las vivencias posteriores generando nuevos traumas de manera sucesiva. Si por el contrario las angustias son toleradas y elaboradas, se beneficiará la maduración de la personalidad y se tendrán cada vez herramientas mejores para afrontar y superar las vivencias nuevas. La maternidad hace parte de esta cadena, su devenir depende de lo que la precede, pero a su vez posibilita la actualización y elaboración de antiguos conflictos.

Por esto, los antecedentes personales relacionados con el desarrollo de la mujer y las vivencias con su núcleo familiar, se encuentran implicadas de manera importante en su capacidad para afrontar la maternidad con todas las transmutaciones que conlleva en su propio ser y en su entorno, y las angustias que implica.

Langer109 plantea que aunque Freud se haya fundamentado principalmente en el estudio de lo masculino, y sus trabajos acerca de la mujer hallan sido posteriormente considerados falocéntricos, son el punto de partida para los descubrimientos realizados más adelante y poseen un gran valor, pues gracias a ellos psicoanalistas posteriores como Karen Horney y Melanie Klein, entre otros, quienes por su condición femenina tenían la posibilidad de acercarse más y con una visión diferente a ésta problemática, y con las influencias del pensamiento de una época diferente a la que Freud vivió, donde se tenía una perspectiva más amplia de lo femenino y existían menos prejuicios hacia la mujer, pudieron evaluar los conocimientos que ya se tenían, enriqueciéndolos además con otros planteamientos.

La autora110 comenta que Freud amplió el concepto de lo sexual al hablar acerca de las zonas erógenas, dando a conocer el hecho de que la sexualidad no hace referencia únicamente a la genitalidad, y a través del desarrollo, siguiendo un orden determinado, el placer sexual se concentra en diferentes zonas del cuerpo relacionadas con funciones orgánicas fundamentales para la supervivencia. Además, este placer se desliga de la función que cumple la zona donde se concentra, siendo buscado de manera independiente.

En un primer momento el placer se encuentra ubicado en la boca y se obtiene mediante la succión, que además de proporcionar placer es el medio por el cual el bebe obtiene el alimento. Posteriormente tras la dentición, el placer se obtendrá también a través de la masticación.

Aproximadamente a los tres años de edad, el placer es transferido y concentrado en la zona anal. La defecación es un acto placentero para el niño. Primero este placer se relaciona más con la expulsión de las heces fecales, y posteriormente con la retención de éstas. El niño asocia inconscientemente el excremento con un objeto importante que genera sentimientos de ambivalencia, “el niño quiere retenerlo por estimarlo y expulsarlo con intenciones destructivas por odiarlo y temerlo”111. Al comienzo de esta fase los sentimientos son más negativos por lo que la tendencia es más expulsiva, pero luego se vuelve retentiva al ser apreciado el objeto en mayor medida.

Al finalizar el cuarto año de vida el niño entra en la siguiente fase, denominada fase fálica. Este es el momento en que comienza para Freud a diferenciarse el desarrollo psicosexual masculino y femenino.

Langer112 comenta que para Freud, el comportamiento sexual de la niña anterior a la fase fálica es idéntico al del sexo masculino, antes de dirigir su interés hacia el padre, tenía como objeto libidinal a su madre, o alguna figura femenina que la sustituyera. Pero a diferencia del varón, la mujercita debe desviar su interés hacia el padre para que pueda darse lugar a la elección de objeto heterosexual.

Durante esta etapa se da un incremento de la masturbación que es acompañada de fantasías referidas inicialmente por ambos sexos hacia la madre. En el niño esto genera rivalidad con el padre a quien desea sacar del camino para ocupar su lugar. A su vez, el niño teme que el padre lo castigue por sus deseos y sea sobre él mismo que éstos caigan, generándose el temor a la castración, que induce la renuncia a la madre y a la masturbación, y promueve la formación de la conciencia sexual y el superyó. Además al percatarse de la falta de un órgano masculino en la mujer considera que esta ya fue castigada y castrada.
La niña, quien debido al desconocimiento de su órgano sexual interno (la vagina), concentra su pacer en el clítoris, y cuyas fantasías se han dirigido hacia la imagen materna, deberá cambiar ahora de objeto libidinal. Éste cambio es suscitado gracias a que ella se percata de su falta de pene, lo que le ocasiona una profunda envidia y resentimiento. Considera que fue mutilada como castigo y espera que su clítoris llegue a crecer y convertirse en un órgano sexual masculino.

Según Langer113, Freud justifica el hecho de que la niña se aparte de su madre, basándose en varios reproches que considera ésta le hace: la acusa de haberla despertado sexualmente mediante sus cuidados, para luego despreciarla por la masturbación; de no haberla amamantado lo suficiente; de haberla desplazado por el nacimiento de otros hijos; pero sobre todo, le reprocha el hecho de no haberle dado un pene, y más aún cuando se percata de que su madre tampoco tiene uno, pues hasta ese momento había sido para ella una madre fálica. La niña que antes jugaba a la madre y la hija, ahora involucra en sus juegos la imagen paterna, con quien ella tiene los hijos.

Al creer la niña que su órgano sexual ya ha sido mutilado, Freud considera que le falta el motivo para renunciar a su padre y configurar la consciencia moral y el superyó. “La niña queda ligada a su padre esperando recibir de él el pene anhelado. Poco a poco transforma este deseo en otro: recibir, como regalo del padre, un niño. Con el tiempo se da cuenta de que el padre no puede satisfacer sus deseos, se desilusiona de él y se aleja poco a poco, quedando el camino libre para otra elección de objeto”114.

La autora comenta que posteriormente, en la pubertad son revividas todas las fantasías sexuales infantiles que habían sido presas de la represión durante el periodo de latencia. La menstruación es el motor de dicha reminiscencia. Para Freud durante la pubertad la mujer aún desconoce la existencia de su vagina, y por esto el placer sexual se concentra en el clítoris.

Helene Deutsch115 por su parte, divide lo que ella llama prehistoria de los procesos de la reproducción en dos periodos, la fase infantil y la fase púber. La autora considera que la vida sexual adulta de la mujer se encuentra determinada por los mismos medios que durante la infancia el niño empleó como medio de placer, las tendencias de incorporación, retención y expulsión (ya mencionadas por las teorías Freudianas),que se relacionan entre sí con fines, formas de expresión e implicaciones conductuales diferentes en cada fase del desarrollo. Cada tendencia es a su vez asociada con las experiencias obtenidas a través de la relación con el entorno, adquiriendo significaciones psicológicas y generando reacciones emocionales. Además, debido a estas tendencias se configuran analogías entre las fases del desarrollo, presentándose relación inconsciente entre diferentes funciones biológicas como por ejemplo la defecación y el parto, y la alimentación mediante la succión y el coito, puesto que la función receptora de la boca es análoga a la de la vagina.

Desde este punto de vista, la reproducción es un brote de actividad altamente diferenciado que se acompaña de elementos regresivos. (...) De esta forma surge una interacción: los acontecimientos del proceso reproductivo tienen su preludio en fantasías infantiles y los sucesos de la infancia influyen más o menos en la ulterior función reproductora. Las funciones de incorporación, eliminación y retención constituyen los puntos de unión116.


La autora117, apoya la idea de Freud acerca del desconocimiento por parte de la niña de sus órganos sexuales internos, y la configuración de fantasías sobre la reproducción relacionadas con las funciones digestivas. Estas fantasías pueden tener contenidos positivos o negativos, en cuyo caso se refieren a ideas amenazantes y de destrucción, como si se tuviera en el interior a un enemigo atacante, temor que puede manifestarse a través de vómitos, diarrea o estreñimiento. Siguiendo la misma línea imaginaria los niños consideran que la concepción se realiza mediante la boca y el parto ocurre por el ano, pecho, ombligo o cualquiera de los orificios corporales. El tamaño del bebe y el pene se relacionan con el tamaño de dichos orificios.

A diferencia del niño que puede manipular su órgano sexual y desviar hacia éste sus intereses, fantasías, placer, y temores, la niña no tiene esta posibilidad y debe llevar sus intereses hacia el interior de su cuerpo, feminizándose y concentrándose en la idea del niño. Ésta es para Deutsch la pauta que marca la diferencia entre el desarrollo psicosexual de ambos sexos. La dirección de los intereses masculinos hacia su órgano sexual exterior, y la elaboración por parte de la mujer del problema de la reproducción, “el niño”, debido al desconocimiento de sus órganos sexuales internos.

Langer118 comenta al respecto, que la autora en cuestión, aunque reconoce la envidia fálica, no le adjudica tanta importancia para el desarrollo de la mujer y no la toma como causa principal de posteriores trastornos neuróticos. Considera que la niña reacciona ante la falta de pene más que con envidia, con una actitud pasivo masoquística respecto a sus deseos eróticos, contraria a la del varón que es activo agresiva. Esto conlleva otro problema puesto que debido al desconocimiento de su vagina, ahora también le falta el órgano mediante el cual desplegar sus tendencias pasivas. Esta doble falta fue denominada por la autora como “trauma genital.

Deutsch119, difiere de la posición donde el deseo del pene se transfiere al deseo de un niño como una formación sustituto, ella piensa que no en todas las mujeres se da este paso como compensación por considerarse anatómicamente inferiores y dice al respecto: “durante la infancia y la pubertad las cosas no existentes no pueden ser una compensación [el niño no es aún una realidad materializada], y durante la fase de la reproducción el niño adquiere una significación nueva que brota de otras fuentes”120. Además una de las analogías que la niña puede hacer es la del pene con el niño, a los que puede considerarse como parte del interior del cuerpo. Durante las fases infantiles del desarrollo, los excrementos, el pene y el niño constituyen para el inconsciente femenino partes del cuerpo de la mujer que son poseídas o deseadas e indiferenciadas, por lo que el niño es tan solo una fantasía que no tiene nada que ver con la experiencia real posterior de la maternidad y el anhelo realmente maternal. En este momento tanto el deseo del niño, como el deseo del pene generan sentimientos de envidia y frustración por su carácter imposible.
La niña va liberándose paulatinamente de su dependencia hacia la madre, inicialmente promovida por “esfuerzos activos del yo”. Comienza imitándola en todas sus actividades e incluso invierte los papeles entre ambas adoptando ella la posición de adulta y poniendo a su madre en el lugar de la hija, esto también ocurre en sus juegos con muñecas y con otras personas

Desea hacerle a su madre todo lo que ella le hace, e incluso desea satisfacer a través de su madre sus “tendencias maternales agresivas”, consiguiendo esa satisfacción en el juego con sus muñecas y por medio de las fantasías de destrucción materna. Las tendencias instintivas mencionadas anteriormente de incorporación retención y expulsión, también están involucradas en este paso de la pasividad a la actividad, y las fantasías concomitantes, expresándose en el juego. Estas fantasías también pueden hacer referencia al padre, excluyéndolo de la escena familiar, como si la niña tuviera un hijo con la madre, la cual puede asumir el papel activo o pasivo en la relación fantaseada. Esta actividad y la colaboración de la madre para su despliegue, beneficia la femineidad en la niña y la acelera.

Deutsch121, plantea que luego de esta “prehistoria de la maternidad”, se da lugar al comienzo del complejo edípico. Ahora la idea de recibir un hijo de la madre se transfiere al padre. Aún reinan las fantasías acerca de la concepción y parto por medio de las funciones digestivas y la madre se convierte en una rival.

La niña pequeña se interesa por los asuntos de la reproducción debido al nacimiento de un hermano menor real o fantaseado, puesto que aunque su madre no haya estado realmente embarazada, y no se haya dado la llegada de un nuevo hermano, el subconsciente asume que estos hechos han ocurrido. La niña mayor en sus fantasías crea la idea de un hermano mayor, de preferencia hombre, que desapareció antes de que ella naciera. En el caso de que realmente la madre antes haya tenido algún aborto, o un hijo que muriera, la niña asume la culpa de tal hecho y trata de compensar la pérdida. Si estos acontecimientos de manera fantaseada o real tienen lugar después, se genera una culpa aún mayor al ser asumida como una acción criminal. Es importante tener en cuenta que el mundo fantaseado de los niños tiene para ellos un carácter bastante real.

Posteriormente, durante la pubertad comienza lo que Deutsch122 denomina “la segunda prehistoria de la maternidad”, que se caracteriza por los cambios biológicos de la mujer. Las fantasías sexuales de la infancia se encuentran en el inconsciente y son movilizadas por la aparición de la menstruación.

Pese a que la púber se encuentre biológicamente preparada para ser fecundada, aún le falta madurez psicológica y la “fuerza del yo” necesaria para poder afrontar los avatares de la maternidad. Aún debe dejar los vestigios del complejo edípico y desarrollar su yo. En este momento la tendencia maternal pertenece a la fantasía, y en caso de que se despliegue de manera activa mediante el cuidado de otros niños pequeños, (hermanitos, vecinos...), es solo una manifestación de la identificación e inversión de papeles que se hacía con la madre en la niñez, que puede expresar tanto la predisposición a la maternidad, como una inhibición en el desarrollo que más adelante generará dificultades con ésta. La púber no se encuentra preparada para asumir por si misma las responsabilidades que implica la maternidad, solo puede realizar actividades de esta índole si otra persona es quien tiene la responsabilidad real y ella es algo así como su asistente, pues necesita tener una figura maternal real con quien identificarse constantemente para poder asumir ella misma el papel maternal. Sólo al alcanzar la fase adulta de la tendencia maternal, la mujer puede ser una madre independiente.


Si observamos los juegos y ocupaciones de las muchachas pequeñas, nos damos cuenta de que aquellas que durante largos periodos o repentinamente se interesan por los niños más pequeños son también las que se encuentran más ligadas a sus hogares y son más pasivas. La muchacha activa suele igualmente entregarse a una actividad maternal y se identifica con su madre, pero pronto se fatiga de este papel, (...), y se dirige a otras ocupaciones. Esto es cierto en la primera infancia e incluso todavía más en la prepubertad.123


Cuando durante esta época nace un hermanito, puede movilizarse la tendencia maternal activa inmadura debido, no al sentimiento maternal en sí, sino a una especie de rivalidad con la madre y resentimiento hacia ella por encontrarse en la situación real que la púber debe esperar para poder tener.

Para que la niña se desarrolle sanamente, requiere que otros intereses y ocupaciones le eviten identificarse excesivamente con su madre y no se quede fijada en esta fase. De ser así adquirirá un carácter pasivo de manera progresiva y tenderá a repetir en la adultés los conflictos de la pubertad. La realización prematura de la maternidad es sumamente peligrosa para la púber, (ya sea por el nacimiento de un hijo propio, o el cuidado de uno ajeno), pues suele perturbar su desarrollo y evitar que adquiera la tendencia maternal independiente y madura.


Muchas mujeres permanecen siendo madres asistentes durante toda su vida, pues en ellas el proceso de maduración ha sido inhibido por alguna razón, lo mismo que existen innumerables madres que hace tiempo han pasado la fase de la pubertad, pero cuya maternidad aún permanece en esa fase. (...)
Al verdadero tipo maternal pertenecen aquellas muchachas que, sin ser neuróticas y masoquistas, muestran una predisposición emotiva para subordinar el instinto de autoconservación a los sentimientos altruistas.124
Langer125, cita las apreciaciones de Karen Horney respecto al desarrollo femenino donde se expresa, como se pudo observar en los planteamientos de Deutsch, el desacuerdo con la gran incidencia de la envidia fálica en la psique de la mujer:


La autora critica como anfibiológica la posición psicoanalista contemporánea de tomar como axiomática la envidia fálica. De ser cierto que todas las mujeres están dominadas en su inconsciente por la envidia del pene, la mitad de la raza humana estaría desconforme con su sexo y este supuesto descontento no podría ser vencido en otra forma que individualmente y bajo circunstancias esencialmente favorables126.


Horney, coincide con Deutsch en que la mujer no reconoce sus órganos genitales internos hasta la edad adulta y por lo tanto no logra saber la importancia de éstos para su femineidad durante mucho tiempo. Sin embargo esta autora considera que la mujer asume una posición femenina desde muy pequeña, y que durante la infancia sí llega a percibir sensaciones vaginales, pero luego las reprime debido a las angustias que le generan relacionadas con sus deseos incestuosos, desconociendo entonces la existencia de sus órganos sexuales internos., “y por esto no comprende que tendrá de adulta tanta capacidad de goce como el varón y que obtendrá una gratificación específicamente femenina e importantísima en la maternidad”127. Además dice que la niña no puede cerciorarse, como si lo hace el varón, de que sus órganos sexuales no han sufrido ningún daño, pues no puede verlos y que la envidia por el pene sólo puede llegar a tener consecuencias negativas en la mujer si ésta no logra identificarse de manera positiva con su madre, inclinándose por la virilización.

Otra importante psicoanalista, Melanie Klein, a diferencia de Freud plantea la existencia de un complejo de Edipo temprano que tiene lugar durante la primera infancia.

Segal128, comenta que éste está implícito en la fase de la posición depresiva, pues en esta es donde se transforma la relación con el objeto de parcial a total y donde los niños se encuentran preparados para advertir la relación parental.

Al inicio los niños perciben esta relación como la “fantasía de los padres combinados”. En esta fantasía el padre no se reconoce aún como objeto independiente de la madre, haciéndola poseedora de todo lo que los pequeños desean para sí mismos, el pecho, los bebés y los penes.

Posteriormente ambos miembros de la pareja comienzan a diferenciarse, habiendo fluctuaciones en la relación de amor y rivalidad con cada uno de ellos. Inicialmente para ambos sexos el objeto deseado es el pecho materno, rivalizando por este con la figura paterna, hasta que el pene es apreciado como otro pecho de gran valor.


Para la niñita, esta primera aproximación oral al pene es una paso hacia la heterosexualidad, que prepara el terreno para la situación genital y el deseo de incorporar al pene en su vagina. Pero al mismo tiempo contribuye a sus tendencias homosexuales en la medida en que, en este estadío del desarrollo, el deseo oral se vincula con la incorporación y la identificación, y el deseo de ser alimentada por el pene se acompaña del deseo de poseer un pene propio.129


Langer130, dice al respecto que esta primera idea que los niños se hacen acerca de la relación entre ambos padres es de carácter oral, pues la oralidad marca en este momento la pauta de interacción del infante con su madre y el medio. Los pequeños consideran que los padres se alimentan mutuamente con los senos y el pene. Por esto cuando la niña se siente frustrada considera que el alimento negado a ella por su madre, lo ha tomado el padre. Además asocia el pene con un pecho mejor de los que su madre posee. De esta manera rivaliza con el padre por tomar de la madre lo que debería ser para ella y con la madre por recibir de ese pene – pecho fantaseado, penes hijos y leche. Al igual que en los planteamientos Freudianos, a medida que los niños se desarrollan erotizan diferentes zonas de su cuerpo hasta alcanzar la genitalidad.


El anhelo de recuperar la temprana relación con el pecho se transforma en el deseo de unión genital, y los sentimientos depresivos relacionados con el daño que el niño siente que ha infligido al cuerpo de la madre y a su pecho estimulan el desarrollo de tendencias genitales, y con ellas el deseo de restaurar el cuerpo de la madre mediante un buen coito que le restituya el pene y los bebés, y llene sus pechos de leche. Esta relación con la madre se puede sentir predominantemente como relación con un objeto externo, y en ese caso ella se convierte en un objetivo de deseos genitales heterosexuales en el varón y homosexuales en la niña; o bien, estos deseos se pueden dirigir principalmente hacia la madre interna, con quien el niño se identifica. En este ultimo caso, el deseo de restaurar a la madre mediante la genitalidad incrementa los deseos heterosexuales en la niña y homosexuales en el varón.
A medida que avanza el desarrollo va predominando el fin genital, y con su predominio fluctúa cada vez menos la elección entre ambos padres. Se hace una elección más duradera y definida del progenitor del sexo opuesto como objeto de deseos libidinales a la vez que aumenta la rivalidad y la identificación con el progenitor del mismo sexo.131


Según Langer132, al rivalizar con la madre la niña quiere despojarla de los contenidos internos que ha obtenido del padre y destruirla por dentro. A su vez teme la venganza materna siendo ella quien reciba aquellos males. A diferencia de la concepción Freudiana donde el temor se refiere a la castración del pene, el temor femenino planteado por Klein, es a la destrucción de los órganos internos. De acuerdo con esto la niña experimenta angustias más fuertes que el varón al no poder verificar que sus órganos genitales se encuentren en buen estado.

Además la autora tiene una posición contraria a la de Freud respecto a la constitución de la conciencia moral en la mujer:


...las tendencias receptivas femeninas la llevan a una mayor introyección de sus padres, es decir, a un superyó o conciencia moral más intenso que el varón. Además la inseguridad frente a su interior y la necesidad de dominar sus contenidos malos la llevan a desarrollar un agudo poder de observación y visión psicológicas junto con un cierto arte e inclinación hacia el engaño y la intriga. Su mayor dependencia de su superyó la obliga a ser altruista y dispuesta a sacrificios. Sus temores de haber dañado el interior del cuerpo materno y de haber sido castigada en la misma forma la llevan a tratar de dar a luz hijos hermosos y alimentarlos, sea en realidad o en forma de sublimaciones133


Deutsch134, comenta que a pesar de tener la mujer la madurez requerida para ser madre, su maternidad puede verse perturbada debido a los temores y fantasías infantiles inconscientes, que entran en oposición con la realización de un deseo, (ser madre) que puede ser ferviente y firme en el plano consciente, pero inconscientemente genera una fuerte culpa y temor.

Langer135, se refiere a las teorías de Melanie Klein para explicar las fantasías implícitas en los conflictos con la maternidad. Comenta que existen dos tipos de fantasías, las primeras pertenecientes a la posición esquizo-paranoide, y las segundas a la posición depresiva.

En las primeras fantasías el feto adquiere el significado de algo valioso que le fue robado a la madre (el pene del padre, el hijo, etc.), cuando debido a la rivalidad con ella se la quiso despojar de sus contenidos internos. La angustia generada por esta fantasía es paranoide porque genera el temor a la retaliación materna. En este caso el hijo puede ser concebido, según Videla, como una trampa que la madre ha puesto:


De este modo el embarazo podría representar un castigo o una tortura a la que la somete la madre por sus goces infantiles agresivos (...). El hijo suele aparecer como un monstruo dentro de ellas que las consume o las devora, a veces, en sueños el hijo aparece representado como un cangrejo o una piraña devoradora. Representa así sus propios deseos infantiles o sus exigencias frente a la madre que vivió como monstruosas en su fantasía136


Langer continúa diciendo que estos temores pueden manifestarse mediante diferentes somatizaciones que en algunos casos ponen en peligro la vida de la madre y el feto, y en otros cuando son demasiado potentes, pueden incluso llevar inconscientemente a la mujer a evitar la concepción por diferentes medios, desde el temor a la desfloración, hasta la esterilidad psicógena, e incluso el aborto espontáneo

Las fantasías pertenecientes a la posición depresiva se relacionan con tendencias reparatorias. Se desea reparar a la madre destruida devolviéndole lo robado a través del nacimiento de un hijo sano.



5.2 ANSIEDAD EN LOS TRES TRIMESTRES DE LA GESTACIÓN



5.2.1 Ansiedades del primer trimestre de gestación.

Las ansiedades referidas al primer trimestre de la gestación se relacionan principalmente con la noticia del estado de preñez y su asimilación.

Respecto a la percepción de la gestación por parte de la mujer Deutsch137 dice que tras la concepción todo el organismo femenino se revoluciona, pero en su experiencia como psicoanalista sólo aquellas mujeres que estaban buscando ser fecundadas remiten haber sentido el momento en que ocurrió la fecundación.

La autora manifiesta que desde el momento en que el espermatozoide se une al óvulo psique y soma se movilizan de manera interactiva, para promover y proteger el desarrollo del nuevo ser. El organismo se reajusta para que el embrión pueda formarse y lograr desarrollarse, y al mismo tiempo moviliza los procesos psicológicos de la mujer dando lugar a la expresión sintomática de conflictos preexistentes y a una actitud relacionada con la preparación para ser madre.

Maldonado138 comenta que la mujer puede percibir en un nivel inconsciente las transformaciones bioquímicas y orgánicas que genera en su interior el comienzo de la gestación, y manifestar esta percepción mediante contenidos oníricos. El caso contrario donde la embarazada no se percata su nuevo estado, puede deberse según la autora, a falta de sintonía con el propio cuerpo, o la incidencia de irregularidades con el ciclo menstrual.

Es a partir del momento de esta percepción _ consciente o inconsciente – de la gravidez, que se inicia la formación de la relación materno-filial y de las modificaciones en la red de intercomunicación familiar. Es en este momento
también que se instala la vivencia básica de la gravidez que se va a manifestar sobre diversas formas en el decorrer de los tres trimestres y después del parto...139


Una importante manifestación de la preñez es la introversión. La autora140 comenta que este fenómeno se presenta desde el comienzo de la gestación como una tendencia en la mujer a encontrarse más ensimismada, lo cual puede llegar a molestarla y angustiarla por no tener la disposición de antes para la realización de sus actividades cotidianas, su interés y participación interna en la interacción con el ambiente se ha desviado, “se dirige ahora a aquella parte del yo de la madre que psíquicamente representa a la revolución biológica materializada en el feto”141 La mujer debe encontrar entonces el equilibrio entre la tendencia a la introversión y su necesidad de interactuar con el ambiente para poder tener una gestación tranquila y satisfactoria.

El hijo para la madre es en este momento una fantasía por cumplir al culminar la gestación, en la cual la mujer vuelca todo su interés, éste según la autora, hace parte de la fase preliminar de lo que será más adelante la tendencia maternal afectiva. Al ser un objeto fantástico e idealizado, el niño es al igual que biológicamente, psíquicamente parte de la madre. “Por una tierna identificación, al percibir el fruto de su cuerpo como parte de sí misma, la mujer preñada es capaz de transformar el “parásito” en el ser amado”142. De esta manera se cumple el deseo de sentir nuevamente la unidad vivenciada con la madre cuando se estuvo en su vientre.

Soifer143 dice al respecto que el estado de retraimiento, acompañado de un mayor requerimiento de sueño por el organismo (hipersomnia), es promovido por la percepción de los cambios en éste, cuya causa es desconocida. El reposo contribuye a apartar los estímulos internos y externos para disminuir la angustia que la incertidumbre ocasiona. Este estado puede comenzar a manifestarse desde la segunda semana de embarazo, y aunque es casi imperceptible genera impacto en la familia por el cambio de actitud de la mujer, especialmente si tiene hijos pequeños, cuya conducta también puede modificarse como manifestación de ansiedad.

La expresión de conflictos preexistentes se efectúa mediante síntomas que pueden ser de índole somática o psíquica, a través de los cuales la mujer manifiesta la ansiedad que la revolución de su organismo, (a la que Deutsch hace referencia) le genera. Los síntomas se encuentran íntimamente relacionados con contenidos psíquicos inconscientes, temores y fantasías provenientes principalmente de la infancia, que posteriormente fueron reprimidos y ahora se movilizan y manifiestan.


Estas fantasías tienen un carácter muy típico, y son alimentadas principalmente por este grupo de impulsos infantiles que acompañan a las diversas fases de la vida instintiva infantil. La incorporación oral y la expulsión, la retención y la evacuación, la acción agresiva –todos estos impulsos primitivos que acompañan a funciones somáticas definidas, desde el comienzo están relacionados con tendencias psíquicas elementales determinadas. Desempeñan un papel importante en los procesos biológicos del embarazo y dominan gran parte del dinamismo psíquico de este estado144.


Según Soifer, estas fantasías edípicas generan ansiedades persecutorias. “La vivencia persecutoria es que alguien pueda arrebatarle el hijo soñado y demostrarle que se trata de una fantasía y no de un embarazo real; o bien que el embarazo tan deseado implique la pérdida de la propia madre, por haberse concretado la fantasía infantil envidiosa: tener el hijo y que la madre esté destruida”145 Esto ocurre en especial cuando la madre de la mujer experimentó algún daño en la vida real, murió, tuvo abortos, enfermó de gravedad; ó hay un conflicto manifiesto en la relación de ambas agudizándose los síntomas.

Videla146 comenta que durante la gestación, la pareja reaviva el conflicto triangular vivido durante la infancia en la relación con sus propios padres:


Frente al hijo los padres reeditarán los mismos afectos encontrados, los mismos impulsos conflictuales que vivió en una primera edición, durante su infancia, en el curso de la relación con sus padres: es lo que se ha dado en llamar “el complejo de edipo en espejo”, puesto que lo que distingue a uno del otro es simplemente diferente posición, el distinto vértice que ocupan en el eterno “triángulo edípico147.


Estos conflictos son precisamente los que pueden generar en una mujer que biológicamente se encuentra en condiciones de tener un hijo, los trastornos físicos. Sus conflictos inconscientes pueden trastornar el desarrollo positivo de la gestación, a pesar de que conscientemente la mujer quiera ser madre, es un conflicto de ambivalencia, un querer y no querer, como lo nombra la autora, que logra expresarse sintomáticamente. Además de los trastornos somáticos pueden presentarse manifestaciones psicológicas como miedos, ansiedades, fobias y trastornos psicosexuales, como la frigidez.

Langer148 plantea que pese al carácter común de la presencia de trastornos durante la gestación, que ha llegado incluso a adjudicarles un matiz de normalidad, éstos no están implicados en la preñez de manera inminente e indican además de los conflictos infantiles mencionados, otros relacionados con la femineidad y la función maternal, generados en parte por la identificación con otras mujeres que han vivido su condición femenina de manera trastornada y traumática.

La identificación con la propia madre tiene una importante influencia en el desenvolvimiento de la gestación. Cuando las hijas han tenido como referente madres poco temerosas frente al embarazo y parto, presentan menos angustias durante su gravidez. Así mismo, aquellas cuyas madres se quejaban de dolores y temores respecto a la femineidad, suelen padecer los mismos miedos y manifestaciones somáticas.
Además durante la gestación y el parto la mujer suele repetir su primera relación con la madre. Citando a Deutsch, Langer comenta: “La mujer en cinta se identifica con el feto, reviviendo así su propia vida intrauterina (...). Además, el feto representa para el inconsciente de la mujer embarazada a su propia madre y especialmente a su superyó materno, y así su relación ambivalente con la madre es revivida con su hijo futuro”(p182). Debido a esta doble identificación el feto también es temido al proyectar en él la propia voracidad infantil, generando el temor de ser devorada o destruida por éste, en retaliación por haber deseado para la propia madre aquellas vivencias.

Deutsch149 plantea que el feto se desarrolla dentro del cuerpo materno como un parásito, vive de éste, y por tal razón los sentimientos de aceptación o rechazo que hacia él se tengan incidirán fuertemente en el desarrollo de la gestación. ”En tanto el deseo positivo psicológico para el amor y el sacrificio masoquista, y en tanto la identificación maternal no se eleve por encima de la significación parasitaria del feto, este seguirá siendo un perturbador psíquico y en ciertas circunstancias físico”150.

La mujer entonces debe tener una buena disposición para desempeñar el papel de dadora que implica la maternidad, de no ser así los sentimientos por su hijo serán angustiantes, como si este la estuviera devorando por dentro, promoviendo las tendencias expulsivas con el peligro de poner en riesgo la gestación, y la misma salud de la madre. Para que dicha disposición tenga lugar, es necesario que la mujer reciba amor, apoyo y tranquilidad por parte de quienes la rodean y especialmente de sus seres queridos.

La autora se apoya en las investigaciones antropológicas realizadas por Margaret Mead, en las cuales comparó diferentes sociedades comprobando que muchas de las manifestaciones somáticas en la preñez se relacionan con la forma en que cada grupo social concibe el embarazo. “En las sociedades que consideran que el embarazo debe estar acompañado de náuseas y el parto de dolores y peligros, la mayoría de las mujeres embarazadas sufre efectivamente de estados nauseosos y tiene partos difíciles, mientras que en otras sociedades que no rodean de tabúes y peligros a la mujer en este estado, los embarazos y partos suelen transcurrir con facilidad y sin mayores incidentes”151. Esto también es un indicador de la condición biopsicosocial del proceso de gestación, cuyo desarrollo es multifactorial y a través del cual la mujer experimenta ansiedad de diferente índole

Soifer152 considera que otro factor influyente en la presencia de trastornos, especialmente durante los primeros meses de preñez, es la necesidad de confirmar y reafirmar que se esperando un hijo, es una manera de expresar la ansiedad y evidenciar el embarazo. Esto se confirma por casos en los que el síntoma desaparece ante los movimientos fetales, los cambios corporales evidentes, o la confirmación médica del estado. Maldonado153 dice al respecto que en algunos casos la mujer tiene la sensación de que el feto no se encuentra lo suficientemente anidado en el útero, generándose fantasías de aborto que pueden propiciar actitudes riesgosas para el embarazo como la realización de actividades que involucran movimientos corporales bruscos, exceso de actividades físicas, o una propensión a caerse fácilmente. También es posible que la tendencia al aborto sea disfrazada mediante un mecanismo de formación reactiva, manifestándose una excesiva autoprotección.

Videla, también considera los trastornos de la preñez como manifestaciones de un conflicto entre sentimientos ambivalentes, pero sugiere darle una mirada diferente a la del rechazo al hijo, la cual es acusatoria y ha sido la causa de sentimientos de culpa en muchas mujeres. La autora propone ver esta sintomatología como indicadora de un conflicto con la maternidad. “...los síntomas son indicadores de un conflicto en la pareja con respecto al hijo que se está gestando y lo que éste significa, moviliza o representa para ambos. El síntoma aparece así no como un elemento de menosprecio hacia la personalidad de la mujer gestante (...),sino como una especia de señal mediante la cual la mujer y/o la pareja, nos indican su necesidad de comprensión, entendimiento y ayuda, en ese difícil momento por el cual atraviesan”.154

Maldonado155 plantea que ningún embarazo es totalmente aceptado o rechazado, y aunque alguno de los dos sentimientos sea el predominante, el otro siempre se encuentra presente, dice además que esta ambivalencia caracteriza normalmente todas las relaciones interpersonales de nuestra vida, las relaciones humanas son complejas e involucran una mixtura de sentimientos por las otras personas, nunca se siente por alguien solamente amor, o solamente odio. Por otra parte la gravidez trae consigo grandes cambios interpersonales e intrapsíquicos que implican pérdidas y ganancias, lo cual justifica la presencia de sentimientos opuestos respecto a esta experiencia.

La autora también comenta que el mayor o menor peso que los sentimientos de aceptación o rechazo tengan para la mujer depende del contexto en el que se encuentra durante el embarazo, el apoyo que perciba de su entorno, el hecho de haber planeado y deseado o no la maternidad, la situación de pareja, la situación económica, antecedentes de abortos, entre otros, son factores que inciden en el grado de ansiedad experimentado por la mujer y la forma de pensar y sentir su preñez.

Deutsch156 adjudica la presencia de náuseas y vómitos a diversas causas inconscientes como son viejos sentimientos de repugnancia hacia la preñez; ideas de la infancia y la pubertad relacionadas con la penetración oral y la expulsión que son revividas a través de las náuseas; y principalmente emociones hostiles hacia el feto o el embarazo, la autora comenta que el síntoma se hace más potente, cuanto más fuerte e inconsciente es el sentimiento de hostilidad.

El hambre insaciable, los antojos, la inapetencia, las molestia gástricas, y el disgusto por algunos alimentos y aromas, se relacionan con el mismo fenómeno que ocasiona las náuseas, el “conflicto entre destrucción y conservación del embrión”157. Mientras que el vómito es un acto a través del cual la madre satisface tendencias expulsivas conservando aún a su hijo, la ingestión de alimento le posibilita satisfacer sus impulsos destructivos al procesarlo con los dientes, pero también permite que realice una reincorporación simbólica, como si la fecundación se repitiera mediante la ingestión de ciertos alimentos.

Langer manifiesta que la ambivalencia entre el deseo y rechazo que genera la gestación, expresa las tendencias expulsivas de manera simbólica, y no las lleva a cabo en la realidad, precisamente por la contraposición que le hace al rechazo, el deseo de continuar gestando al hijo. Además incide la identificación de la gestante con el feto, “que ocasiona una profunda regresión a la primera infancia, y por ello en sus trastornos recurre a los mecanismos por los cuales ya el lactante rechaza lo que le es desagradable o nocivo, es decir, los vómitos y la diarrea”.158.

Según Soifer159, las náuseas y vómitos también se relacionan con la idea de “no poder dar a luz y criar un hijo”, y comenta que esto se debe a que el desconocimiento del hijo y sus necesidades atemorizan a la gestante.

Maldonado160 comenta que la etiología de los vómitos no puede adjudicarse exclusivamente a factores hormonales y químicos del organismo porque estos síntomas no se presentan en todas las grávidas, existen culturas donde este fenómeno es desconocido durante el embarazo, al igual que en otras especies de animales.

La autora menciona algunas investigaciones donde aparecen factores psicológicos involucrados con estos síntomas. Robertson (1946) encontró una mayor intensidad de las nauseas y los vómitos en mujeres con alto grado de dependencia materna. Rosen (1955), al indagar la relación entre la tensión emocional y estos trastornos, encontró que los síntomas en mujeres capaces de resolver las situaciones de tensión emocional de manera satisfactoria, presentaban menos intensidad, que en aquellas cuyo grado de tensión era mayor. Cohen (1959) descubrió en su estudio que las mujeres que vomitaban tenían un índice mayor de masculinidad en los rasgos de personalidad. Chertock (1963) halló relación entre los sentimientos ambivalentes respecto a la gravidez y la intensidad de los vómitos y nauseas. Su investigación también dio cuenta de una correlación positiva entre sentimientos de desagrado respecto a los primeros movimientos fetales, y la presencia de estos síntomas, así como una correlación negativa entre ellos y el apoyo de la pareja.
Los antojos se relacionan con el aumento de peso durante la gravidez, que en algunos casos puede excederse poniendo en riesgo la salud de la mujer y del feto. Maldonado161 plantea que durante el primer trimestre, el aumento de peso puede ser asociado por la gestante con el buen desarrollo de su hijo, tendiendo entonces a propiciarlo. La ingesta excesiva de alimentos también puede constituir un mecanismo de defensa contra las fantasías de ser devorada por el feto obrando como compensación de lo que éste le esta quitando a la madre; ó ser la expresión de una protesta por las privaciones que la maternidad conlleva, provocándose satisfacciones orales.

Deutsch expresa que la manifestación del conflicto de ambivalencia por medio del aparato excretor como estreñimiento o diarrea, ocurre debido a una analogía que se realiza entre el niño y las heces fecales. “...el contenido del tubo intestinal y el niño son generalmente idénticos en las fantasías infantiles. Parece que el inconsciente de la mujer preñada restablece más fácilmente esa identidad que la del feto, desconocido como objeto, como el niño que la madre está dispuesta a amar en el futuro.”162 Este síntoma ocasiona el peligro de que se desencadene un aborto espontáneo.

Soifer163 dice al respecto que la diarrea y el estreñimiento son relacionados por la mujer con el aborto real y por ello la llenan de angustia, además a través de estos síntomas la gestante discrimina sus contenidos internos buenos y malos, expulsando éstos y conservando consigo el hijo como representación de lo bueno.

El aparato respiratorio también puede ser el medio para la manifestación de conflictos. Langer164 comenta al respecto dos de sus casos clínicos, en el primero la paciente presentaba una tos expulsiva, mediante la cual de manera inconsciente pretendía expulsar el feto. El segundo se trataba de una paciente que guardó silencio durante las sesiones de análisis los primeros meses de gestación. Posteriormente se descubrió que lo hacía porque la analista representaba a su madre mala, y no quería que esta se enterara de la preñez para evitar que pudiera quitarle al hijo.

Soifer165 plantea que mediante el análisis de sueños se ha evidenciado que la percepción inconsciente de la placentación, cuando ocurre la nidación del óvulo fecundado en la mucosa uterina y se inicia la absorción de sustancias alimenticias del torrente sanguíneo, es de carácter agresivo y persecutorio, generando en la mujer el temor de ser vaciada y despojada de sus contenidos internos. Debido a este fenómeno el segundo y tercer meses de gestación son conocidos como los meses de peligro de aborto, puesto que al reavivarse las fantasías infantiles de robo y vaciamiento de los contenidos internos de la madre, la mujer teme le ocurra lo mismo e identifica al feto con la madre vengadora que podrá hacerle daño, incrementando las tendencias expulsivas, el aborto sería entonces un mecanismo para resolver este conflicto.

Deutsch166 dice que la forma como la mujer experimente el hecho de encontrarse en estado de gravidez es multifactorial. En tanto la promesa futura del hijo sea positiva y la satisfaga afectivamente los procesos fisiológicos no se verán más afectados de lo requerido para el desenvolvimiento de la gestación. Pero cuando la mujer se relaciona de manera negativa con la maternidad, o hay otros factores que perturben el recibimiento del hijo, dichos procesos sufren alteraciones. Sin embargo la ausencia de molestias o trastornos puede expresar también la existencia de conflictos, una negación total del proceso de gestación; la gratificación obtenida no por la maternidad como tal, sino por otros valores agregados que ésta puede conllevar, como un incremento en las atenciones recibidas; la esperanza de que se estabilice un matrimonio; o el deseo de demostrar fortaleza, etc. Videla167 resalta el hecho de que en todo embarazo se presenta normalmente angustia de diferente índole a lo largo del proceso, ocasionada por el gran cambio que la maternidad y paternidad conllevan y el logro que representan para la pareja. Y Maldonado resalta el hecho de que los sentimientos que se presentan desde el comienzo de la gravidez son fluctuantes y la reacción inicial ante esta no se establece de manera inamovible, ”Una actitud inicial de rechazo puede dar lugar a una actitud predominante de aceptación y viceversa.”168


Pero aunque no exista embarazo exento de angustia y conflicto, justo por el gran cambio y logro que implica normalmente, va acompañado por un gran sentimiento de felicidad. La mujer se siente serena y tranquila, identificada con su ideal de madre y con su hijo bien protegido por ella. Vive, en este estado, la unión más intima que pueda existir entre dos seres. Desde que nació por primera vez no está más sola.169


5.2.2 Ansiedades del segundo trimestre de gestación

Según Langer170, a medida que el embarazo avanza la mujer va elaborando el cambio en sus roles como pareja, hija y ahora también madre, adaptándose cada vez más al proceso de gestación y sintiendo una unión progresivamente más profunda con el feto. El acontecimiento de mayor significado que ocurre durante el segundo trimestre del embarazo es la percepción de los movimientos fetales, que además de ansiedad, trae consigo una gran expectativa y profunda felicidad. El sueño, la ilusión del hijo comienza a materializarse y la madre le da forma en su imaginación.

Esta percepción es posible aproximadamente a los tres y medio meses de preñez, tiempo en el que –comenta Soifer171- el feto adquiere la habilidad para moverse. Sin embargo la época en que cada mujer advierte los movimientos de su hijo es variable, dependiendo de condiciones tanto físicas como psíquicas. En los casos donde no son percibidos, o se llega a hacerlo muy avanzada la gestación, puede haber indicios de una ansiedad muy fuerte, y ante esta el uso de la negación como mecanismo de defensa.

Videla172, menciona entre los factores fisiológicos para que la percepción de los movimientos fetales se efectúe, la grasa corporal de la gestante, la posición de la placenta, y el tamaño del cuerpecito del nonato.


El útero es un paragolpes entre el feto y la pared abdominal de la madre. Muchas mujeres dicen percibir la hijo ya desde las doce primeras semanas. Mientras el útero permanezca globular y el nonato sea pequeño, dispone de
considerable libertad para elegir posición en esta “cama circular”, en donde podrá colocar la almohada donde más le plazca.
En este ir y venir, de arriba hacia abajo, trajinando en su cómodo alojamiento, de pronto un codito o un piecito harán vibrar a su madre, que lo ha sentido por fin físicamente.
Esta es una sensación indescriptible, tremendamente excitante que los padres quieren compartir.173


El hecho de sentir al hijo dentro de sí le posibilita a la madre imaginarlo con mayor claridad, y comenzar a darle el carácter de objeto independiente de sí misma, con características propias y rasgos definidos de personalidad y aspecto físico. Así mismo la madre se ve motivada a construir el lugar donde recibirá a su hijo al nacer y preparar todo lo necesario para su llegada.


...la mujer en este momento presenta una actividad semejante a la del ave que construye el nido, una necesidad de construir algo, en gran o pequeña escala, para el niño que se espera. Una nueva casa, una nursery confortable y bella, una canastilla o unos pañales cosidos con sus propias manos, son productos reales, aunque algunas veces bastante modestos y simbólicos, de esta actividad que toda mujer preñada presenta en medio de su absorción interna. La misma actividad se manifiesta también en su estricta atención para los cuidados prenatales, así como en sus previsiones para el inmediato o remoto futuro, de acuerdo con su temperamento, grado de iniciativa, posibilidades, etc.174.


Al igual que Videla, Maldonado175 comenta que las características atribuidas al feto mediante la interpretación de sus movimientos, denotan desde ternura y cariño cuando estos se perciben con suavidad, hasta agresividad si son fuertes, fluctuando en “un continuo general de despersonificación - personificación” del mismo por parte de la madre, por lo que la interpretación de los movimientos es considerada una etapa en la configuración de la relación materno filial.

Soifer176 dice al respecto que esta atribución de características es producto del mecanismo inconsciente de proyección a través del cual la mujer proyecta en el nonato sus impulsos. Cuando se proyectan los impulsos hostiles hacia la propia madre que de manera fantaseada o real se encuentra en embarazo, el feto es percibido como un ser agresivo y peligroso que con la brusquedad de sus movimientos puede llegar a dañar a la mujer en su interior.

Los mecanismos de defensa manifiestan, como se había dicho, la ansiedad que este acontecimiento ocasiona en la gestante, quien experimenta temores relacionados con el desconocimiento del hijo, la responsabilidad que este nuevo ser implica y el gran cambio que conlleva, lo cual se hace más concreto y próximo en la medida que el avance de la preñez se manifiesta en los cambios corporales y los movimientos fetales.
Otros mecanismos de defensa mencionados por la autora, son los mecanismos maníacos, engrandeciendo la imagen del hijo quien es considerado hermoso y traerá consigo grandes gratificaciones. A través de estos mecanismos se busca reparar la imagen materna y recrearla mediante la identificación. Los mecanismos de defensa se encuentran presentes normalmente en todos los procesos de gestación para que la mujer pueda superar la ansiedad, sin embargo en algunos casos patológicos pueden ser exagerados trayendo consigo manifestaciones somáticas riesgosas para la vida del nonato y la mujer entre las que se mencionan la hipertensión, la hipotensión, la bulimia y la anorexia el éstasis venosos pronunciado, las várices dolorosas, el insomnio y el aumento de peso excesivo el aborto y el parto prematuro.

Los trastornos somáticos pueden obrar como mecanismo de expiación de la culpa referida al conflicto edípico, a través del sufrimiento que ocasionan.

Soifer también menciona como desencadenante de ansiedad frente a la posición de los movimientos, la culpa por tener una relación tan íntima y exclusiva con el nonato, dado que dicha unión revive inconscientemente las fantasías incestuosas edípicas. Esta culpa incestuosa puede estar acompañada por sentimientos de fealdad que deprimen a la gestante y despiertan fantasías de infidelidad de la pareja, y el temor por tener un hijo monstruoso. “El sentimiento de fealdad encubre el desplazamiento de las vivencias culposas derivadas del horror al incesto (como la idea del hijo deforme) y las expresa mediante el mecanismo de apaciguamiento del perseguidor: “soy fea, no me quiere a mi, quiere a otra”177.

Soifer plantea entonces que la percepción de los primeros movimientos desencadena fuertes ansiedades que cada mujer afronta según sus propias capacidades, tolerancia y mediante el uso de mecanismos de defensa. Sin embargo Videla178 opina que las fantasías terroríficas asociadas con la ansiedad no se manifiestan en todas las gestaciones y son un indicio de conflictos con la maternidad y la paternidad. Por el contrario, los movimientos fetales posibilitan el comienzo de la comunicación consciente entre la madre y su hijo.

Como se había mencionado el hijo comienza a ser configurado como un objeto con características propias, mas sin embargo continúa siendo un desconocido que hasta el momento forma parte de la madre, cuyo amor hacia él es narcisista. En palabras de Deutsch el hijo es, “ la corporización de todas las perfecciones, la ampliación satisfactoria de su propio yo” 179

La autora180 comenta que pese a la importancia de la unión íntima entre la madre y su hijo intrauterino para la constitución de la futura relación entre ambos, dicha unión, puede tener efectos negativos para el yo de la mujer, si esta no logra separar de éste al hijo como objeto y debido a la influencia de otros factores como su estructura de personalidad y las circunstancias en que se presenta la gestación. “Si las tendencias masoquistas de la madre son excesivas, el niño ocupará aquella parte de su yo que ella ama, debido a que inflige sufrimientos en el resto del yo. La mujer dirigida hacia su interior, se queja de la cruz del embarazo, y aunque feliz en este estado, supera los límites normales del masoquismo femenino, y ya durante la preñez deforma su función maternal en la dirección mater dolorosa.”181 Esto ocurre especialmente cuando el futuro hijo no tiene connotaciones positivas para la vida de la mujer, e implica más una carga que un motivo de felicidad y gratificación, generando sentimientos de hostilidad.

La mujer no solo se comienza a preparar para el recibimiento de su hijo y su rol de madre acondicionando su ambiente y haciéndole un lugar al bebe. Este proceso también debe efectuarse psíquicamente, volcando sus intereses hacia la futura maternidad. Deutsch dice que el amor narcisista que se tiene por el feto borra los límites entre éste y su madre dando lugar posteriormente a ese amor desinteresado por el hijo, que es el amor maternal. Entonces la preparación para la función materna comienza desde este momento, donde la posición de la mujer respecto al nonato fluctúa entre la visión de éste como objeto y como parte de sí misma. Si la gestante no consigue otorgarle al hijo en formación, la condición de objeto separado de su ser, la situación de parto se vivirá como la pérdida dolorosa de una parte del yo.

En el segundo trimestre del embarazo los cambios corporales se acrecientan obligando a la mujer a cambiar incluso su forma de vestir. Videla, (133,104) considera que esta no siempre se encuentra preparada para la transformación corporal, pero es muy importante que la gestante se percate de ella y haga conscientes los cambios que cada uno de los lugares de su cuerpo experimenta interna y externamente, puesto que generalmente se tiende a negarlos, y esa concienciación y asimilación contribuye a la incorporación inconsciente de los aspectos referentes a la maternidad.
Los cambios físicos generan impacto e inquietan a la mujer porque su cuerpo no volverá a ser el mismo de antes. Maldonado182 dice que la mujer puede reaccionar frente a estos cambios de diferentes maneras y en dicha reacción es fundamental la actitud asumida por el hombre ante las modificaciones corporales. Puede sentirse orgullosa de su cuerpo gestante que es indicio de fecundidad. O en el caso contrario sentirse deformada y despojada de todo atractivo sexual, llegando a pensar incluso si su pareja la admira, que lo hace solo por consolarla.

Respecto al temor de que los cambios corporales sean irreversibles, la autora planeta que no se refiere solo al hecho de transformarse en el aspecto físico, su trasfondo es el temor a que la experiencia de la maternidad la modifique como persona y ella pierda su identidad.

Al finalizar el segundo trimestre ocurre la instalación franca de los movimientos, la cual “va acompañada de una mayor percepción de las contracciones uterinas fisiológicas del embarazo. Las mujeres refieren que el vientre se les pone duro de a momentos y después se afloja”183. Este evento genera también la ansiedad ya mencionada respecto a la percepción de los movimientos del nonato.

5.2.3 Ansiedades del tercer trimestre de gestación

Durante el tercer trimestre, debido a la proximidad del parto madre e hijo comienzan a prepararse para la inminente separación que tendrá lugar en éste. Todos los conflictos, temores y expectativas se movilizan. Aunque la preñez esté llena de satisfacciones por el hecho de gestar una vida que no podría vivir sin la intervención de la madre, la unidad que se ha venido desarrollando en la díada madre-hijo pasará inevitablemente a ser dualidad, el hijo deberá individualizarse.


La aceptación realista del niño como un objeto futuro y amado no puede vencer completamente la repugnancia interna a renunciar a la satisfactoria unión. La voz interna objeta: “Lo que estará mas tarde en el mundo exterior no es lo que es ahora. Lo que hay ahora en mi, conmigo, una parte de mi misma, se perderá. Existirá allí pero será otro ser, no yo, algo que respirará con otros pulmones, pulsará con otros pulsos, y adquirirá, independencia por sus propias acciones. Ahora esta en mi, pero al mismo tiempo no es yo misma. Es otro ser humano, que pronto será un mundo fuera de mí184.


Deutsch, (154-155) comenta que este temor inevitable a la separación, es expresado a través del miedo a la muerte y a no tener un hijo. El temor a la muerte aunque es irracional puesto que los avances médicos hacen mínima la posibilidad de que ocurra, continúa vigente porque su raíz es psicológica y se encuentra en los sentimientos de culpa y las fantasías infantiles. “Ahora renacen todos los temores irracionales que acompañaron especialmente las primeras semanas del embarazo porque la mujer se siente frente a un examen final. Solo ahora, cuando haya dado a luz lo que lleva adentro, y que ella creó sabrá si su interior estaba intacto, si su madre no la ha castigado, si ella por su maldad, no perjudicó a su hijo”. (Langer203-204)

Videla (107-108) asiente esta posición y dice que se relaciona con conflictos no resueltos con la propia madre debido a lo que la imagen de la madre mala internalizada amenaza a la gestante. “Toda mujer teme la venganza de esta madre interna (...). Muchas niñas cuando la madre espera un bebe le dicen: “te pincharía la panza y te sacaría al bebe”. Esta frase que todos celebramos risueñamente, es muy dramática para la niña y peor aún si la maá no sabe interpretársela y aparece luego en el embarazo del futuro como “temor a que le hagan lo que ella quiso hacerle a la mamá””(Videla 107) La mujer también puede temer que su bebe muera cuando ella ha abortado antes, de manera espontánea o provocada, ó cuando al comenzar la gestación hubo un rechazo manifiesto de ésta.

La autora menciona que la mujer además teme por el dolor que cree el parto trae consigo. Esto se debe a la gran cantidad de tabúes respecto a la sexualidad transmitidos de generación en generación.

Cuando una mujer llega al embarazo que ha deseado junto con su hombre, y gesta con amor y fe ese fruto que ellos mismos han concebido, suele decirnos luego del parto que todo lo imaginaba mucho más doloroso.
No podemos olvidar que la mujer teme fundamentalmente al dolor del desprendimiento del hijo, a la separación de éste con quien vivió simbióticamente nueve meses. Este dolor del que nos habla a veces, y es importante ayudar a concientizarlo185.

La ansiedad de separación también aparece como el temor a no poder separarse del bebe después de que halla nacido y la sensación constante de que algo malo puede ocurrirle si no se le tiene cerca. “Todas estas son actitudes de sobreprotección hacia el hijo que ocultan a nivel inconsciente y reprimido conflictos no resueltos en el deseo de éste y que expresan el nivel de independencia interna con respecto a sus propios padres, en especial la madre”186.

Según Soifer187, la ansiedad se incrementa por la incertidumbre respecto a la fecha del parto, la cual condensa otras inquietudes de la embarazada referidas a las características que tendrá el hijo, cómo será la relación con él, etc. Ante la ansiedad el narcisismo infantil opera como mecanismo de defensa a través del pensamiento mágico y las ideas de omnipotencia. En algunos casos cuando la ansiedad es muy potente se puede desencadenar el parto prematuro como mecanismo de evacuación para darle fin a la espera inquietante. Otras manifestaciones de ansiedad son los trastornos psicosomáticos.

La autora plantea que la ansiedad se presenta en crisis intensas cuya duración es variable, relacionadas con el proceso de preparación del cuello uterino, la instalación del reflejo del parto y el descenso de la cabeza del bebe. Durante estas crisis la gestante manifiesta temores de diferente índole, algunos de los cuales ya han sido mencionados y otros como complicaciones en el parto, el nacimiento de un hijo con deficiencias físicas y/o mentales, la muerte, etc.

Otro factor que ocasiona ansiedad durante este trimestre es el temor a tener un hijo monstruoso. Este temor hace referencia por una parte a que el niño nazca con malformaciones físicas y/o trastornos mentales, y por otra a que pueda ser malévolo. Según Deutsch188, esta idea puede volverse tan obsesionante que la embarazada busque bases teóricas que la reafirmen. La autora también dice que estos temores, pese a sus fundamentos inconscientes, son conscientes y expresados verbalmente.

Langer189, apoyándose en las ideas de esta autora, dice que al identificarse con el feto y proyectar en éste su propia voracidad infantil y las fantasías de comer a la madre, la mujer está manifestando con dicho temor lo monstruosos que considera ahora sus deseos infantiles y su comportamiento de aquel entonces con sus padres. Además considera que este miedo puede referirse también al temor por los sentimientos hostiles contra el nonato, al proyectar en él la imagen de alguien que de manera inconsciente se considera que pertenece a la madre, (padre, hermano, esposo).

Dicha fantasía según Soifer190 involucra el temor por la propia capacidad de proporcionarle al hijo una buena crianza, teniendo como resultado de esta un ser malvado “que saca canas verdes”, igual a como pudo comportarse ella de pequeña.

La postura de Maldonado191 al respecto se relaciona con los planteamientos anteriores acerca de lo buena o mala hija que se fue durante la infancia. Dentro de esta perspectiva el nacimiento de un hijo sano sería un premio, mientras que de lo contrario se estaría recibiendo un castigo por haber sido ruin.
Videla192 esta de acuerdo y plantea que este problema parte de la falta de experiencias de la gestante en cuanto a la maternidad y los cuidados requeridos por el bebe, y a la falta de un referente femenino que le ayude, lo cual es agravado por la confusión que el bombardeo de información proveniente de los medios de comunicación le generan y bloquean su intuición para desarrollar habilidades maternales.

Esto se relaciona con los inconvenientes que muchas mujeres en la actualidad tienen posteriormente, durante la lactancia, y en los que incide además la gran cantidad de actividades que debe realizar y la energía que tiene que invertir para poder coordinar sus roles de esposa, hija, trabajadora y ahora también madre.


La idea de tener un hijo deformado o monstruoso es también atribuida a la influencia que la mala educación sexual ejerce sobre el desarrollo de la personalidad de toda mujer. Algunas escuchan a sus padres desde pequeñas decirles que los “contenidos de su cuerpo son sucios y despreciables”, (orina, sangre menstrual, etc.), y luego lo que se origina en su útero será adjetivado de la misma manera. Quien de niña escuchó hablar despreciativamente de sus procesos biológicos normales, o lo que es peor, no obtuvo sino silencios y prohibiciones ante la sola pregunta, indudablemente habrá de enfrentar la idea de un hijo reviviendo las mil y una fantasías que debió crearse por falta de buena y sana información”193.


Es común que en los últimos meses la gestante deje de percibir los movimientos del nonato. Esta vivencia según Soifer194 suele generar en la madre una profunda angustia al ser relacionada con la muerte del hijo. Las causas físicas de este hecho son la reducción del espacio uterino para el feto debido a su crecimiento, y el encaje en la pelvis, producto de la versión interna. Las causas psíquicas se relacionan con un embotamiento de la percepción ocasionado por la intensidad de la ansiedad, unido en ocasiones a la contractura de los músculos del suelo pélvico que impiden los movimientos del feto.

El sexo del hijo es también un aspecto inquietante para los padres, especialmente cuando existe la preferencia porque este sea hombre o mujer. Soifer195, plantea que la mujer puede percibir inconscientemente cual es el sexo del feto, y comenta que a través de la aplicación del test de proyección corpórea, con el fin de indagar este tema, realizado por ella y otras personas, se encontró “que la noción inconsciente del esquema corporal, se amplía durante el embarazo incluyendo al hijo, y junto con éste, a su sexo”.196 Además se halló la relación de la presencia de ciertas ansiedades y fantasías inconscientes con el sexo que se intuye tiene el hijo.


Para el hijo varón pudimos comprobar que predominan las fantasías terroríficas y que hay un incremento de las ansiedades persecutorias a lo largo de todo el embarazo, si bien las ansiedades depresivas existen también. Las fantasías terroríficas, que son muy intensas, se centran en torno a una imagen muy hostil y agresiva, que amenaza de muerte, generalmente a mordiscos. (...)

Para la hija, las fantasías predominantes son, en la mayoría de los casos, de carácter depresivo, en tanto subsisten, más atenuadas comparativamente, las fantasías persecutorias. Las imágenes correspondientes a las fantasías depresivas toman como eje la ansiedad de vaciamiento y de pérdida: sensación de quedar vacías y de perder el contacto de la protección de la propia madre. Esta ansiedad expresa la vivencia culposa de haber vaciado y destruido a la madre, en la fantasía infantil inconsciente197.


Videla198 considera que este saber es un secreto de la madre, aunque lo intuya no lo concientiza debido a que su conocimiento genera angustia.


Una de las motivaciones más apreciables es el miedo de dañar al feto al introducirse algo que ella: 1) considera como un secreto íntimo del ser que lleva dentro (fantasía de ser robada o descubierta) y especialmente si es el sexo no es el que ella aspira; 2) desea además mantener el secreto de la relación incestuosa hetero u homosexual que se establece con su hijo; 3)teme también al ataque de sus objetos persecutorios internos en la medida que se defina el sexo de su hijo;4) Al mantener la incógnita del sexo del hijo la embarazada prolonga, identificada con él, la fantasía bisexual y satisface la ilusión de conservar ambos sexos.
Por otro lado, como toda creación materializada exige una renuncia a las fantaseadas posibilidades omnipotentes, el hijo resulta esas infinita o limitadas posibilidades. Saber el sexo sería perderlas. (Videla 98)


Soifer199 comenta que aproximadamente a mediados del séptimo mes de gestación ocurre la versión interna, uno de los acontecimientos que más inquietud ocasiona en la madre, porque reafirma que el parto es inevitable y cada vez está más próximo. Ésta consiste en los movimientos ejecutados por el bebe para ubicar su cabeza a la salida del canal del parto. Su percepción genera la sensación de que ocurre algo extraño y suele ser descrita como si se viajara en un ascensor rápidamente; una revolución estomacal; o un dolor en el bajo vientre. En otros casos ocurre una negación de la versión y no es percibida conscientemente

Según la autora, la ansiedad experimentada por la madre debido a este hecho se manifiesta de manera psíquica y somática. Cuando la ansiedad es muy fuerte, las fantasías de vaciamiento pueden ocasionar la contractura de los músculos pélvicos, impidiendo que la versión se de adecuadamente; o pueden presentarse trastornos psicosomáticos como hipertensión, lipotimias, hiperémesis, diarreas, constipación, edemas y aumento excesivo de peso, y calambres.

Videla200 opina que el conocimiento de que la versión interna ha ocurrido, especialmente cuando es confirmado por el médico, tranquiliza a la gestante porque propicia el desarrollo normal del parto. Pero al mismo tiempo le genera “un sentimiento de inminencia del nacimiento”, incitando no solo a la madre, sino a toda la familia a prepararse para la llegada del nuevo miembro.



5.3 ANSIEDADES DEL PARTO



Deutsch201, comenta que las diferencias que presenta el proceso de parto de mujer a mujer, y sus complicaciones dan cuenta de la inmensa incidencia de factores psíquicos en él. Éste no solo esta determinado por la biología, es un proceso psicosomático que a diferencia de otros tiene un tiempo de duración determinado y su naturaleza es normal, hace parte natural de desarrollo humano. Las condiciones psíquicas del parto están a su vez determinadas por factores como la disposición de la mujer para ser madre y lo que su hijo le representa, su situación socioeconómica, su familia, y otros factores de índole inconsciente que desde la penumbra susurran sus determinaciones. La estructura de personalidad de la mujer tiene una gran incidencia en la forma como el parto se desarrolle, de ésta depende en cierto grado su actitud pasiva, colaboradora, tranquila, o demasiado temerosa.

Maldonado202, menciona por ejemplo que las mujeres con rasgos de personalidad predominantemente obsesivos pueden presentar un exceso de preocupación por desempeñarse de manera efectiva durante el parto; en otros casos si predominan las defensas de intelectualización y aislamiento, la conducta tiende a ser desorganizada; en quienes presentan tendencias infantiles con necesidad de aprobación y dependencia el comportamiento manifiesto suele ser de sumisión, tratando de demostrar una conducta ejemplar. Puede decirse entonces que todos los factores se imbrican configurando la situación en que el pequeño ser llega al mundo.

La mujer atraviesa, como se verá, por varias etapas durante el parto: la fase previa donde comienzan las contracciones de dilatación, el proceso de dilatación, el periodo expulsivo y finalmente el alumbramiento que es el momento de expulsión de la placenta. Él, presente texto dará cuenta de las ansiedades experimentadas por la parturienta desde la fase previa de dilatación hasta el periodo expulsivo.

Como ya se había mencionado, el parto significa tanto biológica como psíquicamente una separación. La madre y su hijo deben adaptarse a situaciones nuevas. Ella a su estado de no-preñez y el recién nacido a su vida intrauterina.


A partir de la expulsión la criatura cobra vida propia, debiendo en este mismo instante hacerse cargo de una variedad de funciones fisiológicas que hasta ese momento cumplía su madre, como ser la respiración, la alimentación, la evacuación, etcétera.
Por su parte la madre, que debió pasar tantas ansiedades hasta lograr adaptarse al estado de gravidez, y que ya había incorporado al feto como parte de su esquema corporal, a la vez que se había acostumbrado al distinto ritmo metabólico, hormonal, y fisiológico, deberá pasar por un nuevo proceso de adaptación, esta vez de retorno a la situación corriente no embarazo.203


Soifer204, menciona que la ansiedad por el cambio reaviva el trauma de nacimiento y la angustia de pérdida que implica la separación, con el subyacente desequilibrio que la integración del nuevo miembro traerá para el núcleo familiar, mientras los miembros de la familia se adaptan a la nueva situación. La angustia de nacimiento condensa ansiedades inconscientes de pérdida y vaciamiento que son depresivas, y temor al castigo, ansiedad de castración, y miedo a lo desconocido de índole paranoide, las cuales son autoras del estado de confusión y despersonalización que comúnmente experimenta la parturienta.

Según Videla205, durante el parto se pone a prueba la capacidad de vivir y morir, y se reviven las angustias experimentadas durante el propio nacimiento, es como si la parturienta misma volviera a nacer. Éste temor es más frecuente en las mujeres multíparas, dado que temen en caso de morir, dejar solos a sus hijos. Deutsch206, comenta al respecto que la madre no sólo siente la separación que genera el parto como una pérdida de su hijo, sino como si éste la estuviera perdiendo también a ella, puesto que al darlo a luz ya no podrá protegerlo dentro de sí misma. Además, así como ella lo hizo en su propio nacimiento su hijo perderá el estado de “dicha” que proporciona el encontrarse en el útero materno.

Maldonado207, resalta el hecho de que a diferencia de la gestación, cuyo proceso y cambios suceden paulatinamente, el parto conlleva un cambio abrupto e irreversible, ante al cual la parturienta no tiene control, es una situación que debe afrontar de, manera irremediable.

La autora también comenta que durante los últimos días de preñez la mujer teme por la posibilidad de no percibir el comienzo del trabajo de parto, o que éste la tome por sorpresa. Esto ocurre en ocasiones cuando el desprendimiento del tapón mucoso no es percibido, no se rompe la bolsa de agua, o las contracciones no se han sentido. Dicho temor también se relaciona con la incertidumbre de la mujer a cerca de la fecha en que dará a luz a su hijo, lo que subraya la característica de lo incontrolable que es el parto.


La mujer tiene un sentimiento que se intensifica al final de su embarazo, de que de pronto ocurrirá alguna cosa en su vida que en su estimación subjetiva, cambiará el orden del mundo, que brotará de ella algo que existirá tan solo por su voluntad, y que, de todos modos esta cosa representará un poder sobre el cual carece de control. Lo desee o no, ella, que ha creado esta nueva vida, debe obedecer a su poder, su gobierno es absoluto, aunque invisible, implacable. Está en su interior y, sin embargo, es desconocido e irresistible.. Debido a estas cualidades produce necesariamente temor. (...), esta mezcla de poder y sumisión, tiene algo de fatal e inevitable semejante a la muerte.208


Según Deutsch209, en la víspera del parto el hijo adquiere un mayor significado propio, se objetiviza más y despierta en la madre un fuerte deseo de conocerle. La expectativa y ansiedad que se vivencia en este momento puede generar una mayor actividad en la mujer, e incluso llegar a ocasionar falsas alarmas. Sin embargo cuando el temor es demasiado la parturienta puede asumir la conducta contraria y paralizarse, dejando en manos del medio externo el devenir de los hechos. Estos sentimientos y actitudes se relacionan con la percepción consciente o inconsciente del comienzo de las contracciones de dilatación. La respuesta que se genere depende de lo preparada que la mujer se encuentre para la separación y sus capacidades físicas y mentales.

Las contracciones de dilatación son descritas por Soifer210, como un endurecimiento intenso del abdomen que se hace cada vez más prolongado y persistente. Estas contracciones pueden ser percibidas o negadas. La primera posibilidad se atribuye por una parte a la preparación psicoprofiláctica que enseña a distinguirlas, en cuyo caso generan inquietud mientras la situación es asimilada, pero al hacerlo, pueden tomarse decisiones y obrar con coherencia y lucidez. Por otra parte esta percepción tiene como causa una hipersensibilidad generada algunas veces por ansiedades paranoides que promueven la extrema atención ante cualquier manifestación corporal para poder controlar “el perseguidor”. Esta sensibilidad se manifiesta a través de dolores debidos a una contractura muscular ejecutada como defensa, pretendiendo detener el acontecimiento atemorizante, el parto. El dolor a su vez incrementa la crisis de angustia ocasionando en la parturienta conductas poco facilitadoras, y hace que la ansiedad se transmita al círculo de personas con quienes ella se encuentra, el cual de hecho siempre se contagia de la expectativa y mixtura de sentimientos que el hecho de parir trae consigo. “Todo el personal que rodea a la parturienta se encuentra en una situación tan regresiva como ella misma, eso puede observarse fácilmente en gente que por vez primera entra en la sala de partos: siempre termina hablando de su propio nacimiento y de la experiencia de su infancia con la madre...”211
La autora menciona también que durante esta fase de iniciación del parto pueden ocurrir dos sucesos, que además de tener incidencia psicógena incrementan el estado de angustia. Uno de ellos es la ruptura de membranas, que puede ocurrir antes de que comience el reflejo de parto, o al mismo tiempo de éste. La sensación que genera es extraña y suele asociarse con la emisión de orina. Cuando esta ruptura sucede antes de que el parto como tal comience genera temores fundamentados en creencias populares como son, “la peligrosidad de la apertura del recinto fetal, la amenaza séptica, y por último el temido parto seco”212. Según la autora la ruptura prematura de membranas no marca ninguna diferencia para el parto y estos temores hacen referencia a la angustia de muerte.

El otro suceso es la detención aparente o real del parto. Cuando es aparente el proceso continúa pero la parturienta no lo percibe por efecto de la negación que actúa en defensa debido a la intensa ansiedad. Al no percibir las contracciones la angustia disminuye y el parto puede proseguir. El temor del que se habló acerca del comienzo sorpresivo del trabajo de parto se relaciona con esta situación, puesto que al negar las sensaciones de dicho suceso, su momento final llega de manera inesperada. La detención real se debe a la necesidad de tiempo por parte de la mujer para elaborar las ansiedades que la asaltan.

La llegada a la clínica para que el parto sea atendido también desencadena una crisis de ansiedad, Soifer213, dice que este hecho acrecienta lo irreversible e incontrolable del parto y la ansiedad es proyectada en cualquier cosa que circunde a la parturienta en ese momento.. la actitud del cuerpo asistencial y las políticas y técnicas implementadas en la atención del parto pueden contribuir a exacerbar o inhibir la crisis. El tacto vaginal, el enema y la depilación suelen angustiar más a la mujer.

Luego de esta fase previa se da lugar al proceso de dilatación como tal, el cual consiste en el ensanchamiento del cuello uterino a través de las contracciones que se hacen más fuertes, para que el nonato pueda nacer. Según Deutsch214, se requiere que la actitud de la parturienta durante esta fase sea de paciencia, espera, y tranquilidad, y al igual que la etapa anterior ésta es sumamente susceptible a las influencias psíquicas.

Soifer215, comenta que el hecho de sentirse protegida por la atención médica es asumido inconscientemente por la mujer como un premio, y la tranquiliza promoviendo en ella un estado de regresión en el que se identifica con el feto. Cuando por el contrario la ansiedad no puede controlarse, el proceso de parto puede ser perturbado y surge además el pedido de la intervención médica para aliviar el dolor y la inquietud.


Si el proceso de inervación de la primera fase se caracteriza por excesiva tensión, si los impulsos son influidos por el temor o por una excesiva propensión a la participación activa, los fenómenos del parto pierden su espontaneidad normal y el proceso se perturba. En cambio, una actitud sumisa excesivamente pasiva para las fuerzas de intervención puede prolongar la fase de dilatación de modo que las contracciones progresivas tienen lugar lentamente, perezosamente, o no se producen: el parto se retarda.216


Cuando el cuello uterino se encuentra lo suficientemente distendido para que la cabeza del nonato pueda comenzar a atravesarlo, se da paso al proceso de expulsión.

A diferencia de la espera que caracteriza la fase anterior, Deutsch217, comenta que en ésta se requiere al máximo la colaboración de la mujer, quien debe pujar y relajarse en los momentos adecuados con las indicaciones del médico.

La cabeza del feto se apoya en el perineo ejerciendo presión, la cual es asociada con los estímulos provenientes de la función excretora, reavivando las angustias que se han experimentado durante la vida, relacionadas con las funciones de expulsión y retención, y por ende, con el aprendizaje de control esfinteriano que tubo lugar en la infancia. También son revividas las fantasías infantiles en que todo el proceso de preñez y parto se adjudicaba a las funciones digestivas. Esta remembranza puede ocasionar complicaciones especialmente cuando la mujer tiene conflictos sin resolver referentes a dichas funciones, y además se siente conflictuada con la maternidad por cualquiera de los factores que determinan los sentimientos hacia ella.

Soifer dice al respecto que el temor en esta situación proviene de la confusión de la mujer en cuanto a lo que esta viviendo, un parto, o una defecación:


Se trata de una confusión muy intensa y aguda, con fenómenos de despersonalización y extrañamiento. Su dinámica inconsciente consiste en la superposición de dos imágenes y la reactivación de una antigua situación infantil: la equiparación narcisista de bebés, penes y heces. Como es sabido, en base a la descripción hecha por Freud, en determinada época de la vida, durante el periodo anal retentivo, que va desde el año y medio hacia los tres años de edad, el niño (o la niña) fantasean que en el vientre materno existen cantidad de elementos valiosos con formato de heces o penes que son los bebes a los que la madre quiere tanto y que protege en su interior. Por lo tanto cuando el niño defeca considera que sus heces son bebes que él ha producido e imagina que la evacuación es un parto. Estas fantasías determinan las confusión entre los tres elementos así equiparados, escíbalo-pene-bebe y originan la intensa ansiedad infantil en el aprendizaje del control esfinteriano, por cuya causa la defecación, es sentida como una castración (parto = castración).218


Además la autora aclara que estas fantasías han sido revividas durante toda la preñez, según la forma como se vivenciaron y resolvieron en la infancia.

El pujo esta relacionado con las fantasías mencionadas y también con otras de orden sexual. Deutsch219, plantea que el parto se asemeja al acto sexual y se relaciona con él por ser el desenlace de un proceso que comienza a través del coito. Soifer220, comenta que esta situación reaviva la prohibición de la sexualidad. Al estar la vagina poblada de receptores que registran sensaciones placenteras, el placer y el dolor ocasionados por el deslizamiento del feto a través del canal de parto, generan confusión entre el acto sexual y el hecho de parir el hijo.

El psicoanálisis encuentra constantemente la identidad entre el placer del coito y el dolor del parto en las relaciones de asociación, en los sueños y en los síntomas neuróticos. (...) La identidad de las dos experiencias puede verse en todas las reacciones posteriores de la mujer femenina a ellas: olvida el dolor, conserva solo el recuerdo de una satisfacción, y desea la repetición del acto.221

La autora resalta la importancia del contacto madre-hijo para que la mujer pueda resolver las confusiones mencionadas, tener en sus brazos al hijo le permite recuperar su identidad.

Si los elementos perturbadores internos y externos son bien dominados, , si el parto sigue un curso natural y normal, y si mediante influencias afectivas directas u otros medios se consigue reducir el exceso de temor y dolor, el parto constituirá la experiencia máxima y más satisfactoria de la mujer, quizá de los seres humanos.
Dos poderosos factores contribuyen a él: primero, el goce del cumplimiento, que se relaciona con el dominio del temor y del dolor y con la propia actividad de la mujer; segundo, la feliz relación con el niño, que comienza inmediatamente después del parto. El dinamismo de esta relación es evidente: toda la energía psíquica ligada al parto y toda la energía dedicada al mundo exterior corren hacia el niño en el momento del parto, y la liberación lograda del dolor y del temor crea un sentimiento de triunfo y constituye un verdadero éxtasis en el momento de la maternidad.222



5.4 FACTORES EXTERNOS QUE INCIDEN EN LA ANSIEDAD EXPERIMENTADA POR LA GESTANTE



Como lo han manifestado Deutsch (1960), Soifer (1980), Langer (1985), Videla (1990), y Maldonado (1996), la mujer desde el comienzo de la gestación hasta que ésta finaliza, atraviesa diferentes situaciones que reviven antiguos conflictos y generan temores elevando sus niveles de ansiedad. Sin embargo, no solamente los procesos orgánicos y psíquicos que se encuentran directamente implicados en la gestación, y la interacción con el nonato, inciden en el estado emocional de la mujer embarazada. Otros factores de origen externo tienen importantes implicaciones en las herramientas de afrontamiento, y la perspectiva acerca de la situación en que se encuentra, que pueda tener la gestante para desenvolverse a través del embarazo.


Cuando una mujer busca embarazarse consciente o inconscientemente, posee dos tipos de potenciales psicológicos de referencia:

1.El resultante de la relación con su madre y con su padre, con los elementos de identificación y de diferenciación.

2.Los elementos que el condicionamiento sociocultural le han brindado: forma en que cada sociedad vive las diferencias sexuales, las relaciones genitales, la importancia del rol maternal, enseñanza escolar, influencia de las amistades, relaciones amorosas, etcétera.

Es decir que cualquier alteración o información deformada en alguno de los grupos de potenciales determinantes producirá patología en la maternidad.223


5.4.1 Situación familiar


Se puede considerar que el sistema familiar como un todo se compone de una serie de subsistemas que se integran continuamente entre sí.
Howels (1972) considera a la familia como un organismo completo, que posee una unidad propia; así como el individuo, la familia es un sistema organizado, con una estructura peculiar, canales de comunicación y elementos característicos. Por lo tanto cualquier evento que ocurre con una de las partes de este sistema afecta el sistema entero, luego, la gravidez es una experiencia que pertenece a la familia como un todo.224


Según Maldonado225, en una familia compuesta por la madre, el padre y el hijo, la relación triádica comienza desde que la gestación se evidencia, pese a la proximidad de la relación materno-filial, el padre tiene un papel fundamental desde el comienzo con una participación activa, es un apoyo fundamental para la mujer, quien requiere de mayor atención y protección de su parte, y al igual que ella posee expectativas y temores, y se relaciona, en primer lugar con el nonato, y posteriormente con el bebe, su hijo.

La autora cita a Benedek (1970), para explicar que la dinámica familiar se moviliza con la llegada de cada hijo nuevo, puesto que cambia la red de intercomunicación familiar al conformarse subsistemas nuevos interactuantes entre sí. La experiencia de la gestación y la configuración de la relación con el hijo nunca son igual.

Maldonado también comenta el impacto de la gravidez de la mujer en los otros hijos, estos perciben los cambios experimentados por su madre, como el retraimiento y la hipersomnia por más sutiles que sean, y pueden modificar su comportamiento especialmente si no se les explica la situación con sinceridad.

Soifer226 añade al respecto, que los niños manifiestan a través de diferentes conductas sus celos hacia lo que ella denomina “el rival siniestro”, es decir, aquel desconocido que esta poniendo en peligro su seguridad. pueden atacar con puñetazos o puntapiés el vientre materno, arrojar objetos fuera de la casa por las ventanas, manifestar trastornos psicosomáticos, etc., los cuales pueden intensificarse en los casos donde se le oculta al niño la situación real.

Videla227 manifiesta que los niños temen debido a la llegada del nuevo hermano, perder el amor de sus padres, sus pertenencias, y quedar relegados a un segundo plano. Comienzan a probar a través de los hechos, la actitud de sus padres y los acontecimientos cotidianos si sus temores son válidos, o si pueden recuperar su seguridad.

Es fundamental entonces, que se los tenga en cuenta y se los involucre en la experiencia, recordándoles que son amados. En palabras de la autora: “Es importante entender que un hermano es la mayor riqueza psicológica que los padres puedan brindar al hijo, será el camino que conduce a la socialización humana, la manera primaria en que aprenderá a compartir, a recibir y dar, a querer y ser querido por otro de su misma sangre y semejante crianza”228. La autora hace hincapié al respecto, sobre la importancia de que el hijo mayor tenga la suficiente madurez mental e independencia psicológica de su madre, que le posibiliten asimilar la situación nueva, lo cual ocurre entre los dos y tres años de edad, cuando el niño haya adquirido la capacidad de caminar, hablar y controlar esfínteres, y haya ingresado al jardín de infantes.

Videla229 también comenta la importancia de la reacción de los miembros de la familia más allegados respecto al embarazo de la mujer, en el grado de ansiedad que se genere para quienes van a tener el bebe.

La actitud de los futuros abuelos es fundamental, ya que suelen tener grandes expectativas en relación con su nieto, y poseen una gran experiencia como padres, pero deben respetan el proceso que sus hijos están experimentando, teniendo en cuenta que los padres de la criatura son ellos y debe permitírseles acoplarse a su nuevo rol.

Esta situación puede generar conflictos, puesto que la pareja no siempre se encuentra de acuerdo con las pautas educativas que fueron implementadas en su propia educación, y rechazan la participación de los abuelos en el proceso de acoplamiento a la gestación y a la posterior llegada del bebe. Además las expectativas que los abuelos poseen acerca de su nieto no siempre coinciden con las de la pareja embarazada, lo cual puede convertiste también en motivo de fricciones. Debe tenerse presente que la pareja deberá reconciliarse con la imagen que cada uno posee de sus propios progenitores, para poder identificarse con los aspectos positivos de éstos e integrar su propio rol de padre y madre.


También el resto de la familia suele estar en conflicto con la llegada del nuevo integrante. Los tíos pasan por una situación muy especial, que esta determinada a su vez por el rol que jugaron junto al hermano o hermana que es un hijo, según ellos, estén ya realizados como padres o no. Hace unos días una embarazada me contaba que su hermano, mucho mayor que ella y para quien su llegada al hogar había sido motivo de muchos celos y desplazamientos, la colmaba de regalos y la llamaba varias veces al día para interesarse por su salud. Deseaba fervientemente que ella tuviera un buen parto. Era sin duda una manera de expresar deseos opuestos a los que hacia ella había sentido cuando nació.

Ese tío, otros tíos o tías juegan determinados roles, esperan determinadas características del bebe. Tampoco eso coincide con las de los padres. pero es importante poder aceptarlos, entenderlos y ver claramente que es “su sobrino”, además de ser el “hijo de ellos”. Tienen derecho a esperarlo, quererlo, a soñarlo, de la misma manera que el resto de la familia. Para el bebé, además, es importante su cariño sin duda, le hará mucho bien poseerlo.230


5.4.2 Relación de pareja


Según Maldonado(1986),y Videla(1990), la forma como el hombre se relacione con la mujer grávida incide de manera importante en la aceptación de los cambios que la gravidez le implica. La pareja debe reajustarse a estos cambios y buscar la forma de estar cómoda, para no dejar de lado su comunicación sexual.

Maldonado231, cita a Caplan (1960), para comentar que en la mayoría de los casos se presentan diferentes grados de disminución en el interés sexual, por parte de la mujer y del hombre, lo cual puede deberse a factores como la excisión cultural existente entre la mujer como ser sexual y la mujer madre; el temor de dañar al feto; o la reducción ya existente con anterioridad del deseo sexual. Sin embargo, en otras ocasiones puede presentarse de manera inversa un incremento del interés sexual, debido a que la gravidez contribuye a que la gestante se conciba a sí misma más como mujer adulta.

Maldonado también cita otros autores al respecto como Landis (195) y Kenny (1973), Kumar y Cols (1981), quienes en sus respectivos estudios acerca del comportamiento sexual durante la gravidez, encontraron una disminución de las relaciones sexuales en especial durante el tercer trimestre del embarazo.

Videla232, critica la prohibición injustificada de tener contacto sexual, que algunos médicos hacen a la pareja, y comenta que aunque la conducta y el deseo sexual varían en cada mujer, pudiendo experimentar un aumento de éste o su disminución, la prohibición evita que la pareja pueda expresarse su afecto y tener un contacto cercano y satisfactorio, poniendo la llegada del hijo en el lugar culposo de la separación física de los padres. Las relaciones sexuales solo deben prohibirse cuando ocasionan molestias en la mujer o en casos de hemorragias uterinas o perforación de la bolsa.


La clínica ha demostrado que (las relaciones sexuales), no solamente no ocasionan perjuicio alguno (...), sino que, además, son altamente beneficiosas por muchos motivos, numerosos médicos, especialistas y los demás profesionales que participan en la preparación psicoprofiláctica han comprobado esta experiencia. Los motivos por los cuales resultan benéficas en el noveno mes, (y como se dijo anteriormente a todo lo largo del embarazo excepto en situaciones específicas) son: en primer lugar, el mantenimiento de la armonía conyugal, al disminuir los celos en ambos –en el marido hacia el hijo, en la esposa hacia las posibles relaciones irregulares de él -; conservan la capacidad libidinosa y orgástica de la mujer, permitiéndole la momentánea tranquilización de sus ansiedades; y finalmente, contribuyen a la elasticidad y flexibilidad de los músculos perineales, tan exigidos en este momento y que deberán distenderse al máximo en el parto233.


Según Videla234, así como la mujer experimenta ansiedad durante la gestación, el hombre como pareja y padre también se siente ansioso debido a diferentes factores, entre los que la autora plantea el temor por no poder concebir un hijo sano; la salud de la mujer, cuya preocupación puede llevarlo a comportarse de manera sobreprotectora; el parto y el papel que el habrá de desempeñar en éste,. especialmente porque el hombre suele ser relegado a un segundo plano y en los cursos psicoprofilácticos no recibe toda la información que le es proporcionada a la mujer, por lo que en muchas ocasiones desconoce o posee un conocimiento somero acerca de lo que ella vivencia en el momento del parto, además de que no se lo integra en el proceso; se siente ansioso debido a sus dudas respecto a la pericia de los profesionales encargados de la mujer y su hijo, y la atención que les ofrecerán; y siente inquietud acerca de sus habilidades como padre y pareja luego del nacimiento; los hombres también poseen conflictos infantiles y temen transmitírselos a sus hijos; se inquietan por la forma como la presencia del bebé pueda afectar su relación de pareja; la situación económica es otro motivo de preocupación, puesto que tanto la gestación como el nacimiento del niño acarrean nuevos gastos.

La autora también plantea que a diferencia de la mujer el hombre tiene pocas posibilidades de expresar sus angustias, por lo que éstas finalmente se manifiestan de manera sintomática, de modo psicosomático, o a través de actitudes que pueden incluso llegar a afectar la relación de pareja. Es por esto necesario que el hombre también reciba atención y se le posibilite de igual manera que a la mujer, elaborar sus temores reconociendo la importancia de su papel como padre y pareja. “El hijo es una incorporación de grupo familiar donde cada uno juega un rol determinado: la madre, el padre y los hermanos. Este es un concepto básico que en psicología implica la integración total del núcleo familiar frente al ingreso del nuevo miembro, situación frente a la que todos y no solo uno deben ser preparados.”235

Según Soifer236 el hombre puede manifestar su ansiedad mediante la sensación de fealdad de su pareja y el rechazo hacia ésta; la necesidad exagerada de protegerla; el sometimiento a la mujer y la desmedida complacencia de sus necesidades y antojos; ó incluso la sensación de que ésta es una persona tiránica.

La autora manifiesta que estas reacciones se relacionan con la reminiscencia del conflicto edípico, especialmente “con el resentimiento hacia el embarazo real o fantaseado de la propia madre, las sensaciones de exclusión, y básicamente, con la envidia por lo que la mujer tiene y el no.”237 El hombre expresa sus sentimientos de envidia cuando son conscientes, al manifestar la necesidad de sentir también los movimientos del nonato, de escuchar las explicaciones de la mujer acerca de lo que siente cuando los percibe, y haciendo parte desde el comienzo de esa relación triangular compuesta por el padre, la madre y el hijo, configurando el amor paternal.
Cuando los sentimientos de envidia son inconscientes pueden ser manifestados a través de conductas hostiles, indiferencia, rechazo sexual, infidelidad, o síntomas psicosomáticos.

Maldonado238 comenta que el hombre puede manifestar su participación en la gestación de la mujer, y sus ansiedades al respecto, mediante un desorden psicosomático llamado síndrome de couvade, en el cual presenta síntomas fisiológicos semejantes a los experimentados por la gestante. La autora menciona tres hipótesis que intentan explicar esta manifestación: la primera interpreta el síndrome como resultado de sentimientos ambivalentes, donde los síntomas son formaciones reactivas de los impulsos agresivos hacia la mujer; la segunda plantea que el síndrome es resultado de sentimientos de identificación con la mujer grávida; y la tercera por el contrario expone que el hombre se siente envidioso porque la mujer alberga al feto en su interior. Maldonado considera que ninguna de las hipótesis excluye a la otra y pueden presentarse de manera concomitante en diferentes intensidades.

5.4.3 Situación social

Maldonado239, comenta que la mujer actual no solo tiene la responsabilidad de gestar y educar sus hijos, sino que debe encargarse también de la familia, el trabajo y sus aspiraciones personales, lo cual requiere de ella un gran esfuerzo, y durante la gestación ocasiona ansiedad. Si estas circunstancias tienen como agravante una situación socioeconómica poco satisfactoria los niveles de ansiedad de la mujer gestante tienden a incrementarse, generando conductas regresivas y exacerbando los sentimientos de ambivalencia que la gestación le suscita. “La preocupación por el futuro aumenta las necesidades de la grávida e intensifica su frustración, generando como consecuencia rabia, y resentimiento que le impiden encontrar gratificación en la gravidez.240”. Para que la mujer pueda experimentar una gestación satisfactoria, y cuente con los recursos de afrontamiento necesarios es fundamental que el contexto social en que se desenvuelva le brinde apoyo.

Videla subraya la situación de la mujer que desea ser madre, pero anhela al mismo tiempo realizarse como persona en otras áreas:


...Por una lado la mujer es estimulada a la procreación y la educación de sus hijos, se espera que sea una buena madre, que amamante al bebe lo máximo posible y dedique al esposo y al hogar toda la energía que le reste sin el menor derecho a su protesta. Por otro lado posee estímulos suficientes como para trabajar y ver realizadas todas sus aspiraciones, en la medida en que fundamentalmente su pareja. la mayoría de las veces, es quien no apoya sus deseos de superación. (...) La mujer trabaja, si se acepta, ya que es capaz de producir, pero la maternidad, la crianza, y la educación siguen también siendo sus roles, de lo que se espera igual que si no se moviese en el hogar.241

La autora242 también plantea que legalmente la mujer no se encuentra protegida lo suficiente para poder desempeñarse como madre óptimamente, y con la tranquilidad que requiere. A pesar de la licencia de maternidad la mujer debe reintegrarse a sus ocupaciones laborales aún durante la lactancia, y ve interrumpida su conexión íntima con el bebe. Justo cuando el periodo de crisis y adaptación familiar que implica el puerperio está estabilizándose, y la madre puede comenzar a disfrutar realmente de su pequeño, debe empezar a trabajar. Además debe tenerse presente la situación del padre, cuyo tiempo de licencia es menos que el de la madre, contando con un tiempo más limitado para integrarse con su familia e involucrarse en la crianza de sus hijos.
Langer243 habla al respecto refiriéndose al conflicto que le ha generado a la mujer con la maternidad y su propia femineidad, el cambio cultural referente a los roles que desempeña cada género y la inclusión de la mujer en el ámbito laboral. Factores como la revolución industrial, la segunda guerra mundial y los avances de la medicina, contribuyeron a que la mujer obtuviera un mayor terreno en la participación social, e incursionara en campos que antaño le estaban vedados.

Pese a que la mujer comenzó a desempeñarse en estaban destinadas para el sexo masculino, continuaron a su cargo las labores domésticas y maternales, contando ahora con un menor tiempo para llevarlas a cabo, y un amplio abanico de expectativas y posibilidades por realizar, poniendo en conflicto la función maternal y el desempeño de la mujer en otros ámbitos.

Antes sabía que la finalidad de su vida era casarse y tener hijos. Actualmente la maternidad ya no es tan deseada. Dada nuestra organización social –con el trabajo femenino, la crisis de vivienda, el elevado costo de la educación de un niño- el nacimiento de un hijo es sentido más bien como un estorbo económico y social que como una alegría. La mujer para dar valor a su vida tiende a buscar nuevos contenidos.244


Sin embargo cuando una mujer decide ser madre pero por ello no puede, o no desea dedicarse solamente al hogar, se encuentra con una gran carga de trabajo, donde además se le exige que dedique tiempo a su cuidado personal. La autora comenta que incluso la mujer que puede y quiere dedicarse totalmente al hogar y cuidado de los hijos se encuentra en una situación de conflicto con sus funciones maternales. Actualmente las mujeres pueden tener un número de hijos mucho menor del que tenían antes, y el mecanicismo de la sociedad actual le impide en muchas ocasiones disfrutar de su maternidad y educar a sus hijos sin temor a dañarlos. Las mujeres anteriormente obraban como madres de manera instintiva, y tenían la posibilidad de prepararse desde muy jóvenes, a través del cuidado de sus hermanos menores, para el momento en que tuvieran sus propios hijos. Actualmente la mayoría de las mujeres no cuentan con esa oportunidad y requieren que se las oriente para desenvolverse como madres.

Por otra parte, aquellas mujeres dedicadas totalmente a su familia, corren el riesgo de convertirse en personas poco atractivas e interesantes, por el hecho de no trabajar, viendo poco valorada su labor.


5.4.4 Cuerpo asistencial


Las practicas médicas realizadas en el cuerpo de la mujer a través de la gestación y en especial durante el parto, generan inquietud en la grávida al ser desconocidas para ella.

Videla245 comenta al respecto el temor que la mayoría de las mujeres experimenta por ser anestesiada durante el parto. Según la autora las parturientas no solo desean, sino que necesitan realizar y vivir el proceso totalmente lúcidas, y es contraproducente privarla de esa lucidez sin su consentimiento, arrebatándoles la experiencia de parir a su hijo. “Es que al quitarles la vivencia del parto les han robado también la connotación creadora del alumbramiento y sienten que las han dormido como para extirparles algo, como si se les hubiera practicado una apendicetomía”246. El parto pierde entonces para la mujer su connotación creadora.

Otra práctica comentada por la autora que suele generar temor es la episiotomía. Videla247 rescata la importancia de tener en cuenta la particularidad de cada mujer al momento de ejecutar esta incisión, sus condicionantes físicos, psíquicos, y la forma como puede verse afectada en el post-parto en cuanto al desenvolvimiento con su hijo y su pareja., para realizarla sólo en aquellos casos donde realmente sea necesario.

La episiotomía no solo obstaculiza el pleno disfrute del encuentro con el bebe durante la lactancia por el dolor que ocasiona en la vulva, sino que también afecta la reanudación de las relaciones sexuales debido al proceso de cicatrización que implica. Además esta incisión deja una cicatriz fibrosa que disminuye la elasticidad del canal del parto, además arruina para la mujer la experiencia de dar su hijo a luz. “La mujer teme la episiotomía, y la teme más aún cuando tiene la oportunidad de comparar distintos partos en que no hubo necesidad de practicársele. La episiotomía es una herida en la vulva que lastima en la micción, que no permite llevar una vida genital normal y que por lo tanto separa a la pareja, humilla a la mujer y le genera apatía hacia el hijo que, a veces, vive como el “culpable””248.

La cesárea, el fórceps, y el vacum son también técnicas médicas que ocasionan ansiedad. La autora249 argumenta al respecto que estas técnicas son temidas porque atacan el cuerpo femenino y el niño que en él se ha gestado, por lo tanto solo debe ejecutarse en casos estrictamente necesarios.

La cesárea priva a la mujer de participar activamente en el proceso de parto, y al igual que la episiotomía afecta la relación materno-infantil, y la relación de pareja, al requerir de un proceso de recuperación.

El vacum, es utilizado para extraer el feto mediante la succión que ejerce en su cabeza, constituyendo un método agresivo para arrancar al bebe del útero materno. Además de poder ocasionar desgarros entre otras complicaciones de orden físico y psicológico para las madres, tiene un potente impacto en los bebés, quienes tras haber tenido esta experiencia se manifiestan nerviosos, tienen dificultades para succionar, y presentan lesiones en la cabeza.

El fórceps, es otra herramienta empleada para extraer al feto, ya sea durante la expulsión, ó, en la cesárea. La cabeza del bebé es sujetada en este caso por unas pinzas a través de las cuales es halado hacia fuera. La autora resalta el hecho de que éste método debe utilizarse en circunstancias muy específicas y con el debido conocimiento y experiencia en su manejo, puesto que de no se así puede ocasionar graves lesiones en el bebé e incluso la muerte, además de lesionar también el cuerpo materno y tener implicaciones de orden psicológico.

El enema, el rasurado, y el tacto vaginal, medidas ejecutadas durante el proceso de dilatación, son también mencionadas por la autora250, quien comenta que son especialmente agresivas para la mujer cuando se llevan a cabo sin su consentimiento, y sin ofrecerle ninguna explicación al respecto. El rasurado se realiza con el pretexto de ahorrar tiempo si llega a ser necesario practicar una cesárea o la episiotomía, y es asumida como una medida higiénica.

El enema evacuante tiene como finalidad limpiar el intestino para que durante la expulsión del bebe no haya una defecación simultánea, sin embargo es importante que se tenga en cuenta antes de hacerlo, la conducta intestinal de la mujer previa al momento del parto y se evalúe su necesidad y pertinencia, además es fundamental que la parturienta tenga conocimiento de lo que va a hacérsele y se encuentre de acuerdo.

El tacto vaginal también es una práctica médica atemorizante, que no en pocas ocasiones se ejecuta sin gentileza, a pesar de la represión sexual que culturalmente se ha impuesto sobre la vagina, y sin tener en cuenta los sentimientos al respecto que pueda tener cada mujer se le ordena que abra las piernas y se examinan sus genitales.

Videla251 comenta la importancia del la forma como el personal médico se dirige a la paciente embarazada o parturienta. Algunos miembros del cuerpo médico asumen un papel paternalista utilizando un lenguaje regresivo como si la mujer fuera su hija; otros en cambio expresan malestar a través del lenguaje que utilizan, dirigiéndose a la mujer de manera agresiva, en especial cuando no coopera.

El parto genera una atmósfera regresiva tanto para la parturienta como para quienes la rodean, recuerda el propio nacimiento y las experiencias infantiles relacionadas con la propia madre y moviliza diferentes sentimientos inconscientes en cada persona que esta en contacto con la mujer, siendo ésta receptáculo de los mismos, pudiendo ser hostiles, protectores, o de idealización.


Según Langer autora, el cuerpo asistencial tiene una gran influencia psíquica en la mujer, especialmente durante el proceso de parto:


La Biblia expresa (...) algo que es realidad psíquica, tanto para la mujer creyente como para la atea: que su hijo es el fruto de un pecado y darlo a luz la hace merecedora de castigo. El partero que la asiste admitiendo el hecho “inevitable” del dolor, pero intentando mitigarlo por analgésicos y anestésicos, significa para el inconsciente de la parturienta un cómplice que la ayuda a eludir el justo castigo. El médico que sostiene que el dolor del parto no corresponde a las intenciones de la naturaleza, sino que es consecuencia de errores de su medio ambiente, absuelve a la mujer del pecado original. ¿Pero cómo lo logra?. En primer término, la angustia experimentada generalmente durante el alumbramiento que desencadena el circulo vicioso de temor, tensión y dolor proviene de un a identificación con la madre por sentimientos de culpa.(...). El médico que la asiste negando la necesidad del dolor, representa al padre, aliado a ella para protegerla, y a una madre buena que contrarresta las amenazas y la maldición de la madre mala interior. (...). La mujer angustiada por lo incomprensible e indomable del proceso que se desarrolla dentro de ella, se calma al recibir las explicaciones tranquilizadoras del médico252.


La autora253 comenta que la comunicación entre el médico y la parturienta, cuando él la tranquiliza y le da indicaciones sobre el proceso de parto y la mejor forma en que ella puede colaborar en él, facilita y acelera la situación. La mujer se siente aliviada al darse cuenta de que el parto progresa al hacerle caso al médico, y al sentir que este la comprende, se siente perdonada, además el hecho de participar activamente le ayuda a superar la crisis de angustia y le devuelve el control de la situación, sintiéndose con la capacidad de proteger a su hijo cuando nazca, como lo hace ahora al ayudarle a nacer. Sin embargo, no todas las mujeres poseen la misma estructura de personalidad, y en aquellas que son muy neuróticas suele imperar la imagen de la madre mala, que angustia y castiga, impidiendo que las influencias externas positivas la modifiquen.



5.5 TRASTORNOS



Existe una interacción directa entre los procesos mentales y las manifestaciones somáticas. Durante la gestación y el parto los procesos psíquicos se movilizan y ocasionan manifestaciones de orden psicosomático, síntomas son transitorios y no ponen en riesgo la salud de la madre ni el nonato, pero algunos, pueden afectar seriamente la salud de ambos.


Todo proceso fisiológico de secreción interna que prepara para la fecundación probablemente es una unidad psicosomática en todas sus fases siendo constantemente influido tanto por la vida psíquica como por la orgánica. La función de las hormonas como “mensajeros químicos” –este término se usa con frecuencia- está constantemente influida casi con seguridad, por factores psíquicos. Este complicado servicio de mensajeros presenta una organización muy compleja, con una estación central, ramas, interacciones y funciones diferentes y se extiende tanto a los órganos situados lejos de la fuente original del mensaje, como a los órganos adyacentes. La determinación del lugar en la ruta de los mensajes donde se produce un trastorno psicogénico, es de ordinario un problema fisiológico.254


Como lo expresa Deutsch en el párrafo anterior, los factores psicológicos inciden en el buen funcionamiento del organismo, o en el caso contrario, pueden alterar sus procesos. La ciencia ha reconocido esta incidencia recíproca entre ambos aspectos y su importancia en los trastornos ginecológicos y obstétricos, donde el estrés es una de las principales causas.


El órgano central sobre el que actúa el estrés el embarazo es el útero. Está demostrado que la contractibilidad uterina y el flujo sanguíneo a su través están completamente bajo control neurohumoral. (Shabanah y Cols; 1964). (…)
La hiperactividad simpática, con descarga de catecolaminas, característica de la primera fase del estrés (arousal), puede explicar bien una serie de perturbaciones del embarazo como :
1.Aborto espontáneo, malnutrición fetal y crecimiento intrauterino retardado.
2.Parto prematuro, rotura prematura de membranas y distocia hipertónica.
3.Hipertensión inducida con enfermedad EPH.
De más compleja explicación son otras alteraciones que pueden referirse mejor al agotamiento simpático por estrés crónico, y a fenómenos de inhibición inmunitaria y conducta anormal:
1.Infecciones como la cistopielitis.
2.Prolongación del embarazo y distocia hipotónica.
3.Problemas de alimentación, adicción, rechazo de ayuda médica y social, etc.,255 que repercuten sobre el resultado perinatal.


5.5.1 Aborto

La influencia de factores psicológicos en los abortos espontáneos aislados ha sido manifestada por varios autores (Rothman y Cols, 1962; James,1963; Graves,1987). Esa influencia es mayor cuando se producen abortos espontáneos repetidos. Se califica de aborto habitual la sucesión de tres o más abortos. En estos casos cabe la sospecha de que la interrupción repetida tenga un origen psicógeno, por estrés (Berle y Javert, 1954). El estrés puede ser simplemente la experiencia del primer aborto y el miedo a abortar de nuevo.256
El aborto es “la interrupción del embarazo en forma inducida o espontánea, antes de que el feto haya adquirido el desarrollo suficiente para vivir fuera de la madre.
Según la OMS es la expulsión o extracción del contenido uterino de menos de veinte semanas de gestación ó de menos de quinientos gramos de peso”257

El aborto puede presentarse por diferentes causas tales como258, las genéticas; problemas endocrinos; anomalías uterinas; infecciones; factores ambientales como el consumo de tabaco y alcohol, caídas y situaciones de estrés; e intervenciones quirúrgicas ó médicas como la amniocentésis y biopsias coriales.

Según Deutsch259, el aborto espontáneo es en muchos casos la expresión de procesos mentales profundamente inconscientes, que intensifican o incluso provocan reacciones fisiológicas de carácter endocrino que lo desencadenan. Para que este proceso tenga lugar deben converger múltiples factores que ocasionen la angustia inconsciente tan potente e insoportable, como para oponerse al deseo consciente de tener el hijo con tal fuerza que pueda desencadenarse su expulsión, dado que en estos casos, generalmente la mujer se siente deseosa de poder llevar su embarazo a término y ser madre. Según la autora el niño puede tener diferentes significados inconscientes para la mujer, los cuales inciden en la forma como se desenvuelva la gestación.260


[En algunas mujeres], el embarazo es directamente una lucha en la cual el niño esta al lado de fuerzas hostiles, o la tendencia al autocastigo tiene un ímpetu tan fuerte que hace imposible y peligroso el cumplimiento del ardiente deseo de tener un hijo. En muchas mujeres la idea del niño se asocia tan poderosamente con la del logro de un deseo que puede ser transferida al niño cualquier inhibición neurótica cerca del cumplimiento de algo que se refiera a otros campos, produciéndose a sí un constante temor a fracaso que se expresa en una tendencia al aborto.


Según Soifer261, el segundo y tercer meses de gestación son considerados los meses del peligro de aborto debido a que ocurre la placentación, generando un fuerte acceso de ansiedad por la percepción inconsciente de lo que está ocurriendo en el interior del organismo materno, que suele asociarse con la sensación de ser vaciada o agredida interiormente. Alrededor de los cuatro o cinco meses de embarazo, cuando comienzan a percibirse aunque sea de manera inconsciente los movimientos fetales, también acontece este tipo de peligro debido a las fantasías inconscientes asociadas a dichos movimientos y la ansiedad que ocasionan.

La autora comenta la necesidad de realizar una “psicohigiene del aborto”, explicándole a la mujer el proceso que esta experimentando y posibilitándole elaborar sus temores, éste apoyo puede permitirle la prosecución del embarazo sin la intervención de mecanismos de defensa que arriesguen su salud y la del feto.

5.5.2 Bajo peso al nacer

Se consideran de bajo peso262 los bebes que al nacer pesan menos de cinco libras y de muy bajo peso aquellos que pesan menos de tres. El bajo peso puede ser ocasionado por el nacimiento prematuro; enfermedades congénitas; factores ambientales limitantes del desarrollo uterino; embarazos múltiples; defectos de la placenta; problemas de salud de la madre; anomalías uterinas. Los bebes nacidos en estas condiciones requieren de atención hospitalaria especializada que les provea oxígeno, nutrientes y medicamentos al tiempo que estimule su desarrollo físico.

El bajo peso al nacer, conlleva a problemas de salud para el recién nacido tales como retardo mental, parálisis cerebral, hemorragias cerebrales, complicaciones respiratorias, visuales, auditiva, y cardiacas, propensión a padecer anemia y retardo en el crecimiento.

5.5.3 Parto prematuro

El parto prematuro es otra complicación que puede presentarse durante el embarazo con la incidencia de la ansiedad. Según Soifer263, éste se encuentra estrechamente relacionado con la percepción de la versión interna, que puede desencadenar una potente crisis de ansiedad al generar la sensación de vaciamiento y pérdida. Por esta razón la autora recomienda como medida preventiva realizar un trabajo psicoprofiláctico donde se aborden tanto los conflictos inconscientes de la gestante como la relación de pareja y las situaciones familiar y socioeconómica. Además, destaca la importancia de que la familia reciba apoyo luego de que el parto prematuro haya ocurrido, puesto que este es la manifestación de una situación de crisis; y recomienda promover el vínculo entre los padres y el hijo, teniendo presente la forma como esa interacción se ve afectada por las intervenciones médicas que el bebe requiere.

“De acuerdo con el colegio Americano de Ginecólogos y obstetras, el parto pretérmino se define como contracciones regulares y asociadas con modificaciones del cérvix como borramiento y dilatación antes de las 37 semanas de gestación (259 días).”264

Cuanto265 mayor sea la prematuridad del bebe, mayores son los riesgos de que su salud se vea afectada permanentemente, puesto que su desarrollo y capacidad para desenvolverse en el medio externo son menores, mayores son los riesgos de que su salud se vea afectada permanentemente o incluso muera, puesto que su grado de desarrollo y capacidad para desenvolverse en el medio externo son menores.

A pesar de que las causas266 del parto prematuro aún no se han clarificado y en la mayoría de los casos no logran determinarse con precisión, éste puede ocurrir al inducir el parto al inducir el parto debido a complicaciones de la gestación y/o la salud de la madre; y como consecuencia de infecciones que afectan el saco embrionario.

Los factores de riesgo están constituidos por antecedentes de parto prematuro; embarazos múltiples; la presencia de anomalías uterinas, ser de origen afroamericano; tener una edad menor de 17 años o mayor de 35 años; encontrarse en una situación socioeconómica precaria ; la falta de controles prenatales; el consumo de tabaco, alcohol, y/o sustancias psicoactivas; el consumo de medicamentos que no sean recomendados durante la gestación; la violencia intrafamiliar; el exceso de trabajo; la falta de apoyo social; el estrés; un periodo de tiempo menor a nueve meses entre cada embarazo; esperar un solo hijo luego de una fertilización invitro; y enfermedades como infecciones vaginales, hipertensión, diabetes trastornos de coagulación, obesidad y ciertos trastornos congénitos en el nonato.

Algunas de las complicaciones que pueden experimentar los bebes prematuros son267:

Síndrome de dificultad respiratoria: debido a la prematuridad del bebe, éste carece de la proteína sufractante, la cual evita el colapso de los alvéolos pulmonares al respirar.
Apnea: interrupción de la respiración durante veinte segundos o más.
Hemorragia intraventricular (HIV): esta es una hemorragia cerebral que generalmente ocurre durante los rimeros cuatro días posteriores al nacimiento. Cuando la hemorragia es leve no implica peligro para la salud del bebe, pero si es severa puede ocasionar complicaciones permanentes, e incluso daño cerebral.
Conducto arterial patente (CAp): consiste en una complicación cardiaca en donde el conducto arterial , encargado de evitar que la sangre atraviese los pulmones del nonato, no se ha cerrado debido a la prematurez del bebe ocasionando insuficiencia cardiaca.
Enterocolitis necrotizante: es una complicación intestinal que ocasiona lesiones en éste órgano dificultando la alimentación y pudiendo ocasionar la muerte.
Retinopatía de la prematurez: consiste en un crecimiento desproporcionado de los vasos sanguíneos del ojo que puede ocasionar hemorragias y cicatrices en la retina llegando incluso a ocasionar daño permanente en ésta, afectando la capacidad visual.
Anemia: durante los últimos meses de gestación, el nonato almacena hierro para producir glóbulos rojos después de nacer. Si el bebé debido al nacimiento prematuro no pudo almacenar hierro suficiente, puede padecer anemia por el déficit de glóbulos rojos en su sangre. La anemia ocasiona problemas alimenticios y de crecimiento, y complica aún más las dificultades cardiacas y respiratorias.

Las estrategias médicas preventivas para el parto prematuro consisten268 en la aplicación de corticoesteroides con el fin de acelerar el desarrollo fetal, y el reposo absoluto de la madre. Además puede utilizarse el tratamiento con medicamentos tocolíticos para retrasar el parto durante uno o dos días y tener tiempo de prepararlo.

5.5.4 Hipertensión inducida por el embarazo

La hipertensión inducida por el embarazo es269 el aumento abrupto de la tensión arterial durante la gestación en una mujer cuya presión sanguínea previa al embarazo era normal. Este aumento exagerado de la tensión arterial puede tener como consecuencia complicaciones durante la gestación y el parto afectando la salud de la madre y el bebe.


La posibilidad de que la hipertensión inducida por el embarazo y en general, la enfermedad EPH. (Edema-proteinuria-Hipertensión), o preecampsia, esté favorecida por una tensión emocional aumentada, es perfectamente admisible, dada la existencia de hipertensiones neurógenas, ligadas a situaciones de estrés (<>, Von Uexkull, 1962), y provocadas por una disfunción simpática, con alza de noradrenalina. Tales hipertensiones han sido observadas en mujeres embarazadas sometidas de forma prolongada a un ambiente de guerra (Rofe y Goldberg, 1983)270


Según Soifer, la hipertensión se relaciona con “una fantasía inconsciente de muerte, en la que el niño, identificado con arcaicas figuras terroríficas persecutorias, en el sentido Kleiniano del término, aparece como el exterminador. La hipertensión configura, entonces, la tendencia maternal en pugna con esa fantasía...”.271

5.5.5 Preeclampsia

El272 aumento de la tensión arterial durante la gestación puede desencadenar la preeclampsia. Cuando ésta es leve no manifiesta síntomas y únicamente puede ser diagnosticada mediante los controles médicos. Cuando la enfermedad se agrava.
“La preeclampsia y la eclampsia son trastornos del embarazo limitados a la especia humana, y concretamente, a las comunidades civilizadas de tipo occidental. La enfermedad EPH es excepcional en pueblos primitivos ajustados a su ambiente, y solo aparece después del contacto de dichos pueblos con la civilización (colonización)” 273


El artículo de Poland y Cols. (1986) enseña que la ansiedad puede ser latente y que la preeclampsia puede ser un equivalente de la misma. En 120 primigrávidas, inicialmente normales, se hizo una evaluación del índice ponderal (peso/talla), de la tensión arterial y de la ansiedad y sensación de bienestar (mediante el cuestionario <>), en el séptimo mes. Los resultados fueron sometidos a un análisis discriminante. En 16 casos apareció hipertensión. El índice ponderal y la puntuación en el <> explicaron el 75,5% de varianza, con la particularidad de que las mujeres que declararon estar generalmente at-ease (estupendamente, sin problemas) fueron las que desarrollaron más fácilmente hipertensión. Los autores interpretan sus hallazgos admitiendo que los sujetos que niegan experiencias estresantes expresan su ansiedad por <>, esto es, somáticos, generalmente de forma retardada. Otros autores han obtenido resultados semejantes, en cuanto a las complicaciones del embarazo en general (por ejemplo Chalmers, 1984).
Es muy posible que cuando se suprime la expresión de las emociones suba la presión arterial. No concretamente para la hipertensión gravídica, sino para la hipertensión en general….274


La enfermedad se manifiesta275 mediante el aumento excesivo de peso y el edema o acumulación de líquidos.
Los factores de riesgo para desarrollar preeclampsia están constituidos por antecedentes de haberla padecido, exceso de peso; ser madre primeriza; antecedentes de hipertensión; intervalos de tiempo muy grandes entre embarazos; embarazo múltiple; tener una edad menor de veinte años o mayor de treinta y cinco; padecer enfermedad renal o lupus eritematoso sistémico.
Este aumento excesivo de la presión sanguínea276 afecta el flujo de sangre que atraviesa la placenta y por ende la nutrición y desarrollo del nonato. La mujer puede sufrir además, daño en varios de sus órganos vitales como el cerebro y los riñones.

Para el tratamiento de la preeclampcia se recomienda277 la internación en la clínica; el reposo absoluto; el suministro de vasodilatadores y el suministro el control de la presión arterial y los demás síntomas para evitar que se desarrolle una eclampsia. También es fundamental el control del bienestar fetal para determinar la necesidad de realizar una cesárea.

5.5.6 Eclampsia

La eclampsia278 se desarrolla cuando el aumento de la presión arterial afecta el cerebro ocasionando convulsiones. Esta complicación puede ocasionar la muerte tanto de la madre como del nonato.

La Eclampsia279 es también llamada la enfermedad de la pobreza puesto que se presenta con mayor frecuencia en los estratos socioeconómicos menos favorecidos y en mujeres con problemas nutricionales en la gestación. En Colombia, la eclampsia es uno de los factores que incrementa anualmente lo índices de mortalidad maternoinfantil.

El tratamiento de la eclampsia se determina según el momento de la gestación en que se encuentre la mujer, la salud fetal, y la gravedad del caso. Se recomienda reposo y se controla exhaustivamente la presión arterial a través de medicamentos hasta que pueda inducirse el parto o éste se desenvuelva naturalmente.

5.5.7 Diabetes inducida por el embarazo

“Este tipo de diabetes, llamada diabetes de la gestación se produce cuando las hormonas del embarazo interfieren con la capacidad del organismo de usar la insulina, la hormona que convierte el azúcar de la sangre en energía.280”

Se encuentran en riesgo de desarrollar281 este tipo de diabetes aquellas personas obesas; mayores de treinta años; con antecedentes de diabetes; que hayan tenido un hijo sin vida o cuyo peso haya sido mayor a los cuatro kilos. El azúcar de la sangre materna atraviesa la placenta contribuyendo a que el peso del nonato se incremente, por lo que puede sufrir lesiones durante el parto vaginal, haciendo que sea necesario practicar el parto por cesárea. Éstos bebés pueden presentar además complicaciones como dificultades respiratorias, déficit de azúcar en la sangre e ictericia.

Los síntomas282 de la diabetes gestacional no son muy evidentes, comúnmente ocasiona hambre, sed, y fatiga en exceso. Esta enfermedad es controlada a través de la dieta, el ejercicio y controles semanales de los niveles de azúcar sanguíneos.

5.5.8 Hiperémesis gravídica

La hiperémesis gravídica, también denominada vómito Incoercible del embarazo, es según Soifer283, una afección de orden físico cuyas causas aún no han logrado determinarse de manera exacta, que pone en peligro la vida de la mujer debido a la deshidratación, y la deficiencia nutricional que puede llegar a ocasionar en casos extremos.


La intervención de factores psicógenos en la hiperémesis gravídica fue reconocido hace mucho tiempo. Se observó que por medio de cambios ambientales, de tratamientos persuasivos, de raspajes fingidos, etc., se pueden obtener éxitos terapéuticos, poniendo así en evidencia el origen psíquico de éste trastorno. Ya en 1921 Schwab consideró la hiperémesis incoercible (vómitos que por su intensidad ponen en peligro la vida de la embarazada) como una huelga de hambre contra el embarazo, y la muerte por hiperémesis como suicidio””284



5.6 PSICOROFILÁXIS OBSTÉTRICA


Uno de los descubrimientos más importantes que propició el acompañamiento de la mujer durante la gestación, especialmente con el fin de que estuviera preparada para el parto, fue el que hizo el doctor Grantly Read en 1903, influenciando y modificando totalmente su vivencia y mirada de la práctica como tocólogo:


Llovía cuando llegué a la parte baja de Whitechapel Road – cuenta el mismo Read- Después de dar varias vueltas a derecha e izquierda, llegué a una casucha baja cerca del puente del ferrocarril; tanteando y tropezando por una oscura escalera, abrí la puerta de una habitación muy pequeña. Había un charco de agua en el suelo y la lluvia penetraba por un cristal roto; la cama no tenía ropas dignas de ese nombre y estaba sostenida por una caja de madera. Mi paciente yacía allí, tapada con sacos y con un viejo vestido negro. La única iluminación de la pieza consistía en una vela colocada dentro del cuello de una botella que estaba encima de la chimenea. Una vecina había traído una jarra de agua y una palangana, tuve que usar la toalla y el jabón que yo llevaba en mi maletín. Sin embargo a pesar de esta miseria, que incluso en aquella época constituía la vergüenza de un país civilizado, advertí rápidamente la atmósfera de paz que allí se respiraba.
Después de un parto completamente normal, el niño vino al mundo. Sin ruidos, sin gritos. Pareciera que todo se hubiera realizado según un plan trazado de antemano. Solamente hubo un ligero contratiempo cuando intenté persuadir a mi paciente de que me dejara aplicarle algunas bocanadas de cloroformo en el momento de aparecer la cabeza del niño y comenzar la expulsión. La mujer pareció extrañada por mi sugerencia y de manera firme pero amable rechazó mi ayuda. Era la primera vez en mi corta carrera que veía rechazada una oferta de aplicar cloroformo. Algún tiempo después, cuando ya me preparaba para partir, le pregunté el motivo de su rechazo. Ella no respondió inmediatamente; dejó vagar su mirada desde la mujer que me había ayudado en el parto hasta la ventana donde se anunciaban ya las primeras luces del alba, y después me dijo tímidamente: “No tenía porque sentirlo, ¿Verdad, doctor?”285


A raíz de esta experiencia Read con el tiempo logró concluir que la causa del dolor de la parturienta es el miedo, puesto que ninguna función fisiológica normal es dolorosa, así que siendo el parto una función fisiológica normal no tenía porque traer dolor consigo siempre y cuando se contara con un buen estado de salud.

Según Maldonado286, éste médico propuso la existencia del ciclo miedo – tensión – dolor, durante el parto, explicaba que el miedo ocasiona la activación del sistema nervioso autónomo provocando un exceso de tensión en el útero, la cual es interpretada como dolorosa, además disminuye la circulación sanguínea afectando el proceso normal del parto e incrementando el malestar. Read consideraba que el miedo de la parturienta era ocasionado por la influencia cultural, de la que la mujer había asociado el parto con una experiencia dolorosa; y del desconocimiento acerca de los procesos que suceden durante la gestación y el parto. Su método proponía entonces deshacer dicho ciclo combatiendo la causa del miedo, el desconocimiento, enseñándole a la madre lo que ocurre con ella y su bebe durante la gestación y en el momento de parir; además de la enseñanza de ejercicios físicos, de relajación y respiración, que la preparen para dar a luz.

Además de Read otros obstetras se interesaron también por implementar estrategias que permitieran suprimir o disminuir el dolor de la parturienta sin el uso de anestésicos. Según Pernoud287, la hipnosis fue una de las técnicas empleadas durante el siglo XIX para que la madre no sintiera dolor al dar a luz. Los médicos franceses hipnotizaban a las parturientas antes de que el proceso comenzara con el fin de que no les doliera, pero se encontraban con un inconveniente, al estar hipnotizada la madre no colaboraba durante la expulsión, así que modificaron el método hipnotizándolas en varias sesiones antes del parto, con el fin de convencerlas de que este no sería doloroso. Los rusos también se interesaron en este método modificándolo por completo, pero conservando la palabra como instrumento para tranquilizar a la madre.

Comenta el autor que en 1949 Velvoski, un ginecólogo ruso, crea otro método basándose en la teoría pauloviana de los reflejos condicionados, reconociendo, al igual que Read, la influencia cultural y educativa en el dolor del parto, y el miedo como la causa del mismo. Velvoski consideraba que la mujer estaba condicionada al dolor por el uso que a esta misma palabra se le ha dado a través del tiempo, utilizándola como si fuera inminente al parto y asociándola a las contracciones como si contracción y dolor fueran sinónimos. Incluso desde antes del comienzo de la gestación la grávida asocia las contracciones con el dolor, condicionándose a que éstas se lo van a ocasionar. Velvoski comenzó a deshacer este condicionamiento explicándole a las gestantes el proceso del parto, recomendándoles no escuchar la experiencia de otras mujeres para no ser asustadas y predispuestas por ellas, y trabajando con el cuerpo para generar otros reflejos y asociaciones que sí fueran de utilidad en el parto.

En 1951 el médico francés Lamaze288, entra en contacto con el método de Velvoski introduciéndolo en Francia y otros países, generando un gran interés tanto en éste método como en el de Read. A partir de allí se continuó estudiando estrategias para que el parto fuera menos doloroso de manera natural proponiendo métodos nuevos. Pero fue el mismo Read quien en 1958 adjudica el nombre de método psicoprofiláctico a los procedimientos encaminados a suprimir o disminuir el dolor durante el parto mediante el trabajo previo tanto psicológico como físico con la madre.

Según Chertok289 las ventajas del llamado parto sin dolor radican desde el punto de vista obstétrico, en la disminución del tiempo del trabajo de parto, menor incidencia de complicaciones tanto con la madre como con el hijo y, menor cantidad de intervenciones quirúrgicas; desde el punto de vista psicológico, permite a la madre controlar el dolor sin la necesidad de anestesia general y disfrutar de la llegada de su hijo al mundo con todas las emociones que conlleva, participando activamente en el proceso, posibilitándole esto asimilar mejor la presencia real de su hijo y la angustia de separación inminente al parto, haciéndola más leve.

Maldonado290 comenta que debe tenerse presente que el parto sin dolor requiere una preparación previa en diferentes áreas que le posibiliten a la mujer manejar la situación de la manera más tranquila posible. De no estar preparada y encontrarse muy nerviosa, el parto puede hacerse muy doloroso debido a la tensión y afectar a la madre de la misma forma que lo hace la pérdida de conciencia durante el proceso, convirtiéndose en una experiencia traumática y afectando la relación materno-filial.

Algunos autores como Chetok291, y Deutsch292, consideran que a pesar de las utilidades y beneficios encontrados en los métodos de preparación para el parto sin dolor, su contribución en el ámbito psicoterapéutico es superficial, dado que el enfoque es más educativo y desconoce otras implicaciones de la personalidad e inconsciente de la mujer en el desarrollo de la gestación el parto y la relación materno–filial dentro del ámbito familiar y social. Aunque con el tiempo el estudio de los recursos para brindarle a la mujer preparación para el parto ha evolucionado y ahora se incluye información acerca de los cuidados que tanto la madre como el bebe requieren en el puerperio, no se motiva a las gestantes para que expresen sus temores, percepciones, vivencias e inquietudes respecto a la maternidad manteniendo la figura central del instructor, lo cual genera un clima más racional, estructurado y objetivo, que vivencial.

Según Maldonado293 a través de la influencia del psicoanálisis y el surgimiento de la teoría de la crisis se involucró el trabajo psicoterapéutico en la preparación de las mujeres tanto para la gestación como para el parto. El tratamiento psicoanalítico de gestantes ha posibilitado conocer los fenómenos que ocurren en la psique femenina a raíz de la gravidez y la posterior separación física con el bebé. El tratamiento psicoterapéutico en la gestación tiene además un gran valor preventivo, pues al permitir que la grávida resuelva sus conflictos se evita la exacerbación de estos y su incidencia en la relación de la madre con el hijo, impidiendo que se los transmita. Esto a su vez promueve el crecimiento personal de la madre, tanto emocional como psicológicamente.

La autora comenta que además del tratamiento individual también se han implementado diferentes tipos de técnicas grupales para la intervención en crisis durante la gravidez, cuyo objetivo principal es fortalecer los mecanismos adaptativos de la madre, la reducción de la ansiedad, y el manejo cognitivo de la situación, mediante la discusión grupal, la reflexión de sentimientos, el reaseguramiento y orientación anticipatorio, reduciendo al mínimo las interpretaciones profundas con el fin de que la mujer se centre en el presente y elabore la experiencia inmediata.

Autores como Soifer(1980); Maldonado(1986); Videla(1990); Videla y Grieco(1993), le otorgan un papel fundamental al trabajo interdisciplinario en la preparación psicoprofiláctica de la gestante, y recomiendan la continuación del apoyo tanto médico como psicológico durante el periodo puerperal.

En cuanto a la relación que se debe establecer con la paciente gestante y puérpera por parte del grupo interdisciplinario, Maldonado294 hace referencia a la concepción de persona humana elaborada por autores como Rogers(1961), Erikson(1959), y May (1953), como un ser visto de manera holística y su implicación en el encuentro terapeuta–cliente, enfatizando la importancia de ver al otro no como un caso clínico, sino como un ser humano total, teniendo en cuenta sus aspectos emocionales y las repercusiones de éstos en el propio terapeuta, para que no bloquee su sensibilidad, y su acercamiento al otro se haga impersonal y superficial. Cuando esto ocurre, se perturba la comunicación y el beneficio obtenido por el cliente, así como el crecimiento personal del terapeuta, con resultados poco satisfactorios, ya sea que la situación se presente en el ámbito médico o psicológico.

Otro aspecto importante a tener en cuenta en la relación terapéutica es el reconocimiento por parte del terapeuta de que no es un ser omnipotente y que el cliente es igual a él, configurando una relación de igualdad, respeto, e incitándolo a responsabilizarse de su bienestar, en vez de hacerlo sentir como un ser sumiso y dependiente.

La autora plantea que el trabajo psicoprofiláctico con la gestante debe tener esa visión, tanto por parte del psicólogo como del obstetra. Ambos deben ayudar a la mujer a llevar su gestación a término de manera satisfactoria. Ninguno puede tener el hijo por la mujer, pero el obstetra puede acompañarla y ayudarla a parir su hijo, y el psicólogo, puede colaborarle en su proceso de “renacimiento”.

La autora también comenta que el trabajo conjunto entre el psicólogo y el ginecobstetra posibilita tener una comprensión más holística de la situación de tener un hijo, otorgándoles una visión multifactorial donde se involucren no solo las variables inminentes a la madre misma y la gestación, sino también a la familia, el equipo asistencial, la institución y la sociedad, con el fin de constituir un modelo de trabajo completo, multidisciplinario, que considere las necesidades del contexto social en que se desempeñe.

En concordancia con lo anteriormente dicho, Videla, define la psicoprofilaxis obstétrica como “un conjunto de técnicas psicológicas que incluyen la toma de precauciones en forma anticipatorio, de todas las variables personales, familiares, profesionales, e institucionales, centradas alrededor del nacimiento humano”295.

La autora296, propone una psicoprofiláxis obstétrica interdisciplinaria, con un objetivo que va más allá de evitar el dolor del parto, pues “desde esta perspectiva el dolor es una manifestación de los sentimientos de la parturienta por la separación de su hijo, y por ello el método ya no se enfoca en éste297”. Lo cual conlleva al requerimiento de una metodología diferente donde como ya se ha mencionado se involucre todo el medio que circunda a la mujer gestante, parturienta, puérpera, y por supuesto, el bebe; cuya aplicación tenga en cuenta que la mujer es un ser bio–psico–social; y realizada a través de técnicas psicoanalíticas según la población en cuestión, entre las que la autora menciona, el esclarecimiento desmitificador, los grupos operativos, los grupos Balint, las técnicas psicodramáticas y el análisis situacional.

para que el trabajo sea realmente interdisciplinario todo el equipo de atención debe ser partícipe en la prevención, investigación y asistencia, basándose en fundamentos teóricos comunes referentes a la familia, la pareja, y la sexualidad, teniendo en cuenta cada una de las disciplinas que intervienen en el grupo, reuniéndose periódicamente para discutir las situaciones y casos que se les presentan y coordinar acciones y puntos de vista.

Con este fin la autora propone la realización de clases teóricas donde los diferentes miembros del grupo, expongan a los demás los fundamentos teóricos de su rol, y se trabaje alrededor de temas referentes a la tarea que todos realizan, lo cual posibilita la retroalimentación del equipo y una mejor comprensión de los diferentes puntos de vista que se tienen sobre algunos temas, llegando a acuerdos que favorezcan a las pacientes, al mismo tiempo que todos enriquecen su aprendizaje.

Con estos fines también considera que la realización de grupos Balint ó grupos de terapia de la tarea consistentes en la presentación y estudio de casos es apropiada, pues de este modo “el médico u otro profesional de la salud puede discriminar los aspectos personales de su historia enlazados a su tarea cotidiana, aliviando su quehacer así como también disminuyendo su grado de posibilidad de enfermar él mismo en el ejercicio de su rol”.298

La autora también comenta la importancia de que el grupo se reúna periódicamente para discutir los casos, lo cual propicia la integración de los miembros y aúna estrategias de intervención, evitando que se ejecuten acciones y se proporcione información ambivalente en la atención de las pacientes, lo cual puede ocasionar patología.

Además, comenta que el grupo interdisciplinario debe tener un espacio para elaborar sus propias ansiedades y conflictos relacionados con la labor que desempeñan, y recomienda el grupo operativo con este fin, tanto de manera conjunta como en grupos conformados según el rol a desempeñar. por ejemplo en el caso de las enfermeras se considera que esta técnica les permite esclarecer su rol profesional, y trabajar la importancia de su tarea y el impacto de ésta en las pacientes, al tiempo que emergen además de los temas planteados, otros subyacentes que afectan su adecuado desempeño, y pueden expresar y hacer catarsis de los conflictos que les genera su trabajo.

De ser posible también se recomienda la realización de un psicodiagnóstico del grupo de atención con el fin de conocer sus actitudes y relación respecto al embarazo y el parto. Esto puede aportar información de valor para conocer las necesidades e impases o conflictos del personal con su labor y así poder implementar estrategias que contribuyan a elaborarlos, mejorando la relación con las pacientes y su atención.

Desde esta perspectiva el rol del psicólogo no se supedita a los consultorios de psicología y a la realización de intervenciones en casos críticos. Una de las estrategias recomendadas por Videla para promover la integración de la labor del psicólogo en el centro de maternidad, es su participación como observador, tanto en las rondas realizadas por los médicos y enfermeras para revisar a las pacientes, como en las entrevistas médicas que tienen lugar en los consultorios. De esta forma puede tener un acercamiento más profundo a la situación de cada paciente; confrontar las indicaciones médicas que se hacen a las madres, y las concepciones que se tienen al respecto desde el punto de vista psicológico con la finalidad de integrar conocimientos, e implementar mejores estrategias de atención por parte de todo el equipo. Esto le permite al psicólogo contribuir a que el personal médico comprenda “ la necesidad de entender a la paciente como paciente y no como enferma, pero además y en primer lugar, como un ser humano que lleva en su útero a otro ser muy importante “. Además este acercamiento a la labor médica le permite detectar aquellas pacientes que requieren atención psicológica y convocarlas en general para los cursos psicoprofilácticos.

La atención de la pareja, según Videla299, debe comenzar desde los inicios del proceso de gestación mediante entrevistas encaminadas a detectar las necesidades de la misma a través de aspectos como su estructura vincular; sus deseos; los pactos inconscientes; los temores que presentan; el presente y pasado de la sexualidad tanto del hombre como de la mujer; las motivaciones para el embarazo y el hijo, y los mitos referentes a la gestación y el parto. Estas entrevistas deberán correlacionarse con los reportes médicos para realizar en conjunto el plan preventivo, determinando quienes requieren una atención individual y quienes podrán ser atendidos de manera grupal.

La autora propone que a partir del quinto mes de gestación comience el acompañamiento individual o grupal con las parejas, basado en una selección previa de los temas a trabajar durante cada sesión de aproximadamente cuarenta minutos, y recomienda su continuidad hasta que finalice el periodo puerperal. Estos encuentros se realizan de manera paralela a las charlas dictadas por el obstetra y/o las clases de ejercicios. Además, Videla propone que se lleven a cabo reuniones familiares donde participen los miembros de la familia más cercanos a la pareja; y que los temas relacionados con información biológica sean abordados por el obstetra.

Videla plantea los siguientes objetivos como fin de las sesiones:


Bajar el nivel de exigencia de los padres hacia su rol. Colaborar en una mayor confianza de sus propias posibilidades rompiendo con su dependencia infantil hacia el equipo médico como sustituto de los padres. Bajar el nivel de intensos sentimientos de culpa que “teorías tóxicas” psicológicas han generado en los padres, sobre todo con respecto a las normas de crianza y a la lactancia materna. Obrar con la desmitificación de la sexualidad y la maternidad. Colaborar en encontrar grupalmente caminos posibles de resolución de pequeños problemas durante la crianza del hijo. Estimular reforzando el diálogo con el obstetra y posteriormente el pediatra como organizadores de la asistencia. Desmitificación del parto y la lactancia, tratando de deslindar lo idealizado depositado en el equipo y lo real – posible de cada pareja.300


Soifer301 también recomienda el acompañamiento interdisciplinario de la mujer gestante, realizando un diagnóstico al comienzo de la gestación; pero a diferencia de Videla, propone que éste se realice mediante una o dos entrevistas grupales (con un número de quince a veinte personas), donde se indague y se promueva la participación y el diálogo de las gestantes respecto a temas relacionados con su sexualidad, el estado de preñez, el parto; la maternidad, su situación emocional actual; y las condiciones en que se presentó la gestación. Los datos obtenidos deben ser consignados teniendo en cuenta el grado de participación de cada mujer. La autora también propone la aplicación del test de proyección corpórea con el fin de complementar y verificar los datos anteriormente obtenidos.

Luego de obtener el diagnóstico se propone el esclarecimiento de las ansiedades de la gestante, el cual puede llevarse a cabo al finalizar las charlas realizadas por el obstetra, lo que posibilita la mejor asimilación del tema tratado en cada clase y la elaboración de las ansiedades concomitantes. Éste trabajo grupal no profundiza a niveles inconscientes, únicamente promueve la participación de todas las mujeres para esclarecer las ansiedades que emergen en los comentarios, enfocándose en la problemática preconsciente. La técnica grupal sugerida por la autora es el grupo operativo, permitiendo la espontaneidad en el surgimiento de los temas, y así mismo la elaboración de éstos por parte del grupo a través de la discusión.

Soifer también esta de acuerdo en que la mujer reciba durante su periodo puerperal el mismo acompañamiento por parte del grupo interdisciplinario, puesto que la interacción con el nuevo hijo requiere de un proceso adaptativo que ocasiona ansiedades, inseguridades e inquietudes; y recomienda la realización de los grupos operativos, los cuales la harán sentirse acompañada y apoyada en su experiencia al darse cuenta de que también otras mujeres la experimentan, al tiempo que esclarece sus temores y puede sentirse más tranquila. Es importante que el pediatra reciba la información obtenida durante las sesiones para que su intervención sea direccionada de acuerdo con las necesidades de las madres. El equipo de atención psicológica debe prestar atención a las gestantes y madres para detectar aquellos casos en que la mujer esté confundida, presente conflictos muy fuertes o la ansiedad se encuentre exacerbada, con el fin de brindarle atención individual.

En cuanto al rol del psicólogo durante el proceso del parto, Videla302 comenta que éste sirve de apoyo tanto para el equipo de atención como para la parturienta, realizando una labor psicohigiénica; acompañando a la mujer; explicándole las circunstancias que van transcurriendo en el proceso de parto, con el fin de esclarecer el temor a lo desconocido y disminuir la ansiedad. En aquellos casos donde la mujer pierde el control, presta poca colaboración y grita, manifestando un comportamiento regresivo, el psicólogo debe recordarle su tarea de madre y parturienta, explicarle su rol y la importancia de su colaboración, contrarrestando la confusión en que se encuentra con la vivencia real que le acontece.
6 CONCLUSIONES



las experiencias de la gestación y el parto están atravesadas y determinadas incluso desde antes de la gravidez por contenidos inconscientes relacionados con el desarrollo psicosexual de la mujer, el complejo edípico y fundamentalmente la relación con su propia madre y el tipo de identificación que pudo establecerse con ella. Cuando los conflictos infantiles en relación con la figura materna han sido muy potentes, el temor al castigo es tan fuerte que los mecanismos psicosomáticos ni siquiera permiten el logro de la fecundación. El hecho de que la gestación tenga lugar, no indica que el anhelo consciente de ser madre le haya permitido a la mujer ganar la batalla, puesto que estas fantasías inconscientes continúan presentes. El síntoma sirve como defensa ante los peligros que acechan a la mujer si logra ser madre, ya sea evitando que este deseo se concrete o expiando la culpa a través del malestar y el dolor.

Para la mujer es fundamental el hecho de tener un parto normal y dar a luz un niño hijo sano, pues éste es la prueba de que no fue castigada por haber sido tirana con su madre durante la infancia. El niño representa el estado de sus contenidos internos, es la prueba de que no ha sido dañada por dentro y puede gestar algo bueno, la hace sentir perdonada, o por el contrario es el resultado de su castigo. Si la mujer consigue tener una gestación libre de trastornos y llevarla a feliz término, y se le posibilita elaborar sus inquietudes y angustias, se abre la puerta para que aquellos conflictos y fantasías infantiles latentes dejen de acechar en la penumbra y puedan resolverse.

Debido a la existencia de los conflictos inconscientes se hace insuficiente explicarle a la gestante los avatares de la gravidez, el parto y el periodo puerperal, para que afronte la experiencia del embarazo tranquila y de manera sana; y se evidencia la necesidad de ayudarle a resolverlos con el fin de que éstos no desencadenen patologías y la gestación pueda ser una experiencia positiva y constructiva. Además debe tenerse presente que al quedar sin resolver, este tipo de conflictos permanecen de manera latente y continúan perturbando la salud de la persona, emergiendo en cada una de las etapas de su desarrollo.

Aunque los procesos de gestación y parto impliquen cambios en el organismo de la grávida, los síntomas no pueden determinarse como consecuencia de éstos, dado que no todas las gestantes y parturientas los presentan, y cuando se manifiestan no lo hacen de igual manera en cada una de ellas. Los síntomas se relacionan con la expresión de conflictos infantiles inconscientes que son movilizados a raíz de la gestación, y también pueden expresar otros conflictos conscientes relacionados con las circunstancias en que la mujer se encuentra al
quedar embarazada. Ambas clases de conflictos convierten la gestación y el parto para la mujer en experiencias angustiosas que se manifiestan de manera
psicosomática afectando tanto su salud física como su equilibrio mental, y empeorando la situación. Con esto no quiere decirse que exista un embarazo exento de angustia, es natural que ante una experiencia que siempre es novedosa, genera expectativa, y conlleva cambios, la persona se sienta ansiosa. De hecho la ausencia total de síntomas no indica la ausencia de conflictos y por el contrario puede evidenciar una negación de éstos. Pero cuanto más positivo sea el significado de la gestación para la mujer, menor será la alteración de sus procesos psíquicos y físicos fuera de lo que normalmente se ven alterados por la gravidez, y durante el parto.

La vivencia que cada mujer tiene de la gravidez y el parto esta determinada por la interacción de múltiples factores que al correlacionarse la configuran. La gestación desencadena un proceso de transformación donde tanto la grávida como el medio que la rodea deberán comenzar a adaptarse pues el desarrollo y futura llegada del nuevo ser rompen con el equilibrio que había. El proceso adaptativo conlleva ansiedad, la cual acompañará a la mujer incluso después de que el parto tenga lugar, y será experimentada en mayor o menor grado, de acuerdo, como ya se había dicho, con la interacción de diferentes factores intrínsecos, que hacen parte de las condiciones físicas y psíquicas de la grávida; y extrínsecos o provenientes de la interacción de la mujer con el entorno.

La ansiedad experimentada por la mujer durante la gestación es una vivencia personal que se presenta según las circunstancias de cada grávida, teniendo matices diferentes de una mujer a otra. Sin embargo, algunos momentos específicos del embarazo tienden a desencadenar unos índices de ansiedad mayores, pero a pesar de éstos, la mujer no tiene necesariamente que experimentar situaciones tan angustiosas que como salida la lleven a utilizar mecanismos de defensa riesgosos y negativos para su salud y el desarrollo de la gestación. Es bien sabido que estos mecanismos se llevan a cabo de manera inconsciente, porque son el recurso para darle forma y nombrar aquello que la embarazada no comprende y no sabe como expresar, pero si se le posibilita el espacio para nombrar lo innombrable elaborando sus ansiedades, producto tanto de contenidos inconscientes, como de su situación personal, la mujer podrá experimentar una gestación más sana tanto desde el aspecto físico como psicológico.

Pese a que todo el proceso de parto esta cargado de emociones, expectativas y ansiedad, en algunos momentos específicos la mujer puede sentirse más angustiada y tornar la situación más vulnerable de complicarse, requiriendo un mayor apoyo y comprensión de quienes la rodean, para lograr un buen manejo. El hecho de poder controlar la situación durante el parto incrementa la seguridad de la parturienta en sí misma y en sus colaboradores, tranquilizándola por ser capaz de dar a luz a su hijo y protegerlo de un nacimiento traumático. En el caso contrario la situación será cada vez más sentida como un acontecimiento implacable y atemorizante ante el cual nada pude hacerse, y se truncará el curso normal del proceso.

Si bien la vivencia de tener un hijo es multifactorial, puede decirse que los conflictos referentes a la maternidad son transmitidos culturalmente de generación en generación. Es precisamente la consigna bíblica, “parirás a tus hijos con dolor”, una de las creencias difundidas por la cultura que más impacto y relevancia tiene en el temor a los dolores del parto, y que además contribuye a que éste realmente sea una experiencia dolorosa y siga concibiéndose como tal. Además del dolor, también se habla acerca de síntomas del embarazo, vómitos, diarrea, aumento excesivo de peso, antojos, constipación, entre otros, como si fueran inminentes a la gravidez, aún cuando no se presentan de igual manera en todas las mujeres, e incluso hay culturas donde son totalmente desconocidos en la gestación. Los conflictos y trastornos relacionados con el proceso gestacional son adquiridos por la mujer principalmente a través de la identificación con otras figuras femeninas, especialmente su propia madre o quien ocupe el lugar de ésta. Mediante esa identificación son adquiridas por una parte las creencias culturales que hacen referencia lo sexual y al hecho de ser mujer, y por otra las nociones personales de quien sirve como referente, conformándose una cadena de transmisión generacional de ideas al respecto que repercuten en la forma como la persona va a vivenciar su sexualidad. Lastimosamente no todo lo asimilado de las generaciones anteriores es positivo y repercute de manera negativa en la experiencia de la persona ocasionando patologías. En materia de salud el único camino para cambiar el curso de los hechos es la prevención, la cual debe comenzar desde la gravidez de la madre y la infancia de la hija, con el fin de modificar los contenidos de la información que se transmite. Para que la gestación y el embarazo puedan ser experiencias que posibiliten el desarrollo de la personalidad de la mujer, y le permitan prepararse para ejercer plenamente su maternidad estableciendo un vínculo positivo con su hijo, y siendo capaz de propiciar en él un desarrollo físico y mental adecuado.

Al comienzo de la gestación la mujer percibe el feto como una parte de sí misma, ella simplemente sabe que es algo que existe y esta incidiendo en su organismo y su vida, pero aún no posee características que lo diferencien de su propio ser. La madre debe entonces comenzar a asimilar que aquello que se gesta en su interior es un ser independiente de sí misma, que a pesar de necesitarla posee vida propia, y en un momento dado podrá desempeñarse por sus medios y adquirirá independencia. Es fundamental que la madre logre concebir a su hijo ya no como parte de sí misma, sino como un objeto exterior, para que pueda lograr establecer la relación con él, y comprender que es un ser con necesidades propias, de no ser así la comunicación se verá bloqueada puesto que verterá sobre él sus ideales y no le permitirá desarrollarse como persona, convirtiéndolo en una proyección ó prolongación de sí misma. Para que la madre pueda objetivar al hijo y concebirlo como otro ser, es necesario que durante el embarazo pueda establecer con él un vínculo positivo, aceptando su nuevo rol de madre, y todo lo que el hijo conlleva para su vida. Si los niveles de ansiedad son muy elevados y la mujer no posee los recursos suficientes para tolerarlos y elaborar sus conflictos, no podrá llevar a cabo este proceso, lo cual repercutirá de manera negativa en la gestación, el parto y el desarrollo posterior de la criatura.

La ansiedad es un elemento que se encuentra presente durante toda nuestra vida, y que no necesariamente tiene que ser negativa, de hecho está a favor de la supervivencia y puede movilizar y motivar a la persona para implementar acciones en pro de su progreso y bienestar. Pero cuando la ansiedad esta cargada de contenidos inconscientes reprimidos que generan conflicto, cuando es excesiva, y cuando no se cuenta con los recursos necesarios para afrontarla y resolver de manera positiva la situación que involucra esta emoción, la ansiedad puede ser letal. Es por esto fundamental que se reconozca la ansiedad experimentada por la mujer grávida a través de toda la gestación, y los factores que la desencadenan, teniendo en cuenta tanto los que son de origen inconsciente como aquellos que se relacionan con las condiciones de vida en que se encuentra la embarazada, para poder establecer acciones preventivas, posibilitándole a la madre elaborar sus conflictos y adquirir recursos de afrontamiento constructivos. De esta manera no solo se estará velando por el bienestar de la madre sino también de las futuras generaciones, al evitar que los conflictos maternos repercutan en su vida. El desarrollo del ser humano comienza desde el momento en que se gesta dentro de su madre, y aunque la manera como éste se estructure involucra un gran abanico de factores que se presentan a través de la vida, porque nos encontramos en permanente cambio, las primeras experiencias vitales definen en gran parte el tejido que cada quien construye posteriormente con los elementos que se le presentan para configurar lo que es como persona.
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